I Told You I Was Freaky I Told You I Was Freaky

Álbumes

Flight of the Conchords Flight of the ConchordsI Told You I Was Freaky

8.3 / 10

Flight of the Conchords  I Told You I Was FreakySUP POP

Bret y Jemanie. Jemaine y Bret. No son gays, para empezar. Básicamente, son los clásicos freaks perdedores que han convertido sus fracasos amorosos, su patetismo vital y su torpeza para comprender los automatismos sociales en un negocio rentable. Semejante triunfo es tranquilizador, pues nos enseña una valiosa lección que, al menos a mí, me tranquiliza sobremanera: el freakismo es un don, no una condena. El freakismo puede ser algo exportable, vendible, exprimible. Hay que ver el negocio incluso en unas gafas de pasta, una camiseta roída y una colección de cómics de superhéroes. Ellos lo han hecho y, sin cambiar un ápice su pose original de chavales tímidos y raritos, han trasladado a sus partituras ese mundo extraño en el que se mueven y que tanto hemos disfrutado en su magnífica serie de televisión, “Flight Of The Conchords” (HBO), una comedia musical indie absolutamente novedosa, tronchante, fresca, extraña, que servidor recomienda con la vena del cuello hinchada y el puño clavado en la mesa.

El dúo neozelandés (son de la capital, Wellington) no sólo resulta único en su aspecto (Jemaine, con gafas negras de graduación imposible, dientes equinos, mandíbula gorilesca y ojos de tortuga; Bret, con pelo de estropajo, costillas marcadas y pinta de yonqui simpático), sino también por su forma de haber alcanzado cierto prestigio musical. Ha sido esta magnífica comedia televisiva ambientada en Nueva York –hasta ahora hemos disfrutado de dos temporadas memorables– la que les ha convertido en un fenómeno indie de enormes proporciones: gracias a ella han dejado de ser unos simples freaks neozelandeses sin oficio ni beneficio para convertirse en unos weirdos de lo más cool. Y sólo Seth Green y algunos pocos elegidos pueden decir eso.

El álbum “I Told You I was Freaky” compila, pues, las canciones que Bret y Jemaine tuvieron que sacarse de la chistera para llenar los números musicales de la segunda temporada de la serie. Sí, sé lo que dirán los típicos listillos que van de “yo los descubrí y molaban antes de ser famosos”, sé que algunos de estos mequetrefes empeñados en cosechar la palmadita en el espalda por haber estado allí antes echarán de menos ese punto de orfebrería lisérgica, pero hay que tener en cuenta un factor esencial a la hora de compararlas: los temas de la primera temporada hacía ya unos años que formaban parte del repertorio de Jemaine y Bret, pero los que conforman este nuevo álbum (segundo de estudio con el membrete Sub Pop) tuvieron que grabarse a toda prisa y con presión para la nueva temporada, lo que para mí, más que un defecto, es un doble mérito, vistos los sensacionales resultados.

Los Conchords son grandes. Sí, sé que todo es una coña de tomo y lomo, pero diablos, lo mejor de todo esto es que…¡¡¡las canciones son buenas!!! Por ejemplo, en “Hurt Feelings”, una de mis favoritas, van de raperos chungos con sentimientos: “Fui a comprar un traje de buceo / pero todos los que me probé me iban grandes de cadera / así que me dijeron que me probara uno de chica / Han herido mis sentimientos, han herido mis sentimientos”. El efecto es sensacional: por una parte te descojonas con esas letras medio surrealistas, medio absurdas. Por el otro, sigues la melodía, porque es sencillamente cojonuda. Pocos grupos pueden entrecruzar comedia y buenos pentagramas con semejante efectividad. Cantas y ríes al mismo tiempo. Y encima es artesanal: guitarra, bajo, caja de ritmos y tira millas.

En este juego demencial de fracasos amorosos, tías que te dejan tirado, filosofía adolescente y freakismo entrañable, nos topamos con unos Conchords inspiradísimos y desternillantes, parodiando los tics del hip hop y el R&B –atención a “I’m In Love With A Sexy Lady”, como si Montell Jordan o R. Kelly se hubieran vuelto lelos–, y dejando quizás el lado más folkie de sus comienzos para los momentos de ligero relleno: ahí están las guitarras de “Demon Woman”, una mezcla imposible de White Stripes y la música de los Munsters, o el momento hippie de “Rambling Through The Avenues Of Time”. Ah, amigos, pero el caviar llega cuando van de gáyeres ochenteros y firman un tema tan redondo y pasado de rosca como “Fashion Is Danger” ( “crees que conoces la moda / pero la moda es peligrosa”): como si Kraftwerk, Depeche Mode y Culture Club se hubieran fumado un porro de kilo. O cuando hacen su propia interpretación de la música de baile actual con vocoder incluido en Too Many Dicks On The Dancefloor ( “quiero conocer a una churri / pero están Adam, Steve y Martin / Bill, Todd y Tommy / todos son ex militares / creo que las únicas tetas que veré hoy serán un origami). Un deleite, sin descanso, un disco que te alegra el día. Así sencillo. Lo que voy a decir ahora le parecerá una gilipollez a muchos, lo sé, pero ahí va: uno de mis discos favoritos del 2009.

Óscar Broc

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