Touched EP Touched EP

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Blondes BlondesTouched EP

8 / 10

Blondes  Touched EP MEROK

Nada es lo que parece: ni Blondes tienen el pelo del color del oro –más bien tirando a moreno, aunque depende por dónde pegue el sol– ni “Touched EP” es exactamente un EP, pues se extiende durante cuarenta minutos, encierra seis temas que son cinco en realidad (el último es un remix de Oneohtrix Point Never) y podría considerarse como el primer álbum del dúo de Brooklyn. Tiene todo el aplomo que se le pide a un debut grande, viene acompañado de suficiente expectación en los ambientes glo-fi y además este “Touched” pertenece a ese tipo de material que conviene disfrutar con paciencia y tiempo. Si a alguien no le cuadra el número de temas, sólo habría que recordar que el último disco de The Field también tenía seis y era, por si alguien no lo recuerda tampoco, una obra maestra –y si no lo era, estaba cerca–. Digo The Field porque lo de Blondes me recuerda en parte a lo que hace Axel Willner: las piezas son extensas y se desarrollan con calma, enroscándose en sí mismas y con la voluntad de crear un espacio lejano, abierto –o lo que es lo mismo, un espacio en el espacio exterior–, aunque queda claro desde los primeros segundos de “You Mean So Much To Me” y sus nueve minutos de odisea cósmica flotante que tienen más que ver con el pop que con el techno. No olvidemos que son de Brooklyn –lo hemos dicho antes–, que están más cerca de Black Dice que de los maxis que publica el sello Kompakt, que en el fondo Blondes esconden canciones entre tanta chatarra analógica. No tendría ningún inconveniente de poner su CD cerca del segundo de Fuck Buttons en mi estantería.

O del “Subiza” de Delorean. Canciones como “Spanish Fly” rescatan la placidez de los sintetizadores balearic con la distinción de que Blondes ni cantan ni articulan canciones con una estructura tarareables. Son ríos de sonido que hay que absorber por la piel. La música de Blondes es apasionada y optimista, las voces que aparecen son espaciales también, susurros al fondo, respiros. Tiene la capacidad de transportarte, y creo que eso es lo más valioso, lo que merece ser resaltado en un disco que se puede describir de dos formas (aquí depende del grado de coolness o esnobismo que quieras introducir en el comentario). Puedes opinar que son un grupo con talento y buenos resultados, pero un poco cliché: se aprovechan de la liebre que han estado levantando legiones de productores escandinavos como Studio, Lindstrom o Johan Agebjörn –que unifican el hedonismo escapista de tres décadas en producciones a las que se les reconoce siempre una influencia directa de la psicodelia dance de los noventa–, y se enmarcan en el actual boom trippy-cósmico, en algún lugar intermedio entre Animal Collective y Gavin Russom, para obtener un resultado atractivo pero planificado de antemano con mucha frialdad. Puedes opinar, también, que Blondes representan un valor que se da con menos frecuencia en la nueva música de raíz pop: la juventud, la frescura, la espontaneidad. Es obvio que para obtener los once minutos de “Moondance” hay que tener talento y que es imposible que algo así salga por puro azar, pero Blondes consiguen que nada salga forzado, ni sugiriendo una pose cool de eruditos de la música electrónica oscura, de vuelta de todo. Muy al contrario: parece como que todavía quieran aprender, como si el sonido algo pálido de canciones letárgicas como “Virgin Pacific” lo tuvieran clavado como una espina en el corazón, lamentando que todavía suene a maqueta pudiendo tener un cuerpo más curvilíneo, matizado.

No les interesa el glo-fi de bajo presupuesto, sino las post-producciones con compresión exagerada y el nivel de agudos invadiendo las luces rojas de la mesa de mezcla, creando esa presión en el corazón propia de los buenos discos trance. Están en Merok, pero nadie dice que no pudieran estar en Border Community o Kompakt Pop. Si lo de Blondes puede entenderse como pop hipnagógico, hay que hacerlo en clave noventas: nada de intentar recordar cómo sonaba aquella canción de ABC o Black que bombardeaban los programas de videoclips de la antigua televisión, sino practicar el mismo ejercicio de recreación a partir de una memoria borrosa con producciones de Orbital, Cosmic Baby o Jam & Spoon. Que el resultado sea tan coherente y despierte tantos recuerdos o sugiera tantas flechas bidireccionales indicando posibles influencias demuestra que lo de Blondes va en serio y que tiene que progresar a mejor. Que “Touched Ep” se cierre con un remix estático –y extático– de Oneohtrix Point Never para “Moondance (Sundial Mix)”, otro baile gravitatorio entre arpegios delicados, indica que saben cubrir un amplio espectro de años –de la kosmische musik germánica al intelligent techno inglés– y que están en el buen camino. Cuando salga el nuevo disco –que será el primer álbum o el segundo según nos venga en gana: para mí esto supera la idea fosilizada del extended play–, tendrán que haber progresado tanto que nos darán miedo. Cuanto antes, mejor.

Richard Ellmann

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