Too Beautiful To Work Too Beautiful To Work

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The Luyas The LuyasToo Beautiful To Work

6.8 / 10

The Luyas  Too Beautiful To Work DEAD OCEANS

Lo que podríamos llamar “sonido Quebec”, si es que estamos de buen humor para seguirle el juego a los aficionados de los diccionarios de géneros musicales, parte única y exclusivamente de Jessie Stein, Pietro Amato y Stefan Schneider, la mayor parte de The Luyas. ¿Por qué? Porque tienen familiares/amigos/colaboradores repartidos por una miríada de grupos de la província canadiense (hagan una lista: SS Cardiacs, Miracle Fortress, By Divine Right, Bell Orchestre, Torngat, e incluso, por Dios Santo, Arcade Fire). Ellos solitos se bastan para definir la producción de todo el oeste central canadiense, porque prácticamente llenan todo el espacio sonoro. Y aunque Arcade Fire sean los cabezas de cartel y Bell Orchestre recojan las migajas, del resto de bandas, cual caballo que avanza posiciones en la atracción de feria porque el participante cuela todas las bolas en el último y más lejano agujero, The Luyas se nos ofrecen con un dream pop experimentaloide con una cantante, Jessie Stein, carismática, hipnótica y de voz frágil como la porcelana china.

Lástima que en este segundo larga duración se pierdan a veces en la mesa de mezclas ( “Spherical Mattress” no tiene vocación de recuerdo melódico, así como “Moodslayer” cae desgraciadamente en el terreno de la música de fondo) o en los intentos de parecerse a Broadcast ( “Cold Canada”) sin conseguirlo. Y es que la malograda Trish Keenan tenía un magnetismo aplastante, así como, todos lo sabemos, las producciones más rockeras de Radiohead (percusiones un pelín parecidas en “Worth Mentioning”) tienen un carácter personal(ísimo). En éste “Too Beautiful To Work”, The Luyas caen, por lo general, en el estrato Sol Seppy (sonido aperturista, enfocado, en “What Mercy Is”) y en el dream pop electrónico, soñador y con pequeños arrebatos de experimentación ( “Tiny Head”). Como mucho, pídanles un retortijón (el único, en “I Need Mirrors”), pero si quieren saborear lo que mejor saben hacer, escuchen los temas introspectivos: “Canary” (con momentos orquestales y el que parece el canto solitario de una niña pequeña, Moodswinger incluida) y la adorable “Seeing Things”. Dos temones para las distancias cortas que prueban que se les da mejor el cantautorismo indie que el dream pop con ínfulas. Pero lo que un servidor ya no puede asegurarles es si The Luyas son conscientes de ello.

Jordi Guinart

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