Tragedy Tragedy

Álbumes

Julia Holter Julia HolterTragedy

8.1 / 10

Julia Holter  Tragedy LEAVING RECORDS

El de Julia Holter es un nombre que puede asociarse al de otras mujeres que, en un espacio difuso entre la electrónica ambiental, la composición clásica y una idea esotérica del pop, están abriendo las puertas a una dimensión íntima y muy personal de la nostalgia –aunque habrá también quien diga hipnagogia; la palabra también sirve–. Decimos que “puede asociarse” porque estas mujeres, entre las que cabría citar a Grimes, Laurel Halo o Liz Harris (Grouper), son muy distintas entre sí y utilizan métodos que no tienen por qué parecerse los de las unas a las otras. Pero el efecto general que consiguen, y que consiste en la creación de un mundo propio, muchas veces fantástico –no en el sentido de J.K. Rowling, sino más bien como los que pudieran imaginar escritoras tipo Angela Carter o Marion Zimmer Bradley: brumosos, místicos, con un peso feminista importante, con la dosis justa de lado oscuro– son los que acercan su música y unifican un público compartido. Julia Holter reside en Los Ángeles y este es su primer disco “oficial” –disponible en descarga digital y en una tirada limitada en vinilo de 300 copias que a estas alturas habrá que rastrear con una buena cantidad de dinero en el bolsillo para pagar los elevados costes de la compra-venta– tras una etapa, como todas estas mujeres –podemos añadir también a Rachel Evans, alias Motion Sickness Of Time Travel–, de autoedición en cassette en sellos diminutos.

Los ejes expresivos fundamentales de Julia Holter son dos: el ambient y la música clásica (en particular la ópera). El primer recurso le sirve para edificar un mundo transparente en el que la abundancia de capas de texturas sintéticas le ofrece un colchón sobre el que cantar con languidez, recuperando en cierto modo la estética 4AD sublimada por bandas como His Name Is Alive. Pero “Tragedy” no es un disco de pop oceánico en el sentido que le dieron a la palabra Cocteau Twins. En momentos como “The Falling Age” puede intuirse incluso la huella –borrosa y circunstancial, pero visible aunque sea sólo un poco– de Enya, otra creadora que en este 2011 ha resurgido tímidamente como una influencia en el underground más frágil, en paralelo al interés redescubierto por la música new age entre muchos artistas hipnagógicos. Pero en “The Falling Age” también es donde Julia Holter samplea de forma muy precisa y adecuada unas notas de una coral de Bach –no precisada–, un recurso que vuelve a repetirse en el “Finale”, un cierre de ocho minutos sostenido por notas de órgano que no podemos discernir con claridad si se trata de una marcha nupcial o de una marcha fúnebre –y que, otra vez, suman notas de sintetizador que remiten directamente al “Watermark” de la vestal irlandesa–.

El folklore en el que se basa Julia Holter, de todos modos, no es céltico, sino en parte clásico, grecolatino para más señas. El tema común de “Tragedy” se encuentra en una tragedia griega de Eurípides, el “Hipólito” –adaptado a partir de los versos de las traducciones al inglés de Robert Bagg y E.P. Coleridge–, lo que inunda el trabajo, casi inmediatamente, de citas textuales o sugeridas a la gran cultura europea. El disco, poco a poco, se va materializando como una representación teatral –con coro, igual que en el teatro griego– en la que se utilizan recursos del teatro musicado, pero también una construcción totalmente libre –que haría las delicias de teóricos como Baudrillard y otros fanáticos de la post-modernidad y la libre deconstrucción de los discursos– en la que el orden argumental y las anacronías son lo de menos. Así, “Celebration” trata sobre la adoración de la diosa Artemisa por parte de Hipólito, “Try To Make Yourself A Work Of Art” es la maldición que Afrodita, celosa, lanza sobre el héroe, “Chorale” es el momento en el que Fedra es consciente de su amor incestuoso por Hipólito, su ahijado, y así hasta llegar al sanguinario desenlace final con una coda que consiste en Artemisa cantando en una estación de tren (sic).

Pero toda esta subtrama –basante petulante, se podría decir– es una anotación que permite escuchar la música de otra manera. Pero sin el argumento, “Tragedy” es por sí sola, también, una preciosa colección de paisajes y suspiros, de variaciones ambientales e ideas de canción que van desde la nana robótica – “Goddess Eye”, donde es fácil reconocer al pionero electrónico Raymond Scott– al extraño híbrido de aria de ópera con formas de synth-pop. Más allá de singularidad conceptual, “Tragedy” es valioso por su misterio y su magia sonora, y ahí Julia Holter ha dado con la tecla para construir un discos extraño, absorbente, inclasificable; un disco que está fuera de este mundo porque se ha construido, como la mejor literatura, un universo propio.

Javier Blánquez

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