Trophies Trophies

Álbumes

Apollo Brown & O.C. Apollo Brown & O.C.Trophies

7.7 / 10

Muchas veces se hace difícil entender según qué decisiones de algunos rappers. “Trophies”, primera colaboración íntegra entre el MC neoyorquino O.C. –miembro de D.I.T.C., artífice de “Word… Life”, uno de los mejores discos de los 90s, y garganta privilegiada– y el productor de Detroit Apollo Brown, siempre bien situado en la terna de herederos de J Dilla en el Olimpo de beatmakers de la ciudad del motor, es un buen ejemplo para ilustrar esta contrariedad. ¿Cómo es posible que O.C. haya perdido once años de carrera, los que van desde la publicación de “Bon Appetit” hasta hoy, escogiendo con tan poco criterio los beats de los tres álbumes que ha editado en este intervalo? ¿Cómo es posible que uno de los flows más limpios y estéticamente perfectos del género se haya dejado asesorar tan mal a lo largo de todos estos años?

O.C. pertenece a una estirpe de MCs superdotados –junto a Canibus, Ras Kass, Chino XL y R.A. The Rugged Man integra mi top 5 de rappers infravalorados o maltratados por la suerte o los libros de historia–, que parecen empeñados en desaprovechar su talento de manera sistemática y persistente. Y es por todo ello que “Trophies” genera tanta excitación y alegría: por fin O.C. ha conseguido un acompañamiento sonoro acorde a su pasado y a sus habilidades con el boli y el micro, por fin rimas y beats forman un equipo competente, por fin hay argumentos para que el de Brooklyn pueda lucirse e imponer sus argumentos. Esto se nota, además, en la dinámica del artista, al que escuchamos y sentimos extramotivado, muy consciente de que ahora sí, de una vez por todas, ha conseguido hilvanar un álbum fiable y sólido.

“Trophies” es un martillo pilón que se devora de inicio a fin: Brown pone los beats soulful y la esencia boom bap, sonido 90s sin retranca, duro y a la encía, sí, pero también lúcido en la búsqueda de una deriva melódica que transmite melancolía de calle. Y O.C. dispara su arsenal de ideas y juegos vocales, que se mantiene impermeable al paso de los años, que conserva los tics y los recursos de la vieja escuela, concentración oportuna de reflexiones urbanas, religiosas y sociales, lírica de batalla, disses sutiles y endogamia hip hop. No hay revolución ni terapia de choque, pero sí revalorización de un discurso que andaba en horas bajas y que ha decidido reivindicarse como es menester: ni una sola colaboración vocal, a la vieja usanza. Tan solo una queja: que Apollo Brown haya reutilizado unos cuantos beats que ya formaban parte de “Clouds”, su último disco instrumental, mal menor que apenas incide en el resultado final del proyecto pero que le resta impacto.

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