Trouble in Paradise Trouble in Paradise

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La Roux La RouxTrouble in Paradise

6.3 / 10

Desaparecer del mapa durante cinco años, justo después de dar la campanada, no parece la mejor estrategia posible si de lo que se trata es de consolidar una carrera en el pop contemporáneo. Durante ese tiempo, Elly Jackson ha mandado a la mierda al que fuera su escudero musical en su debut, Ben Langmaid (aquí sólo figura como letrista de seis de los nueve nuevos temas), y se ha mantenido alejada de los escenarios alegando que le entraban ataques de ansiedad siempre que tenía que enfrentarse al directo. Pero también hay que tener en cuenta que el contexto musical de ahora difiere mucho del que la pelirrojiza con cara de poco amigos se encontró en 2009.

Por aquel entonces los medios -sobre todo los británicos, con el NME a la cabeza- no dejaban de hablar sobre las nuevas princesas del synthpop, con Little Boots o ella misma a la cabeza. Fue una gran época fructífera en hombreras y sintetizadores coloristas por doquier, por supuesto. No obstante, con el tiempo, y a excepción de Florence Welch (a la que se quiso meter en el mismo saco sin ser ella nada de eso), tod@s han ido cayendo en un olvido progresivo lastrados por unos segundos trabajos que, ni por asomo, se han acercado al éxito de sus respectivas puestas de largo. Ahí están otros ejemplos de “fracaso estrepitoso” como Empire Of The Sun, Hurts o Frankmusik, por citar sólo algunos: propuestas que un lustro atrás prometían y que han acabado siendo repudiadas por crítica y público al no cumplir las expectativas.

La Roux tiene todas las papeletas de aumentar esta lista de cadáveres mediáticos. En ningún momento quiero decir que Trouble In Paradise sólo sirva de posavasos porque estaría faltando a la verdad, pero escuchándolo de cabo a rabo se echa muchísimo de menos la frescura y las canciones memorables de aquel homónimo debut que contenía demasiados hits por minuto, canciones tan pegajosas y disfrutables como Bulletproof, In For The Kill, I’m Not Your Toy o Quiksand.

Para empezar, Jackson extirpa en este segundo trabajo una de sus señas de identidad: aquella chirriante voz en falsete que te hacía identificarla fácilmente, distinguirla de entre la competencia. Y por si fuera poco, en buena parte de los temas se deja de lado la instrumentación sintética de sus inicios en favor de un halo más orgánico y funk que le resta personalidad al resultado final. La muy Duran Duran Uptight Downtown, Cruel Sexuality o Tropical Chancer (ese bajo recuerda muy descaradamente a un Get Lucky al ralentí) son las únicas con algo de sustancia, porque el resto del material se mueve en tierra de nadie: Sexotheque, Silent Partner, The Feeling o esa Paradise Is You donde se las da de profunda cuando sólo genera bostezos, bien podrían ser caras B de su primer disco.

Bueno, hay una excepción: la maravillosa Let Me Down Gently. No sólo lo mejor del lote, sino probablemente la mejor canción que jamás ha firmado nuestra protagonista. Sin duda, esos son los minutos más notables de un álbum que hemos esperado en vano y que ni de lejos tendrá la mitad del recorrido de su antecesor. Correcto, y ya.

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