Transistor Rhythm Transistor Rhythm

Álbumes

Addison Groove Addison GrooveTransistor Rhythm

7.6 / 10

A finales de 2011, justo en diciembre, Antony Williams firmó un 12” con el alias que le había abierto las puertas a la aristocracia bass, Headhunter, un referente básico del dubstep –sección Tempa– de diseño textural más cuidado. La aparición de ese “Clone / Projector” puede entenderse como el último coletazo de un proyecto que llevaba un año detenido, casi moribundo –y cuyo primer y único álbum, “Nomad”, se remonta a 2008–, o quizá como un aviso de que está entre sus planes retomarlo y reactivarlo con un buen masaje cardiaco. Pero quizá esa circunstancia nos tenga que traer sin cuidado, porque desde que apareció en 2010 el 12” “Footcrab / Dumbsh*t” en Swamp 81, parecía claro que Headhunter estaba condenado a convertirse en el alias secundario de Williams y el nuevo, Addison Groove, en la piedra angular o viga maestra de su discurso renacido. Addison Groove era, ciertamente, el futuro: impulsado por el uso y abuso de la caja de ritmos TB-808 de Roland, ésta era la manera que tenía nuestro hombre de hacer suyos los lenguajes del footwork y el electro, dos ritmos –apuntalados por un beat fracturado y frenético– que desde entonces se han convertido en el gen fundacional de un nuevo ADN para la música de club underground y que a cada día que pasa –de Boddika a The Host– está más extendido.

Desde la salida de “Footcrab / Dumbsh*t”, Addison Groove es un alias que ha ido madurando, creciendo, que ha dado pie a vinilos cruciales –su segundo asalto en Swamp 81, “Work It / Sexual”, fue uno de los maxis destacados de 2011– y que tenía que culminar, tarde o temprano, en un álbum completo, que es lo que finalmente nos trae “Transistor Rhythm”, fabricado y financiado por el sello filial de Modeselektor. Quizá un LP no sería lo más apropiado para Addison Groove, cuya identidad está en el nervio, la imprecisión bruta y el impacto rítmico inmediato, todo ello difícil de mantener durante mucho tiempo –ya nos hemos dado cuenta, llegados a este punto, de que los LPs de footwork que nos llegan desde Chicago son bombásticos tema a tema, pero exigentes y complicados de seguir si se escuchan del tirón–, y sin embargo hay que reconocer que Williams sabe manejar la situación y consigue que “Transistor Rhythm”, aunque no sea ni un viaje ni un poema, tenga suficiente substancia y variedad como para no acabar sonando cargante.

Los recursos que Addison Groove pone en juego aquí son los esperados: síncopas por todas partes –del UK Funky machacón de “Night To Remember” al genoma footwork que se extiende a lo largo de los 13 cortes–, virtuosismo en el uso de la 808 y momentos fronterizos con el electro que ayudan a extender una ligera cortina de old school que le sienta muy bien al disco. Lógicamente, no es un electro robótico a la manera de los 80s, sino un electro vicioso y tribal como el que se popularizó vía Brasil hace años –ahí tenemos baile funk de nuevo cuño en “Sooperlooper”–, o un electro ravero adornado con efectos, stabs y pulsaciones violentas como las del antiguo bleep de Sheffield (no se puede ser más old school que en “Skylight”). Ese mismo concepto de electro cargado con energía sexual positiva es el que se transmuta, como un dios griego intentando hacer guarrerías con una náyade, en las dos colaboraciones de Spank Rock, “Beeps” y “Bad Things”, momentos de booty-house perfectos que las hoes muevan el flan de grasa del culo en los clubs: en definitiva, “Transistor Rhythm” –salvando el minuto ambiental de “Energy Flash Back”, que es un breve momento de respiro en medio de este frenesí sexual o clase de aeróbic en un gimnasio sin fregar– es generoso en taquicardias y teleles.

El final del recorrido, “Entropy”, con su cordillera de agudos y voces pitcheadas como en una producción de DJ Rashad, es la que acaba iluminando un camino que, hasta ese momento, ha sido pedregoso y difícil, como una carrera de fondo campo a través. Este es un caso análogo: para atreverse con discos así hay que llevar un entrenamiento previo y estar preparado para asimilar rupturas de ritmo continuadas, la entrada de bajos capaces de agujerearte el cráneo y muestras vocales con la agudeza del filo de un navaja. Hay instantes technoides –como la muy drexciyana “Incredibly Exhausted Bunny Ears”–, pero no son suficiente descarga para aligerar una pieza compleja, mutante y poliédrica que podríamos definir como post-footwork, la deformación con saña y técnica depurada de las músicas que nos han llegado en los últimos años de los guetos norteamericanos. En cierta manera, Addison Groove ha hecho con el footwork lo que Boxcutter con el dubstep hace años: llevarlo a territorio experimental, con fundamento IDM en la producción– y dejarlo preparado para disfrute de especialistas pero, sobre todo, de post-adolescentes con ganas de hacer el cerdo. Oink.

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