Transference Transference

Álbumes

Spoon SpoonTransference

8.3 / 10

Spoon Transference MERGE / PIAS SPAIN

Spoon es el típico grupo que puede pasarse por alto fácilmente. En Estados Unidos se les tiene por uno de los nombres más importantes de la década pasada, mientras que aquí en cambio su talante adusto hace de ellos una banda bastante desconocida. No son especialmente esdrújulos, pero la sequedad de ese pop-rock clásico e inquieto que parece recogido del tendal a medio secar puede resultar antipática. Al igual que cualquier artista, requieren de sus oyentes una mínima exigencia, una atención especial; mas da la sensación de que ellos no te entregan nada si tú no pones algo extra de tu parte. Para mí son todo un must, una banda-resumen imprescindible que recorre en diagonal infinidad de propuestas del actual rock americano (con ellos se puede jugar a explicar desde Modest Mouse hasta Okkervil River). Simplemente son superiores a la media, lo que me lleva a poner la mano en el fuego por ellos siempre. Como oyente, disco tras disco les pido más incógnitas por desvelar y siempre me las dan. Mi entrega sigue siendo la misma, la suya también. En “Transference”sus virtudes siguen a flor de piel, con su capacidad para fijar las ideas sin embellecedores, totalmente inalterables. Por eso este séptimo trabajo de estudio es otra gran noticia a revelar dentro de este jugoso enero musical.Lo reseñable y lo que hace de ellos una banda tan válida, es que en el seno de Spoon ocurre todo el rato mucho más de lo que parece. Misteriosos y nada obvios, destacan igualmente por ser una banda que dignifica el indie y que nunca se venderá artísticamente, siendo esto último algo que “Transference” constata mejor que ninguno de sus trabajos. Si como a Daniel le gusta decir “cada disco de Spoon es una respuesta al anterior”, es este el que simboliza una mirada en el retrovisor mucho más atrás y mucho más allá de su anterior título, el sofisticado y complejo “Ga Ga Ga Ga Ga” con el que alcanzaran el top ten de Billboard. Lo que hasta ahora había sido sólo cuesta arriba y para delante, les hace aquí pararse en seco y, quizá asustados por las mieles del éxito rozadas entonces, volver la vista dos pasos hacia atrás, en concreto hacia el tinte más sombrío de “Gimme Fiction”. Con todo, ese frenazo en respuesta a aquel acelerón no significa un descenso en la calidad, sino más bien un reculeo que les permita tomar impulso y prevenir antes que curar, para poder seguir jugando con la distancia de siempre. Asimismo, el hecho de navegar en dirección contraria a casi todos los demás, ni siquiera parece importarles. Y eso es grande.

Aquí, una vez más, los robustísimos esqueletos de los temas siguen construyéndose a partir de acordes mínimos, progresiones fractales y mucha sangre caliente. Donde recientemente se filtraban como filias el funk, el dub y la Motown, ahora se incorporan aires más oscuros y afilados que cual vieja metralla grunge se clavan en puntiagudas texturas. Los encapotados finales de “I Saw The Light” y “Out Go The Lights” dan cuenta del nuevo tono, bastante más apático que el del celebrativo “Ga Ga Ga Ga Ga”. El contrapunto lo ponen sintes tenebrosos y drones hipocondríacos que desembocan en sus ya característicos y pastosos desarrollos a las cuerdas. También las pocas ganas que tienen de divertirse frívolamente se intuyen a la legua, por ejemplo autoflagelándose ellos mismos en cuanto ven que se ponen trotones o tontones: ¿por qué es tan corta la adictiva “Is Love Forever”?. Lo mejor y lo más paradójico a la vez en Spoon es su versalitidad y su entereza, el hecho de que sigan sin recordar a nadie en especial, sonando siempre íntegros aunque nunca idénticos. Sin embargo, no paran de lanzar dardos en direcciones diametralmente opuestas que tan pronto te arrastran el corazón hasta los Beatles más retraídos ( “Goodnight Laura”) o te hacen imaginar –licencia de fan obseso– que el sample sobre el que se apoya la lubricada “Who Makes Your Money” podría ser del “Ritmo De La Noche” de Mystic...

Jim Eno y Britt Daniel, el tándem fundacional del que se ha llegado a decir no muy desafinadamente que son los Lennon y McCartney actuales, se rompen la cabeza sin descanso para trenzar otro álbum en el que encontrar más preguntas que respuestas. En su interior esconden los secretos lo más hondo posible, para partir luego en su búsqueda ayudados por una destreza instrumental que sólo se gana a pulso tras años de tocar y curtirse por las entrañas de América. En esencia un back to basics ligeramente desenfocado, “Transference” es uno de sus alegatos más completos porque recoge sus últimos hallazgos y los conjuga con el recuerdo de sus primeros trabajos y con los frutos más provechosos de los inolvidables “Girls Can Tell” (2001) y “Kill The Moonlight” (2002). Desvistiendo su sonido, con él parecen tentados a hacer tábula rasa de todo lo caminado hasta ahora (quince años juntos) y volver a buscar las esquinas más inaccesibles y lejanas de sus canciones. Aún así, todo suena otra vez a recompensa y permanece inalterable esa sensación de intriga que se tensa todo el rato y en la que los detalles (ecos, distorsiones, aullidos desganados) se acarician con primor. Al fin y al cabo es eso lo que acabará haciendo que, como todos sus títulos, este aguante temporadas sin esfuerzo asegurando la merecida fidelidad que les brindan unos seguidores más numerosos (ojo) cuanto más explorador se muestra el grupo.

Cristian Rodríguez

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