Total Life Forever Total Life Forever

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Foals FoalsTotal Life Forever

7.3 / 10

Foals  Total Life Forever TRANSGRESSIVE/ SUB POP

A raíz del celebrado “Antidotes”, Yannis Philippakis declaraba en 2008 que Foals querían desentenderse por completo del indie británico. El líder y portavoz del grupo criticaba la falta de miras hacia el exterior de una escena con la que aseguraban no sentirse conectados. Sus palabras me sorprendieron para mal: por mucho que otros se empeñaran en ver una sobresaliente digestión del math-rock, el afro-beat y otras especias con guión de por medio, yo nunca vi allí más que el enésimo epígrafe del cíclico revival post-punk. De hecho, se trataba de uno que ni siquiera rozaba la altura de grandes referencias post- Strokes como las de Bloc Party, Franz Ferdinand o Arctic Monkeys. Para cuando el NME proclamaba que con ellos habían nacido los nuevos Radiohead, los humos ya se les habían subido a la cabeza de la peor manera posible, y recientemente, dispuesto a reavivar la hoguera mediática de cara a la recepción de su nuevo lanzamiento, Philipakkis tachaba a su piropeado debut de “defectuoso”. Hoy, como era de esperar, su revancha se presenta bajo el mismo talante orgulloso y soberbio.

Allí donde el centrífugo “Antidotes” engullía todo hacia su interior, “Total Life Forever” potencia una fuerza contraria y centrípeta que permite a las canciones expanderse hacia fuera, progresando a lo largo de minutajes dilatados y sonoridades más atmosféricas. Aunque no faltan orgásmicos crescendos guiados por la travestida voz de un Philippakis que adopta acentos diferentes y falsetes varios, la mayoría de los temas hace hincapié en un tono, digamos, de mayor circunspección. Lo que consiguen por ese camino –ejecutando la misma maniobra que utilizaran Bloc Party para “A Weekend In The City” (2007)– es disminuir el grado de estrépito que nos hacía terminar la escucha del primero con la lengua fuera. Grabado junto al miembro de los desaparecidos Clor Luke Smith y mezclado por Alan Moulder –quien, por cierto, dio forma al decepcionante “Intimacy” de los de Okereke–, éste se convierte exactamente en lo que Foals necesitaban: un disco que suena más experto, más estructurado, constatando su capacidad evolutiva como banda. Sin embargo, un disco al que la excesiva higiene aplicada para reforzar la idea de conjunto le hace parecer distante en exceso, tan deslumbrante pero también tan vanidoso como era en otros aspectos su primer trabajo (aquel desordenado conglomerado de hits). Un botón de muestra: el calor de los polirritmos que buscan sin cesar acaba templado por un trato extremadamente frío. El vídeo de “Spanish Sahara”, el cual cabía esperar ardiente, lo dice todo al respecto...

El acabado final de este “Total Life Forever” de nirvanesca portada es radicalmente riguroso y denota una extraordinaria forma física. Primera conclusión: los potros se han convertido en unos exuberantes caballos domados del todo. Pero faltos de la creatividad que desprenden patrones paralelos en ese sentido de la técnica como Delorean o Phoenix, sigo creyendo que a Foals les sobra cerebro y les falta corazón. De nuevo “Spanish Sahara” como paradigma del álbum: recordemos que fue su carta de presentación pero no el primer single, para el que han escogido otro sobre seguro: “This Orient”. Del mismo modo, basta con echar un vistazo a las letras, profilácticas y presuntuosas en exceso, centrada en la alienación e incertidumbre del porvenir que nos acecha y bla bla bla para acabar resultando, claro, más manidas que interesantes. “Don’t forget everything you care for, for it will be nothing more tomorrow” (en la elaborada “After Glow”), “this total life forever will never be enough, no” (en “Total Life Forever”) o “the future is not what it used to be” (en “Black Gold”). Las dos últimas las toman prestadas de Raymond Kurzweil, futurista e inventor americano, además de toda una eminencia en el campo de la inteligencia artificial y la persona que les empezó a dar las pistas necesarias para delimitar el concepto de fondo justo cuando Philippakis se quedó absolutamente prendado de su texto The Singularity Is Near.

Hablemos ahora de singularidades: ¿qué ocurre con la distinción de Foals? ¿Dónde queda? ¿Estamos ante algo menos inspirado que sugerente? ¿Hasta qué punto podemos decir que el proyecto de los de Oxford ha perdido fuelle? ¿Qué opinarán de este nuevo título aquellos indie-kids que no conocen a Fela Kuti y les esperan en Benicàssim ávidos de espásticos bailoteos? O la pregunta más comprometida: ¿estamos ante un derroche de perspicacia o lo que pasa es que esta entrega aburre como no lo hacía “Antidotes”? A mí, después de bastantes escuchas, me cuesta encontrar las respuestas. No sé si estoy ante un algo espectacular o si lo encuentro discreto. En otras palabras, me deja bastante indiferente en líneas generales aunque me resulte fácil piropearle si me pongo. Y con ello vuelvo al principio: la relevancia de las otrora insalvables etiquetas que mencionábamos arriba ha encogido tanto como la pegada de los temas. El math-rock como tal apenas hace acto de presencia, los flecos kraut de “2 Trees” parecen un descosido de Radiohead y las melodías punk-funk se la juegan a que Franz Ferdinand o los The Rapture de “Pieces Of The People We Love” no les denuncien por plagio ( “Miami”). Por decirlo de una forma más sintética: al final no resta casi nada aquí dentro que no se pueda adscribir a la ecuación “More Songs About Buildings And Food” ( Talking Heads, 1978) + “The Head On The Door” ( The Cure, 1985), lo que nos dice mucho acerca del futuro del grupo, de todo un mañana que ganaría en autenticidad si comenzara de una vez por todas a tener menos en cuenta tanto su pasado como su presente. En caso contrario, seguiré reservándoles una poco menos que mediocre posición en la escala de los verdaderamente originales.

Cristian Rodríguez

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