Triangulation Triangulation

Álbumes

Scuba ScubaTriangulation

8.6 / 10

Scuba  Triangulation HOTFLUSH

Catalejo hundido en la cavidad ocular, pierna flexionada sobre la madera de proa, melena decolorada por la sal, Paul Rose fue uno de los pioneros que pisaron por primera vez el Nuevo Mundo del dubstep; uno de los aventureros que no tuvieron miedo a bañarse con las descargas ultravioletas y los nuevos gérmenes de aquel paraíso virgen. En otras palabras, el tipo ha sido, desde principios de siglo, uno de los principales impulsores (y Frankensteins) de la escena. Montado en el bajel imperial de Hotflush Recordings –sello referencial en la eclosión y expansión del dubstep, fundado por él mismo en 2003–, este Magallanes británico ha ido explorando los mares del bass y los archipiélagos de la fumada buscando siempre nuevos horizontes en los que hincar la bandera con los colores del dubstep y evangelizar a todo quisque con sus mutaciones sonoras. Queden el sensacional álbum “A Mutual Antipathy”, el no menos cojonudo “Aesaunic EP” y la dubtechstepiana sesión “Sub:Stance” como ejemplos. Y el amigo no sólo se conforma con ir de descubridor de nuevos pagos musicales, también se las gasta de descubridor de nuevos talentos. Viendo en su agenda de protegidos nombres como Joy Orbison o Mount Kimbie, lo único que nos quedaría por hacer a nosotros, humildes cretinos sin o(ri)ficio ni beneficio, es sacar unas mullidas rodilleras, bajarle la cremallera al colega y regalarle una concienzuda felación.

Sólo nos faltaba este aparatoso, extraño y futurista mamotreto electrónico; este ondulante “Triangulation”; discazo de pechuga experimental para paladares arriesgados; obra cetácea donde las haya; tratado antológico sobre la conexión imposible entre dub y techno… Es ésta una materia alquímica que, en los últimos años, ha obsesionado a Rose: cómo reblandecer los extremos del dubstep virginal y convertir el género en una argamasa adaptable a dentaduras techno, house o minimal. El tema es arrancarle el espinazo al dubstep, utilizando el kung-fu milenario de los ultragraves y maltratar sus restos en una cámara de descompresión berlinesa. Decía Scuba en la revista Fact que hacer el petate e instalarse en la capital deutsch ha sido uno de los detonantes de su chapuzón nudista en aguas technoides. De hecho, hasta admitía que, si se hubiera quedado en Londres, posiblemente su rescate del chunda-chunda europeo no habría sido tan apasionado y febril. Ya se sabe, el club Panoramabar y sus horarios ketamineros dejan más huella que Bigfoot en un pasto nevado.

Y llegamos al meollo musical. “Triangulation”, evidentemente, no se queda en una simple mezcla de ritmos bailables con acento germano y dusbtep con acné de Croydon. Vamos, eso lo hace hasta Manuel Torreiglesias. Scuba sabe combinar los elementos en un frappé de influencias muy selecto y llevar el mejunje a una nueva dimensión. Sí, claro, el poso es dubstep + techno, pero el sonido se define a sí mismo también por las descargas de house inflado, los tembleques garage, la actitud drum’n’bass y las melancolía artificial de la IDM. Mucha importancia tienen en este triunfo las serpentinas rítmicas que Rose se saca a pedos de su chistera digital: ritmos nerviosos, cubistas, ora 4x4, ora polirrítmicos. Los sonidos de percusión parecen pulidos hasta la saciedad –golpeos metálicos, contundentes y muy bien perfilados–, supuran pista de baile (sin prisa, pero sin pausa), se apoyan en una lluvia de graves no apta para clítoris sensibles y están en permanente contraposición con las atmósferas neblinosas e inquietantes que pueblan el grueso del viaje. En “Heavy Machinery” lo da todo, conjugando latidos house, sintetizadores à la Polygon Window y melodías traviesas de minimal chotuno.

En “Tracers” lleva a las últimas consecuencias su pasión por los bpms cambiantes: media canción es puro ambient warpiano de los 90 (beats lejanos, sintes rollo Planeta Imaginario a tutiplén y en este plan) y la otra media se convierte en una especie de house burbujeante con epilepsias percusivas muy alimenticias. Y vuelve a remodelar el house en “On Deck”, aunque esta vez se decanta por un filo micro y muy tontorrón que termina explotando en un revientapistas de tomo y Luomo. “You Got Me” le reconcilia claramente con la hermandad negra del gueto londinense –huele a 2-step y grime que apesta–, pero lo mejor es que rebaña el bizcocho en un tazón de sintes emo y melodías IDMescas que te ponen la cresta p’arriba. Me encanta el techno llorón de “Glance” –musicón para noches de hundimiento– y, sobre todo, los 9 minutos de beats parcheados y atmósferas Scorn style de “Lights Out”: una progresión memorable. Pero también brilla en las viñetas más sosegada, aportando un “Before” que habré escuchado ya unas diez veces sin aburrirme; como si Spectre, Hudson Mohawke y DJ Shadow hubieran decidido hacer un tema juntos, darse por culo por turnos y suicidarse luego al unísono con las mismas Nikes puestas. Creo que me he enamorado de este disco.

Óscar Broc

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