Tronic Tronic

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Black Milk Black MilkTronic

8 / 10

Black Milk Tronic FAT BEATS

A lo que más vas a recordar el tercer disco del productor y MC de Detroit Black Milk no es al despliegue tecnológico al que hace referencia un título como "Tronic". Es precisamente su justa mezcla entre los circuitos y microchips y los sonidos físicos, entre producción y voces, lo que le ha llevado a ser uno de los discos más jaleados del año pasado, convirtiendo la promesa en un realidad confirmada.

Claro que la promesa de Curtis Cross era de las seguras. No sólo por dos álbumes destacables, sino también por unas cuantas mixtapes que causaron el mismo barullo –la última, “Elec”, fue el aperitivo de este álbum- y una lista de colaboraciones que empiezan por J Dilla –se habla de Black Milk como de su heredero natural- y siguen con su antigua formación, Slum Village, Frank-N-Dank, Lloyd Banks, Canibus o Bishop Lamont, además de los invitados con los que cuenta en esta grabación.

El disco, no vamos a enredarnos, es hip hop del duro. No hay retro ochentismo ni blips de videojuego. Prima lo sombrío, con un trabajo muy destacable a la hora de construir beats aparentemente sencillos y arrancar melodías de ellos -“Reppin for You” sería un buen resumen de esas cualidades-. El dramatismo añadido por sintetizadores saturados en “Short Long Store”, “Bounce” o “The Matrix” –con Pharoahe Monch, Premier y Sean Kelly de invitados- y una base tan kraftweriana como la de “Hold It Down” justifican de sobra la presencia de tantos teclados en la portada y desvelan como grandes aciertos que conectan de alguna manera con el post-futurismo de Mike Ladd. Hay otras tres piezas que merece la pena destacar. Por un lado “Losin’ Out” –con Royce da 5'9- que nos daría una versión underground del Kanye West de los primeros discos, con sample de Alans Parsons Project incluido. Luego los brutales aromas soul del single “Give the Drummer Sum” que contrastarían con la delicadeza del instrumental “Tronic Summer”, quizás lo más cercano al legado de Jay Dee que encontrarás en la grabación.

El resultado es un álbum que puede presumir de un sonido distintivo y de ser capaz de redefinirse corte a corte, sabiendo combinar los momentos rudos con los imaginativos. Va ganándose escucha a escucha al oyente, que por muy exigente que sea, va a acabar rendido ante estos cincuenta y seis minutos de música.

Alberto Rahim

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