Torres Torres

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Torres TorresTorres

7.6 / 10

Hay discos que te pillan por sorpresa y ya no te dejan ir: el debut homónimo de Torres –nombre de bodega, churrería o tuitero adicto a los blocks, utilizado por la cantante y compositora norteamericana Mackenzie Scott para grabar sus canciones– es uno de ellos. Avisó de su potencial con algunos vídeos colgados en YouTube hace unos meses en los que se la podía ver acompañada de su banda en un estudio de grabación, pero nadie podía pensar que su puesta de largo atesoraría la fuerza y capacidad de atracción que transmite este álbum sobrado de argumentos para el triunfo. El más importante, su voz, primorosa melodía de seducción con la que Scott atrapa al oyente desde los primeros segundos de trayecto: en “Mother Earth, Father God”, que tiene ese tono áspero y rotundo de la PJ Harvey de “Rid Of Me”, ya impresiona su capacidad para estirar las notas y modularlas a su antojo en función del compás y la propia canción. Tiene 22 años pero canta como si tuviera 35. Porque, de hecho, lo que más destaca de su voz es esta intensidad emocional con la que canta y expresa los pensamientos e historias de sus letras, como si no necesitara ni mucho adorno instrumental ni grandes gestos dramáticos para contagiar su angustia vital.

Mackenzie Scott te puede recordar a Kristin Hersh, Cat Power, Lisa Germano o la propia PJ Harvey, y parece más que evidente la influencia y huella de todas ellas en su propuesta musical. Pero tanto en su manera de construir las canciones como en las letras que escribe y expone –sin corazas ni tendencia al postureo– detectamos a una autora con suficiente talento y personalidad como para encontrar su propio camino. Por ejemplo, “November Baby”, que tiene mucho de los siempre reivindicables Ida, necesita siete minutos pero ningún adorno instrumental –es ella sola con un punteado repetitivo de guitarra, casi como si fuera un loop– para explicarse en toda su complejidad. “Torres” es un disco sobre muchas cosas: el miedo al abandono, la crudeza del desamor, los pensamientos negativos, el hastío existencial o, simplemente, la dificultad de expresarse, ideas y temas que Scott introduce en sus canciones sin ánimo de que sus composiciones se conviertan en grandes o épicos arrebatos folk-rock que vaticinen algo parecido al fin del mundo sino más bien en píldoras modestas y sensatas sobre las incomodidades del alma.

Es este un debut que sorprende por su austeridad –la base instrumental es parca y rácana a conciencia, pero en ningún momento lo acusas–, versatilidad –aunque el trasfondo es una mezcla clara de folk depresivo y rock de herencia noventera, este disco alberga muchos registros– y rigurosidad –tienes la sensación de que no le sobra nada, de que todo está en su lugar–, pero la verdadera sorpresa estriba en algo más complejo: que un debut de una autora tan joven exprese tanta convicción y seguridad. “Torres” parece el disco de una compositora mucho más vivida y curtida, por lo que dice y por cómo lo dice, y en su manera de conjugar experimentación sonora –en las estructuras, los timings, los cambios de instrumentación…– y canciones emocionantes y accesibles se esconde uno de los grandes alicientes del que puede convertirse, si no lo es ya, en uno de los debuts más convincentes de 2013.

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