4 Track Songs 4 Track Songs

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Peter Broderick Peter Broderick4 Track Songs

8.5 / 10

Peter Broderick  4 Track Songs TYPE

De Peter Broderick podrían decirse dos cosas. La primera, que es algo así como un talento renacentista de la América provinciana, que toca el piano y parece que esté interprentando a Satie, que agarra la partitura y escribe con pluma de ganso piezas para cine, danza o ensemble con delicado primor neoclásico, o que según le dé el día, y en dependiendo de cuán fuerte chillen los patos, se pone con la guitarra o el banjo a rascar un folk primitivo y miniaturesco en el que desgarra sus penas como un barbudo en zapatillas. La segunda cosa que podría decirse es que es uno de esos artistas polivalentes y sin límites –porque la música les brota con tanta naturalidad que ni se plantean ponerse reglas– que salen muy de vez en cuando, y que más que su talento propio de un Miguel Ángel del cuartito de grabación, lo suyo es una sensibilidad especial de las que no abundan y que hay que cuidar. Y todo esto nos llevaría a decir una tercera cosa sobre Peter Broderick, que es la única afirmación/suposición que importa, y es que el de Portland, como Rudy Fernández, es dios –con minúscula para evitar que venga aquí el Santo Oficio a llevarnos a la pira por herejes.

Hace ya un año largo que le seguimos la pista a Broderick, y está clarísimo todo. Para empezar, un disco de piano solo, “Docile” (Kning, 2007), y que se lo improvisó en una sola noche sonámbula, con alas en las manos y el ánimo por los suelos. Luego, la más ambiciosa visión de “Float” (Type, 2008), un mayor esfuerzo neoclásico de violín, piano, leve electrónica y voluntad cinematográfica, aunque más la banda sonora de mirar por la ventana un paisaje espectacular y nublado que no de una película al uso. Siguió “Home” (Bella Union, 2008), inciso folk y doliente en una carrera que parecía que iba por otra parte y él nos dijo que no, que también sabía hacer de trovador que llora y se corta las venas cortésmente. Y así llegamos, por ejemplo, a “Music For Falling From Trees”, piezas para pequeña orquesta y conjunto de danza en las que ya no hay granjeros con pelambre facial, sino señores con chaqueta y gafas oscuras que de buen grado aceptarían ser Michael Nyman por un día. Lo mejor de toda esta discografía –parcial, que el hombre tiene más cosas en casette, CDs limitadísimos y gaitas– es que, aun siendo abundante y capaz de clavarnos de rodillas ante su efigie, es sólo el principio. Broderick está llamado a ser muy grande.

Pero todo el mundo tuvo su comienzo, y “4 Track Songs” documenta la parte dura de la vida de Broderick, antes de que nos la cascáramos a dos manos con sus mejores discos, antes de que bandas como Efterklang o Norfolk & Western le hicieran un hueco en sus formaciones en directo. Explica el amigo Peter en las notas del disco –que las vamos a resumir aquí porque lo más probable es que, pillín/a, te lo bajes de internet y nunca sepas qué aspecto tiene, si es digipack o jewel case, o si sale su foto– que trabajó una época de pizzero, que no tenía un duro, y que por las noches, en su casa, sin ninguna pretensión, comenzó a grabar pequeñas piezas con una sola norma: debía ser en cuatro pistas, y usando siempre todas las ídem del grabador. Utilizó los instrumentos a su alcance –celeste, banjo, piano, violín, steel guitar y el ruido de la calle, entre otros–, completó dos series de miniaturas que empaquetó en unos CDr que luego quiso regalar vía Myspace, y que nadie –absolutamente nadie– le quiso reclamar. Hasta que llegó John Twells, jefe de Type, e insistió en recuperar ese material para el disco que ahora nos ocupa.

Son 25 ensayos, probablemente grabados en una toma y sin mucha preparación –y con una entrañable dejadez lo-fi, como cuando a veces se oye, como colofón de la canción, el sonido del botón de stop pulsado bruscamente por Broderick ( “For Dave”)–, pero lo importante no es la rapidez o cuidado con los que acomete el trabajo, ya sabemos de él que es capaz de terminar un disco en una noche que a la mañana siguiente ya es un esbozo de masterpiece. Lo interesante es comprobar cómo en un estadio tan temprano de su lenguaje musical Broderick ya estaba maduro, con las ideas despejadas. Algunos detalles de “4 Track Songs” son significativos: cómo hacia el final, en “The Cold”, abre algunas pistas –y un pestillo– para que se cuele, entre trenzados de guitarra y voz, el ruido del exterior –e incluso el frío de la calle–, o esa segunda pieza, “Piano & Rain…”, que con el título lo dice todo. También es interesante percatarse de la naturalidad con la que salta del violín al banjo, y cómo en él el sonido de raíces no dista tanto del de cámara –y sin que se note ninguna ascendencia particularmente celta–. Por lo demás, “Shortened Version (Mistake)” nos suena al Wim Mertens de “After Virtue” y otras nos saben a alfalfa y campo mojado, “Jenn is sick” a Schönberg light y “A Current Soundtrack”, así como “A Former Soundtrack”, a película emo de grandes planos de atardecer y gente que lo pasa mal, siempre basculando entre el minimalismo de conservatorio –que fijo que no lo ha estudiado más que de oído– y el porche de una casa de mierda en algún estado del sur. Ganazas de que alguien le financie un estudio como dios manda y le dé carta blanca: lo que pueda salir de ahí quizá sea para mear y no echar gota.

Javier Blánquez

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