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Goddamn Electric Bill Goddamn Electric BillTopics for Gossip

8 / 10

Goddamn Electric Bill Topics for Gossip

AUTOEDITADO

Languideciendo siempre como un sol a punto de ponerse congelado por una fotografía. Así es este disco que no es ni ambient, ni post-rock, ni pop, ni contemporánea, sino una mezcla de todos los anteriores. Goddamn Electric Bill han descubierto su propia rueda particular, desde luego que sí. Otra cosa es que sea el mejor momento para que este sonido triunfe entre la parroquia de los que mejor lo podrían apreciar, y que ahora, sin duda están a otras cosas, pero si se hace la trampa de citar como referencia a Boards of Canada, y decimos que canciones como “Ten Thousand Years” o “The Shallows” parecen un descarte acústico de “Music Has the Right to Children”, seguro que la música de “Topics for Gossip” recibe un poco más de la atención que seguro se merece.Goddamn Electric Bill es el proyecto unipersonal del estadounidense Jason Torbert, que lo toca todo y, por las citas que se encuentran en la red, es fácil deducir que pertenece a esa clase de individuos capaces de crear belleza y dejarla para siempre encerrada en un cajón por vergüenza o reserva. En ninguna parte dice qué impulsó a Torbert a dejar el grupo punk de la adolescencia para encerrarse primero en su cuarto, componer, avanzar, y lo que es mejor, salir después con esta música bajo el brazo. Sólo se habla de individualismo, algo que se percibe con esa constante sensación de introspección expansiva que provoca, por ejemplo, “Hermit”, pero lo que es más interesante, sería conocer el proceso que llevó a Torbert a repetir la experiencia de “Swallowed by the Machines”. En la foto de promo que se ve por todas partes aparece Torbert molesto porque él mismo, su propia sombra o fantasma, lo señala con un dedo que parece una pistola cargada de conciencia. Así es “Topics for Gossip”, un círculo vicioso de canciones construidas según los patrones lógicos de la IDM, cocinadas con elementos de la indietronica, influidas por el clasicismo del pop, acariciadas por la exuberancia pacífica de la música clásica contemporánea, y rodeadas por recortes de la electrónica cobarde del laptopismo más onanista, y vuelta a la IDM, un círculo perfecto en el que nos han dejado colarnos para escuchar un disco que está fuera de su tiempo, que llega demasiado tarde para subirse en su ola, y demasiado pronto para ser revival pero que, sin duda, va a ser una de las delicias de la temporada para los que desprecian los colores que andan ahora mismo colgados de las perchas de las tiendas de moda. Jorge Obón

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