Tracer Tracer Top

Álbumes

Teengirl Fantasy Teengirl FantasyTracer

8.4 / 10

La música de Teengirl Fantasy invita a volver al pasado pero sin hacer una exhibición de conocimientos históricos, y quizá su atractivo esté –como ocurre también con otro dúo de planteamientos parecidos, los neoyorquinos Blondes– en esa simulación de un estado de permanente descubrimiento. Todo en “Tracer”, y como ya ocurría en su álbum de debut, aquel maravilloso e hipnótico “7AM” (True Panther-Merok, 2010), parece un intento de poner en un contexto actual ciertos sonidos de hace dos décadas, algo que ya expresaron al afirmar que su intención era “hacer cierto tipo de música de baile sin emular lo que estábamos escuchando”, y que va en paralelo a un febril proceso de rescate y digestión de discos viejos y técnicas de producción. Al contrario que los revivalistas de la música planeadora, con Oneohtrix Point Never a la cabeza, que parecen saber más que nadie de los discos que revisan – kosmische music alemana, proto-new age, drone, synth-pop AOR de los ochenta–, en Teengirl Fantasy el dominio de conceptos como Detroit o ambient-house parece ser limitado, o no erudito, pero lo que les falta en memoria y cualidades archivísticas lo suplen con intuición y amor. Y es así donde “Tracer” se enciende con una luz pura.

Entre este segundo álbum y “7AM” hay una ligera diferencia: el primero era flotante, desorientado, reflejaba ese estado mental indicado en el título, la sensación de estar lúcido, pero a la vez mentalmente fatigado tras una noche de club; la felicidad del silencio, con los ecos del sound system todavía resonando en la memoria, y sólo se disparaban los bpms en el corte final, “Cheaters”, un ejercicio soberbio de house progresivo. En cambio, “Tracer”, es más un disco de warm-up, no de salir sino de entrar: sin situarte en el centro de la pista de baile desarrolla con profunda emoción los preámbulos, el apagado de las luces, los primeros beats de aclimatación, las texturas envolventes. Teengirl Fantasy están en el extremo opuesto de la ola comercial de la EDM americana –en especial, de deadmau5 y Avicii–, aunque unidos por un hilo invisible: unos buscan el estado de euforia por amplificación y acumulación, siguiendo una de esas ‘estrategias fatales’ que indicó en su día el filósofo Jean Baudrillard; nuestros hombres, en cambio, persiguen esa misma conexión con el pop, la euforia y la experiencia feliz desde la melancolía y la comprensión de la historia de la que proceden.

Nick Weiss y Logan Takahashi han sabido encontrar el estado de ánimo perfecto para “Tracer”. Es un disco que crece, que intensifica sus impactos y que, justo al acabar –como ya hicieran en “7AM”–, cierran el recorrido con un instante de máxima euforia. Ocurre que en “7AM” la fiesta continuaba en casa, y aquí, con el colofón de “Timeline” se indica que el warm-up ha concluido y comienza la noche: es un tema, igual que “Cheaters”, que se deshace entre basslines ácidas (al final), beats que arrancan y se frenan y sintetizadores atmosféricos, todo producido con esa técnica errática –sin loops, sin sincronizar máquinas, tocando de oído– que tan bien remite a los primeros años del fenómeno rave; se nota que han escuchado mucho y bien a 808 State y Derrick May. Si hay que acotar el álbum en unos años que hayan podido serle de inspiración, deberían ser 1989-1992: “Orbit” parece una revisión de algún clásico del sello Wau! Mr. Modo –no es exactamente como The Orb, pero tiene mucho del ambient pulsante y con suspense de Alex Paterson; el título del tema no parece casualidad–, y “Eternal”, con su piano y su empuje psicodélico, también podrían recordar a “Mind Odyssey”, uno de los clásicos del sello Warp firmado, tachán tachán, por Eternal. Les siguen gustando los medios tiempos que en “7AM” les valieron la etiqueta de balearic, y que aquí ya son plenamente noventeros: “Inca”, “Vector Spray”, “End” son piezas downtempo que buscan flotar en el espacio.

Por último, está el registro pop, que es la guinda del álbum. Aunque finalmente no ha entrado el 12” “Motif” en el tracklist final –su función épica la suple “Timeline”, de todos modos–, sí que hay caramelos para atraer a otros públicos alejados del clubbing underground a su jardín de las delicias, desde una colaboración con Panda Bear con sonidos de bambú ( “Pyjama”) al new jack swing cósmico de “EFX” con la debutante Kelela; del pop nebuloso de “Mist Of Time” con Laurel Halo a la verdadera joya: “Do It”, en la que Romanthony se deja los pulmones y que es la constatación de que, en este homenaje apasionado y respetuoso por la vieja escuela, no se han olvidado del house de Chicago. Hay dance music hoy en Estados Unidos que hace llorar de rabia por chapucera, pero esta hace llorar de verdadera emoción.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar