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7.4 / 10

Holanda puede hacer el ridículo en fútbol de vez en cuando –ahí queda la penosa Euro del combinado orange–, pero en techno nunca. Jamás. Hay veces en que se duda de que la capital del país no sea realmente Detroit, en vez de Ámsterdam, y que Rotterdam no se llame Ann Arbor de viernes a domingo, cuando hay fiesta. Durante años –y años significa décadas, dos largas décadas ya–, Holanda ha sido una reserva espiritual del techno de más pura calidad y enfoque. Ciertamente, Holanda también es la cuna del gabber, un vivero de trance kids con pelos fosforito y hasta el lugar donde se patentó el rupestre jumpstyle –también hay señoras que fuman y tributan a la seguridad social por su trabajo, o sea, que hay de todo, y las setas son legales–, pero si bajamos a lo más profundo de su underground encontraremos una gran reserva de techno como no existe en ninguna otra bodega en el mundo. Esto es algo que no se va a perder por mucho que pasen los años, cambien las modas o se renueve el público. Marcas como Clone, Delsin o Rush Hour siempre estarán ahí para limpiar, fijar y dar esplendor a las sagradas escrituras del techno en el corazón de Europa.

¿Nostalgia retrógrada? Quizá, pero con un corazón que no se encoge ni se marchita. ¿Purismo a ultranza? Por supuesto, hay guardianes de las esencias que jamás cejarán en su defensa. Delta Funktionen nunca se ha tomado ni uno solo de sus EPs a la ligera. Lleva editándolos desde 2008 –pertenece, por tanto, a una camada más joven dentro del techno holandés de la última reactivación neo-Detroit, heredero de la antorcha que le ceden Aardvarck y Newworldaquarium, y coetáneo de otros talentos continentales como Mike Dehnert, Cosmin TRG y Redshape–, y toda su producción ha girado alrededor de la imitación de una serie de patrones, volúmenes y motivos de aire futurista y distópico. Su material, sobre todo, ha ido apareciendo planchado en Ann Aimee, el subsello de Delsin para sus discos más abstractos, por momentos lindantes con el intelligent techno de raíz británica, y eso ha hecho que Niels Luinenburg –su nombre real– llegue al momento de su debut en largo sin haber tenido que pagar ningún peaje hasta alcanzar la plenitud. Viene virgen y puro, y con un referente metido entre ceja y ceja: Drexciya. Sus beats en “Traces” son agitados como un tsunami y tan elegantes como el diseño exterior de un Mac: entre el electro robótico y el techno que se disgrega en ondas de fuerza magnética, el comienzo de “Frozen Land” se hace reconocible a quien lleve la mejor época de Detroit en su corazón. El chaval no engaña y se nota que ha escuchado con detenimiento los momentos más intrigantes de “Neptune’s Lair” y “The Quest”, también a juzgar por la magnífica “Utopia” y también “Challenger”, de tempo más suave y parecida al material que, antes de morir, firmó James Stinson como The Other People’s Place: un jardín umbrío y aromático (olor a chip) donde reposar tras la rave.

Pero sobre todo, Delta Funktionen tiene un lado duro. Este año no había tenido aún la oportunidad de demostrarlo a fondo –su lanzamiento más ambicioso hasta ahora era el mix recopilatorio de la serie “Inertia”, cuatro vinilos en Ann Aime–, y “Traces” se propone resolver esa cuestión dando más de lo que apunta su título (traducible por trayectorias o esbozos, según cómo se quiera entender): aquí no se sugieren direcciones posibles, sino que se toma un partido claro por un tipo de techno con brotes ácidos – “Enter”, “Redemption” o “Target”, que se deshace en ritmos percutivos antes de abrirse como una rosa con los sintes finales– o la casi hardcore “And If You Know”, que sería bien recibida en el catálogo clásico de Underground Resistance. Se puede dar por satisfecho, por tanto, con el trabajo: “Traces” es una obra seria, cuidada con esmero, quizá demasiado aferrada a unas convenciones del pasado que le impiden mirar hacia el futuro, pero si lo siguiente es algo parecido a la gran traca final – “On A Distant Journey”, diez minutos de subidas y bajadas, cambios de beat y de decorado sintético–, lo cierto es que puede seguir tan retro como le dé la gana, que nadie se lo va a reprochar y hasta puede que le hagan la ola.

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