Transit Transit Transit Transit

Álbumes

Autolux AutoluxTransit Transit

7.8 / 10

Autolux  Transit Transit

ATP Como muchos otros grupos este año, aunque ni de lejos tan consagrados como quisieran, Autolux celebran este 2010 su primera década de existencia. Los años les sientan bien: siguen ganando enteros con pies de plomo y buena letra. Con este su segundo largo de estudio, el trío de Los Ángeles viene a confirmar todo lo bueno que nos hizo intuir en “Future Perfect” (2004) a una banda de poderoso latigazo y sólido andamiaje rock. Seis años han pasado desde entonces. Seis años difíciles en los que se han sentido desarraigados y solos. Una vez echado el cerrojo de su anterior sello DMZ (propiedad de su padrino T Bone Burnett y de los hermanos Coen), se vieron enfrentados a una Sony a la que estaban atados irremediablemente y que les obligaba a grabar como fuera algo más fácil de despachar que su primer trabajo. Ellos no son de esas bandas que se venden al mejor postor, así que, indignados e incomprendidos, decidieron enviar a la multi, como botón de muestra de su nuevo disco, unas jams extraterrestres y bizarras que no había por donde agarrar. Así consiguieron que la discográfica se librara de ellos y ellos librarse de la discográfica. Desde entonces se lanzaron a buscar nuevo cobijo para un trabajo que llevaban macerando durante meses y que, dicen, les ha abierto muchas posibilidades sónicas de cara al futuro sin perder el aliento de sus inicios. ¿Disco de transición, pues? Su mera escucha no lo diría tan meridianamente, pero ateniéndonos a dichas declaraciones y al título del álbum, la cosa está bastante clara.

En el sonido, el tránsito, como decimos, no queda del todo claro. Pero en lo referente a lo (in)cómodo que se siente el grupo dentro de la piel de sus nuevas canciones, sí se advierten aquí un afán y una audacia diferentes, más diáfanos en su enfoque del campo de batalla. Los genes heredados de Can y Jimi Hendrix espoleados en el EP “Demonstration” quedan hoy muy lejos. Los siguen llevando en la sangre, pero “Transit Transit” instaura un ligero retoque de estilo que, aunque enlazado directamente con reconocibles emblemas noventas, apabulla por su peso y concreción. La huella marcada más a fuego es la de Sonic Youth, impresa en negrita en temas como “Census” y “Supertoys”, canciones escritas mil y una veces por la banda neoyorquina pero a su vez fabulosamente válidas y correosas. Son temas que nos hacen creer que estamos antes los pupilos más aplicados de la banda neoyorquina (al menos en clara competencia con Blonde Redhead, trío al que se parecen hasta en el aura lujuriosa de las fotos de promo). Otro anclaje evidente podría ser el de Radiohead: al grupo de Thom Yorke, además de esquirlas aisladas como las bases de “Highchair” o el piano de “Spots”, se asemejan en el marcado contraste que imprimen a todo el trazo del álbum, alternando continuamente preciosismo y violencia. Tampoco resulta descabellado mentar la influencia de un disco –el mejor de 2008– que se nota que han estudiado a conciencia y que ya era hora de que empezara a reflejarse en algún grupo. Hablamos de “Third” ( Portishead), del cual puede seguirse la pista en la tela metálica tras la que se esconde “The Bouncing Wall” o en las revoluciones a las que gira el aspa de “Transit Transit”, el tema.

Pero aunque nada puede resultar más grosero que emular a tus propios cómplices, Autolux se aferran a sus influencias con un tacto exquisito, con una sinceridad que hace imposible volverles la cara. En su música, las influencias no se disfrazan ni disimulan. Al contrario, se alardea de ellas. El disco gira alrededor de esa melée de recuerdos (a las que añadir los característicos ardores post-punk y shoegaze, y alguna legaña post-hardcore), pero a lo largo de su segunda mitad –el single “Audience nº 2”, “Kissproof” y “Headless Sky”–, los temas se ufanan en buscar un verdadero “sonido Autolux”, un sonido que acaba presentado algo más pulcro e higiénico que el de “Future Perfect”.

En general, todas las canciones han sido perfeccionadas al máximo, testadas una y otra vez en los conciertos que han venido ofreciendo estos años. Se presentan sobrias y serias, salpicadas de detalles que sólo pueden embellecerlas, bañadas en colores como el añil o el violeta. Así se da forma a un disco de rock pesado y pensado en el que prima más la calidad que la cantidad. Un disco peligroso y punzante como un picahielos que ayuda a que los angelinos cimenten ese talante de banda irrompible que persiguen. Ellos afirman que “ las bandas de indie rock no nos interesan para nada” y no sorprende: Autolux simbolizan de forma clara el paradigma de grupo indie rock que precisamente por ello se vuelve misterioso, como si escondiera la solución a un enigma siempre por descubrir. El caso es que ya es hora de que deje de relegarse a Autolux a teloneros de estrellones indies y de que alguien los traiga de gira en condiciones de una maldita vez. Para algunos, verles en directo diseccionar sus magníficas canciones sería como entrar en un quirófano o en la cabina del piloto del avión: todo un lujo bañado en sudores fríos. Cristian Rodríguez

Autolux - Census

Autolux - Supertoys [aka. Let it be Broken] (From the Basement)

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