Treny Treny

Álbumes

Jacaszek JacaszekTreny

8.1 / 10

Jacaszek Treny

MIASMAH / GUSTTAFF

Tarde (esta página aún no existía cuando el disco veía la luz de manera callada a mediados de la primavera pasada) llegamos a hacernos eco de un álbum lujoso en méritos que no debería haberle pasado desapercibido a nadie que tenga en Ryan Teague, Deaf Center, Collen, Max Richter, Akira Rabelais o Elegi a santos de su devoción. Vayan sumando el nombre a su lista si es que no figura ya entre sus primeros puestos.

¿Ingredientes de la fórmula? Más o menos los de siempre: pulsos discontinuos que parecen las respiraciones quejumbrosas de un laptop enfermo (el comienzo de “Rytm to Niesmiertelnosc”, abriendo el disco en terrenos cercanos a algunos capítulos de la saga “The Disintegration Loops” de William Basinski), rítmicas subterráneas casi imperceptibles (el sutil tejido clickeante que decora el fondo de esa alucinación vaporosa que es “Lament”, o esas chispas constantes que avivan el vaivén pendular de “Powoli”), pellizcos de harpas seráficas y atmósferas resonantes ( “Tren IV”), pianos que repican al contacto con gotas de lluvia ( “Zal”), lágrimones electrónicos ( “Walc”) o soplos de ruido blanco filtrándose entre los planos de realidad de unas canciones que parecen surgir de ninguna parte.

Donde otros habrían tirado de sampler y librería de muestras, el productor polaco MichaÅ‚a Jacaszka suma esfuerzos con el violinista Stefan Wesolowski y la chelista Ania Smiszek-Wesolowska para difuminar las costuras entre composición neoclásica y manipulación electrónica a lo largo de once evocaciones silentes, ingrávidas pero cálidas, de una belleza melódica sutil y delicada que contrasta con ese aire a lamento espectral o ensoñación romántica que emana de la voz hechizada de la soprano Maja Sieminska, siempre envuelta en velos de lejanía, situada en planos temporales distantes, punteando el silencio de forma decisiva sin necesidad de recurrir a las palabras.

Hagan la prueba. Viajen con “Treny” en soledad, lejos del ruido, a algún rincón apartado en el que la naturaleza adquiera una presencia especial; coloquense unos grandes auriculares y denle al play entre respiraciones hondas. Sentirán que algunas de estas canciones llevan décadas flotando en el aire, viviendo en ese mismo lugar, y no necesitarán buscarle explicación racional a nada hasta varios minutos después de que la música pare.

Dice Jacaszek sin asomo de rubor que su ambición es crear un lenguaje musical propio, personal y reconocible cuya objeto último sería el descubrir y hacer aflorar la belleza universal que habita escondida entre los pliegues de este mundo distópico. Largo recorrido el que aún tiene por delante, aunque sin duda está en el buen camino.

Luis M. Rguez

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