Total Total

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SebastiAn SebastiAnTotal

7.5 / 10

Sebastian Total ED BANGER

Ojos que piden un riego de Vispring a gritos histéricos. Cabello más sucio que las plantas de los pies de Gandhi. Aletas nasales irritadas como el ano de un mandril. Aliento pestilente cercano al desastre nuclear. No hemos dormido en todo el fin de semana, ¿verdad socio? Eres otra víctima de SebastiAn, lo sé. No serás el último. Tampoco el primero. No llores, tranquilo, todos hemos estado ahí. Nadie te quiere juzgar. Aún diré más: si no caes en la espiral fiestera del nuevo marine de Ed Banger es que no te corre sangre por las venas, ni estupefacientes por la sangre. Esto es el súmum del subidón festivalero, amigo: heavy metal bailable entregado en caja y con lacito a los enemigos de la sutileza.

Con las uñas convertidas en muñones por culpa del inminente advenimiento del nuevo LP de Justice (desde la resurrección de Cristo no notaba semejante tensión en el testiculamen de sus apóstoles), observamos con deleite cómo el también francés Sebastian Akchoté decide dar un golpe de efecto y ponerle las cosas más difíciles al dúo de la cruz. El camino que ha decidido seguir es exactamente el mismo que muchos compatriotas han recorrido desde que Bangalter y Homem-Cristo cambiaran el juego con “Homework” y jugaran con el cambio en “Discovery”. El resultado es obvio, pero no por ello menos disfrutable si está tan bien parido: funk durísimo, filtros inyectados con violencia, electro marmóreo, disco-house con pisada parisina, producción aplastante, despuntes rockistas, espíritu punk. ¿Suena a Boys Noize? Sí. ¿Suena a Justice? Y tanto. ¿Suena a Daft Punk? Toma, claro. Pero tiene el extra de personalidad necesario que distingue a los grandes productores del rebaño de émulos. Si hasta ahora era conocido como gran remixer, a partir de “Total” Akchoté será observado desde atalayas mucho más altas.

Nervio, agresividad, filtros y mucha caña. Las coordenadas que rigen la física del universo SebastiAn son así de sencillas. Para sus quehaceres, el francés recurre a trallazos de funk digital con Prince en el entrecejo –magnífica “Love In Motion”, con Mayer Hawthorne–, a vomitonas de electro punk con graves luciferinos y celebrity al micro – “C.T.F.O.”, con M.I.A., retumba en los auriculares como un trueno–, a demostraciones de épica disco-house que suenan a puro músculo – “Ross Ross Ross” o cómo convertir un slap en una bomba de hidrógeno– y a subidones imposibles que duran una eternidad –lo de “Kidercut” es puro vicio, joder–.

En un álbum que lleva la filosofía Ed Banger al paroxismo más absoluto, no podía faltar tampoco la metralla punkarra exigida para este tipo de ejercicios militares: en “Total” conjuga riffs chungos de guitarra, baterías metaleras y dance corrosivo, y en “Motor” se ensucia las manos en un estercolero anfetamínico que suena como un Ferrari conducido por Pete Doherty atropellando clubbers en el Primavera Sound: sangre, sudor y ruido. Muchísimo ruido.

Óscar Broc

''Embody''

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