Tranklements Tranklements

Álbumes

The Black Dog The Black DogTranklements

6.5 / 10

La dinámica de álbumes en los cuarteles de The Black Dog parece ser pendular, oscilando entre extremos: a un disco de carácter duro le sigue otro de tensión más relajada, y así llevan reactivando su carrera desde 2008 sin perder unos mínimos de calidad a la altura de tan aristocrático nombre en la historia del techno inglés. Como ya se debería saber, estos The Black Dog no son los clásicos de los 90 que entraron en Warp –de aquel trío original ya sólo queda el iluminado Ken Downie, ahora formando equipo con Martin y Richard Dust en lo que fue una resurrección brillante–, pero hay pilares que se mantienen todavía en pie: la obsesión con la ciencia-ficción y la influencia de Detroit, la búsqueda de equilibrio entre la música para el cuerpo y para la mente, la devoción por un tiempo mítico en la música electrónica inglesa sin caer del todo en una nostalgia rotunda. Esta historia de reactivación lleva ocho años escribiéndose, primero con un disco discreto en 2005, “Silenced”, que abrió la puerta, luego entrando a lo grande con “Radio Scarecrow” en 2008, y en este hilo argumental “Tranklements” no figura como un capítulo decisivo, pero sí como un capítulo bien escrito.

Previamente, The Black Dog habían lanzado un título ambient de primer nivel, uno de los más redondos de la última década ( “Music For Real Airports”, 2010), tóxico e inquietante a la vez que tranquilizador, y más tarde “Liber Dogma” (2011), que sonaba como su cumbre personal en la búsqueda de un espacio denso y oscuro dentro de los márgenes del techno experimental. En esa evolución, “Tranklements” suena como disco continuista y sin nuevos argumentos sobre la mesa. La palabra ‘tranklements’, explican, se utiliza en Sheffield para hablar de una colección de pequeños objetos muy valiosos para su poseedor, aunque para otra persona puedan parecer anecdóticos, pura quincalla. Por lo que entiendo, es como una arquilla de curiosidades en la que podrían caber desde cromos a viejas cintas de cassette, papeles y figuritas, ese tipo de cosas que deberíamos tirar pero que conservamos porque nos puede el recuerdo, porque sabemos que perdiendo esos objetos de niñez y adolescencia también perdemos algo de nosotros mismos. Así, este disco se compone de 16 piezas que suenan precisamente a ‘tranklements’: ejercicios de techno expansivo, en la línea de lo que venía de Detroit en los años 90 y finalmente acababa llegando a sellos como GPR o Warp, en los que los Black Dog originales editaron una colección inigualable de obras maestras, y a veces reducidos a las dimensiones diminutas de cápsulas de un minuto, como las partes tituladas “Bolt”, que son nexos de unión entre momentos dispares para darle a todo el disco consistencia de viaje unidireccional.

El problema que yo le veo a “Tranklements” es que, en efecto, la idea de nostalgia pesa demasiado. No hay nada aquí que se diferencie, ni siquiera avance, con respecto al sonido previamente desarrollado en “Liber Dogma”, y ni siquiera en el aún superior “Further Vexations” (2009). Cualquier pieza –pongamos por caso la inicial “Alien Boys”, o la más ambiciosa del lote, “Pray Crash”, en dos partes que juntas suman más de siete minutos (que tampoco es tanto)– podría pasar por un clásico olvidado de Kenny Larkin o cualquier maestro de Detroit de principios de los 90, un arma de doble filo que explica que aquí hay reverencia por ese sonido, pero a la vez muy poca autoexigencia a la hora de salirse de una zona de comodidad, valga la redundancia, demasiado cómoda. Conociendo el dominio que tienen los Dust y Downie del lenguaje del techno, es fácil imaginarse que este disco les ha salido fácil y rápido, sin romperse la cabeza. Llevan editado mucho en poco tiempo y este es el primer caso en el que, sin discutir la calidad formal del álbum –suena lujoso, si te olvidas de la historia te lleva por espacios siderales desconocidos–, sí podemos discutir su oportunidad. Es el primer signo de complacencia en una carrera que, hasta ahora, se caracterizaba por su inconformismo. Pero al fin y al cabo, recordemos la definición de ‘tranklements’: objetos que tienen valor para uno mismo. Si a ellos les sirven, a nosotros también, pero a la próxima habría que exigirles más esfuerzo, o un disco entero como “Spatcha”, ese final planeador que podría figurar perfectamente en todas las antologías del ambient actual.

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