Trans-Love Energies Trans-Love Energies

Álbumes

Death In Vegas Death In VegasTrans-Love Energies

7.3 / 10

PORTOBELLO RECORDS

Firmaron uno de los últimos grandes discos de la década de los 90, “The Contino Sessions” (1999), y cuando parecía que Death In Vegas estaban llamados a conseguir la gloria que continuamente se le negaba a bandas como UNKLE, las cosas se torcieron sin saber cómo. En realidad, no se torcieron al principio: la música de Richard Fearless y Tim Holmes sonaba sin descanso en anuncios de televisión, en bandas sonoras de películas, en festivales, en la radio, por todas partes. No sólo los trallazos semi-góticos y la psicodelia dance-rock de “The Contino Sessions”, que estaba allí donde se encontrarían, hipotéticamente, Andrew Weatherall y Primal Scream si hubieran querido trabajar otra vez juntos, sino también las canciones de “Scorpio Rising” (2002), pensadas para vender y arrasar gracias a su elenco abrumador de celebrities al micro: Dot Allison, Hope Sandoval, Paul Weller, Liam Gallagher y así. Y aún entonces, algo falló, no se consolidó la fama que les parecía estar reservada, y cuando llegó “Satan’s Circus” (2004), era como si Death In Vegas ya no les importara a nadie. El rock iba por otros caminos, abiertos por LCD Soundsystem, y la música de baile también.

Sin embargo, “Satan’s Circus” era una obra mayor, prácticamente instrumental, de revuelta contra su esencia y su pasado, y en la que abrazaban sin ambajes el electro robótico, mecánico, germanófilo y espacial, tensando la cuerda que se había comenzado a estirar en los momentos más Kraftwerk de “Scorpio Rising”. Era el regreso de Fearless a sus orígenes en el clubbing, liberado del corsé rockista, y lo que debería marcar los siguientes pasos de una banda reconvertida y en busca de una nueva oportunidad. Hasta grabaron un DJ-mix para Fabric que, sin embargo, no impidió que el siguiente álbum se retrasara siete años, hasta hoy. La situación es la misma: Death in Vegas, que fueron importantes, que parecían a punto de rendir el mundo a sus pies, siguen siendo ese nombre que vagabundea por el mundo como una sombra, irreconocible para muchos, casi olvidada por todos. De “Trans-Love Energies” se sabía que estaba en proceso de elaboración, pero no se intuía, allá por 2008, que Tim Holmes iba a abandonar el barco dejando a Fearless a su suerte en compañía de un equipo de productores y arreglistas entre los que destacan Tim Fairplay (de Battant) y James Greenwood (de Stopmakingme).

Sin embargo, lejos de arredrarse, Fearless ha seguido haciendo en lo que cree: en mantener la oscuridad y la actitud rock de su proyecto, pero vestido de sintetizadores de época, de capas de aire analógico, de referencias a los orígenes de la música industrial pero con un relax pop. En “Trans-Love Energies” canta con una voz distinta, más suave y aspirada hacia dentro, que recuerda a la del último Blixa Bargeld – “Silver Time Machine”, es más, se parece poderosamente a las canciones de aquel disco pausado de Einsteürzende Neubauten, “Silence Is Sexy”–, y mantiene ese timbre durante todo el álbum excepto cuando la musa oscura Katie Stelmanis (Austra) le toma el relevo en “Witch Dance”. Pero más allá de las intenciones góticas o industriales, que podrían hacer pensar en un regreso oportunista de Death In Vegas, el disco resulta coherente en todos sus diez temas –más los bonus del segundo CD, escondidos entre remezclas–: sólo los matices diferencian picos de intensidad como “Black Hole” (de trasfondo post-punk) y “Coum”, que está entre los Throbbing Gristle de “Hot On The Heels Of Love” y los OMD de “Dazzle Ships”, o el latigazo house de “Your Loft My Acid” del diseño más minimalista de “Scissors”, por no hablar ya del proto-krautrock de “Drone Reich” y la proto-Neue Deutsche Welle en “Lighning Bolt”.

Richard Fearless ha encontrado su razón de ser en un respeto reverencial por esta época –finales de los setenta, principios de los ochenta– en los que los sintetizadores eran objetos sexies y amenazantes, pequeñas cajas de misterio que, si se abrían, podían ser como la de Pandora y expandir males, enfermedades, pensamientos sucios. Él ha querido abrir su caja y le ha salido esto: canciones que no le ayudarán a remontar el vuelo y volver a ser una estrella –imposible ya; ese espacio que busca, además, lo tienen bien ocupado Cold Cave–, pero sí a ganarse el respeto de quien quiera escucharle y convencerse de que Death In Vegas sigue siendo un nombre que aún vale la pena.

Robert Gras

Death in Vegas - Your Loft My Acid

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