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Rashad Becker Rashad BeckerTraditional Music of Notional Species vol. I

8.4 / 10

Rashad Becker ha sido una figura de importancia capital para la música electrónica de lo que llevamos de siglo, y sin embargo éste es su primer disco. Su papel insustituible lo ha interpretado entre bambalinas, llevando hasta la perfección el oficio de masterizador de discos: a los mandos de los tornos de Dubplates & Mastering, su huella –es decir, su capacidad innata para saber dónde acaba un buen sonido y donde comienza el sonido extraordinario, en la última linde de la perfección– se ha dejado notar en infinidad de vinilos que, si los reuniéramos en una misma habitación, nos hablarían de una historia secreta de la música electrónica de tono arisco, estética hipnótica, ritmo constante y mutaciones alrededor de las ideas de dub, techno, drone, ambient y experimentación ruidista; discos, sobre todo, con unas bajas frecuencias exquisitas. Mastered by Rashad grabado en el surco de un maxi significa desde hace años que ese vinilo ha estado mejorado por nuestro hombre para que, una vez llegue el molde a fábrica, el sonido que salga del surco sea directamente impecable. En lo que se refiere a la producción de material propio, la de Rashad Becker ya es otra historia: en los últimos tres años se reduce a un par de colaboraciones y remixes –para Burnt Friedman y Christian Wolfarth–, aunque hacía tiempo que se hablaba de esa música propia que estaba trabajando en secreto y que más temprano que tarde tenía que publicarse en algún lugar. A partir de ahora, como en los viejos mapas medievales, ‘hic sunt leones’: si tu estómago no está hecho para la música difícil, no te molestes en seguir; si, por el contrario, tu dieta pide música experimental, “Traditional Music of Notional Species vol. I” es el manjar más apetitoso del momento.

El título, una vez se entra en la música, evidentemente tiene trampa: nada en “Traditional Music...” se corresponde con ninguna tradición, ya que Rashad Becker ha considerado oportuno abolir rasgos estéticos como la melodía –no hay ninguna–, la armonía y los compases rítmicos habituales (evidentemente, sí hay un ritmo interno, elástico y libre, muy difícil de medir): es una música esencialmente exenta de forma concreta que se desparrama por el campo auditivo como si fuera una materia viscosa e incorpórea –a veces parece una sinfonía de globos que se inflan y se desinflan–, sin ser tampoco ni el clásico disco noise (donde la estética es, simplemente, el ruido; aquí hay variaciones, modulaciones; hay movimiento, aunque sea anárquico) ni tampoco el típico disco drone, donde una sola nota sobrevuela toda la grabación. Al contrario que esas fórmulas ya aceptadas en la música experimental de los últimos años, derivada del dark ambient, “Traditional Music of Notional Species vol. I” parte de una cierta idea de maximalismo: ocurren cosas continuamente, ideas cambiantes, alternancia de sonidos distintos, pero en un marco abierto donde no parece haber reglas ni jerarquías.

Para un disco así, quizá PAN era la mejor opción: de los sellos experimentales de la nueva generación –la que ya le está ganando un buen trecho de la partida a marcas con más solera y antigüedad como Touch o Mego–, la casa alemana es la que ha demostrado una sensibilidad más fina por la actualización de ciertas prácticas del pasado que no parecían haberse retomado en 2012 (y en adelante) como no fuera en forma de revival: de la misma manera en que la estética drone y la improvisación libre en la forma de Pauline Oliveros y AMM parecen haberse seguido un continuum a lo largo de los años, no puede decirse lo mismo de la computer music de corte más duro, la que alcanzó la cima de la vanguardia académica a finales de los años 60 con hombres tan distintos como Iannis Xenakis y Morton Subotnik –evidentemente, no hablamos de la más colorista y rizada de Laurie Spiegel, sino de su reverso oscuro y protuberante–. “Traditional Music of Notional Species vol. I” es un disco según esa tradición, reactivada también gracias a la recuperación de figuras casi olvidadas como Daphne Oram, pero puesta al día: su energía es ‘techno’ en el sentido de que a su acracia respingona se le nota una violencia, un empuje enérgico, que no se daba en el pasado por falta de autoconocimiento o exceso de ingenuidad. Las dos secciones del disco, tituladas “Dances” (la cara A) y “Themes” (la cara B), no tienen nada de baile ni de ‘motivos’ en el sentido melódico del término, pero consiguen entablar un diálogo intenso entre la música de los pioneros (la de los muertos) y esa vanguardia con raíces lejanas en la cultura rave del sello PAN. Un disco que no es para todo el mundo, pero que permanecerá fuerte entre los iniciados de la secta más extrema y exigente del freeform electrónico como un acontecimiento que merece unos minutos de atención y unos fuertes aplausos.

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