Tragedy & Geometry Tragedy & Geometry

Álbumes

Steve Hauschildt Steve HauschildtTragedy & Geometry

8.1 / 10

KRANKY

Este año ha sido especialmente torrencial en cuanto a lanzamientos llegados del entorno Emeralds. Mark McGuire, entre otros menesteres, le ha endosado un álbum levitante ( “Get Lost”) y una recopilación repleta de material descatalogado –previamente en vinilo y en cassette– a Editions Mego, mientras que John Elliott no ha aflojado el ritmo de edición con sus alias Mist, Colored Mushroom, Imaginary Softwoods y, sobre todo, dando inicio a Spectrum Spools, un subsello dentro de Mego dedicado a hurgar en las entrañas de la nueva música cósmica, la computer music enrevesada y nuevos enfoques de la psicodelia vía sinte. Entre ellos dos han conseguido que nadie eche de menos un álbum propiamente de Emeralds este año, y aún faltaba por destaparse –si lo tenía a bien– el tercer vértice del triángulo de Ohio. Ocurre, sin embargo, que su compañero Steve Hauschildt apenas edita nunca nada; de hecho, llevaba sin aportar un solo track a una recopilación o a un single desde 2009. Pero la sorpresa off-Emeralds del año estaba reservada para final con “Tragedy & Geometry”, el primer álbum largo y en solitario de Hauschildt pero, por encima de todo, una obra que deja en evidencia que las dinámicas de creación en el grupo no son cosa de dos, sino un diálogo de tres en el que incluso el miembro mudo –como Harpo con Groucho y Chico– se permite pintarle la cara a sus colegas.

“Tragedy & Geometry”, nos cuenta Hauschildt, empezó con un ataque stendhaliano de belleza ante un cuadro de Charles Meynier, uno de los más destacados pintores de la escuela neoclásica francesa, durante muchos años al servicio de Napoleón y el Imperio, cuya obra “Polimnia, Musa De La Retórica” se expone en el Cleveland Museum Of Art. Polimnia, en la mitología griega, es también la musa de la geometría –el álbum se abre, cómo no, con un tema titulado “Polythmia”–, y de esa asociación surgió la alusión vaga y oculta del título, siendo Melpómene, musa de la tragedia, la que compensa el equilibrio al otro lado del título. Es curioso el interés que se está mostrando desde el underground cósmico norteamericano por los mitos griegos –o igual es simple casualidad, pero no hace tanto que Julia Holter editaba “Tragedy”, una especie de ópera sintética basada en el “Hipólito” de Eurípides, o igual todo viene de haber escuchado en casa los discos de Yanni y Vangelis, los dos griegos, en la colección de discos de los padres–; en cualquier caso, este “Tragedy & Geometry” es un ejercicio sobresaliente de armonía, simetría –esos arpegios perfectos– y escapismo hacia otros tiempos y otras dimensiones.

Puesto en comparación con el trabajo desarrollado por sus compañeros de Emeralds, Hauschildt comparte con McGuire el gusto por el bucle –en lugar de guitarras usa sintes, pero la manera en que se enrollan las melodías entre sí es similar; Mark toma a Manuel Göttsching como referente; Steve se acerca más a Klaus Schulze o Software, con innumerables referencias en la new age y la música planeadora de finales de los 70s y principios de los 80s–, y en relación con John Elliott hay una pasión por los teclados, un uso a ultranza de los viejos sintes que Hauschildt sabe llevar con mayor dulzura y levedad, casi hasta el punto de saturar con tanta insulina inyectada directamente en el oído. Si hay una aportación central en “Tragedy & Geometry” –téngase en cuenta que todo el disco funciona como un bloque y que, en realidad, ningún corte puede aislarse–, ese sería “Blue Marlin”: son sólo cuatro minutos y en ellos sólo sucede una cosa, un arpegio que se mueve como una rotación perfecta. En su forma, es fácil encontrar pistas que nos lleven a los superventas de la new americana de hace 25 años –recuerda poderosamente a Suzanne Ciani, pero sobre todo a Ray Lynch, un músico que vendió un millón de copias de su álbum “Deep Breakfast” (Windham Hill, 1984) y en el que había temas, tan sospechosamente parecidos a éste, como “Tiny Geometries” y “The Oh Of Pleasure”–, un tipo de música que parece haber quedado grabada en su subconsciente de niño y que ha aflorado ahora, refinada, en su mente adulta.

“Tragedy & Geometry”, de todos modos, sabe evitar los peligros de la kosmische musik formulaica –de Ash Ra, de Schulze, de los Froese y de Härmonia sólo toma lo mejor– y nunca se enreda más de la cuenta con la new age para abstraerse en posición de loto; como Oneohtrix Point Never en sus primeros discos, antes de cambiar valientemente de registro, a Hauschildt le pierde el uso del sinte como un juguete –o, mejor dicho, como un pincel con el que dibujar espirales, líneas azules y blancas, fondos tranquilos y caracoleos de notas–, pero entre la parte lúdica se cuela tímidamente una parte dura, algo más sucia ( “Allegiance”) o más espacial en el sentido ciencia-ficción del término ( “Overnight Venusian”), que rompe la unidad meditativa, casi de mente en blanco, del resto del álbum. Todo esto igual suena un poco hippy (y lo es, de hecho), pero tal como se desenredan las piezas, tal como se pespliegan los bucles como una alfombra roja a tu paso –los efectos sonoros que llueven desde arriba serían los pétalos de rosa–, todas esas cuestiones se quedan al margen, porque lo que persigue ante todo Steve Hauschildt es crear simetría y armonía (o sea, belleza) como la que le sugirió el cuadro de Meynier contemplado en el museo de su ciudad. Es el disfrute, el placer, la seguridad que otorga Steve Hauschildt en la burbuja que ha construido para nosotros –y, según explica, también para aislarse de un mundo de mucha exigencia y sobreinformación que va camino de destruir las relaciones humanas tal como las habíamos conocido– lo que más importa. Se está bien aquí dentro, es una construcción bella, y todo lo demás que haya ahí fuera no debería importa nada.

Javier Blánquez

Steve Hauschildt - Music for a Moiré Pattern

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