Toppings? Toppings?

Álbumes

Jules Chaz Jules ChazToppings?

7.9 / 10

Jules Chaz Toppings… WAGON REPAIR

Los que padecemos personalidades compulsivas acostumbramos a obsesionarnos con algo de forma irracional y exagerada. Todos los discos buenos son los discos del año; todas las canciones buenas son el single del año. No voy a negarlo, seguramente ahora mismo soy presa de esta falta de miras a largo plazo y de la implacable neurosis por exprimir algo hasta dejarlo seco en ese mismo momento, pero debo decir que llevo una semana entera enganchado al tema “Black Lodge” como si fuera una sanguijuela bebiendo del dulce tobillo de una virgen adolescente. Imposible dosificarlo. Meto la nariz en él del mismo modo en que Tony Montana hunde su cara en una montaña de yeyo. Me obsesiona y me atrae como si fuera un éxtasis de los de antes. Me veo en el metro sacando el iPod del bolsillo para darle de nuevo al play y volver a escuchar la maldita canción. Jules Chaz trinca algunos samples de “Twin Peaks” y los reordena en una sinfonía digital de una belleza amorfa e inquietante. Es un extraño cuadro de luces y sombras, de sonidos burbujeantes y melodías analógicas que quizás recuerdan al Richard D. James melódico e infantil de hace unos años, pero andan por sí solas. Creo que se trata de la utilización más inteligente y sensual que se ha hecho nunca de la banda sonora de la serie de Lynch. Ya estamos otra vez con la hipérbole, sí, pero qué puedo decir, la sensación es la de estar sumido en algo más que una canción, te encuentras flotando en una especie de trance electrónico que activa tu mente y te lleva a paraísos que nunca antes habías visitado. Es un sentimiento que te acompaña durante todo el trayecto y que empapa por entero un disco impoluto.

“Toppings…” me ha pillado desprevenido. Seguramente porque en el terreno de la psicodelia instrumental y del new beat hay cada vez más comida y menos bocas hambrientas. Con las arcas rebosantes y una lluvia torrencial de propuestas afines sobre nuestras gorras, uno se sienta a escuchar con mucha más cautela que antes. Pero ni con esas. Desde el primer momento, los ritmos futuristas de este beatmaker canadiense han entrado con fluidez en mi torrente sanguíneo, regándome el cerebro con la dopamina instrumental más potente que recuerdo en meses. No es de extrañar que Mathew Jonson haya decidido quebrantar la dictadura del 4/4 para darle un nuevo filo a su sello Wagon Repair, technoide a rabiar (y a veces jazzy con gotitas de IDM) desde la referencia uno… hasta ahora. Chaz es un talento en llamas al que hay que brindar cobijo sin miramientos: desde la distancia, su pira musical desprende un calor distinto al del resto de la manada, lo que le confiere a sus partituras un extra de azúcar imposible de rechazar para los más golosos. Felino, lisérgico, evanescente, sigiloso, el hip hop instrumental de “Toppings…” le debe mucho a la Biblia dillaísta: se imponen los chops erráticos, las estructuras sincopadas, los fondos ambient, la digitalización emo. De todos modos, en experimentos como “Red Eye” –jazz somnoliento al más puro estilo Krush–, “Invisible Glasses” –violines en una canción para películas de suspense– “Break” –un acordeón de 8bits reverberando en tu córtex– o “The LA” –cánticos coránicos, sintetizadores y bhangra espectral– es fácil apreciar la huella radioactiva de un creador diferente.

También los pasajes más ortodoxos, los más hip hop para entendernos, están cincelados con una artesanía muy particular. La neblina gótica de “Bewdley B. Chaz” parece obra de un Madlib esquizofrénico. En “Clap” intenta construir una bossa nova galáctica y le sale una masa de glitches con final jamaroso. Para “Could Happen” se alía con el MC canadiense Ishkan y se viste con un burka melódico a medio camino entre Boards Of Canada y Slum Village. En “Yes I Do” hace más visible su conexión con Cobblestone Jazz, dejando que el teclista del grupo, Danuel Tate, haga acrobacias dactilares en un relato P-funk que pide a gritos un buen cogollo. Hasta ha conseguido lo imposible: que me guste el reggae (atención a “Whipits”, una delicia de calypso jamaicano con apuntes digitales que ya tengo en mi tracklist particular para ir a la playa) y la música india: es impresionante cómo en “Say Sumthin” convierte la ingenuidad de Bollywood en una misa negra con bebés a punto de ser sacrificados. No hay que darle más vueltas, “Toppings…” es un disco brillante; un álbum repleto, además, de mensajes subliminales que se hincan en tu cerebro reptiliano como astillas. Entre los chirridos de funk líquido de “Smile (It’s U)”, por ejemplo, escuchamos una voz que dice: “It’s you and me”. Y es así. Aquí estamos. Cara a cara. Solos ante el peligro. Tú y yo. ¿Acaso necesitamos a alguien más? Óscar Broc

Julez Chaz - Yes I Do

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