Tohu Bohu Tohu Bohu

Álbumes

Rone RoneTohu Bohu

7.4 / 10

Desde sus comienzos, Erwan Castex ha mojado los pies en aguas de electrónica calmosa, paisajística. Lo suyo no es el tam-tam visceral, sino todo lo contrario: conoce perfectamente los mecanismos de la música de baile, pero los derrite hasta convertirlos en imágenes oníricas y postales melancólicas de tufo cósmico. En esas lides, el parisino es un maestro. Si su anterior esfuerzo, el recomendable “Spanish Breakfast” era más unidireccional y cuadriculado en los bpms, en “Tohu Bohu” la pista de baile pierde corporeidad y se diluye en un tracklist mucho más lumínico, barroco y variado en la construcción de ritmos. Se trata sin duda de un capotazo evolutivo ejecutado con suavidad, sin movimientos bruscos, un enriquecimiento emocional que le da mucho más brillo y profundidad a las creaciones del francés.

El propio Castex ha admitido que grabar el disco en Berlín, una ciudad que le transmite mucha más calma que París, ha sido decisivo en la ganancia de ingravidez. Se nota; el salto de calidad es grande. Su vena más pistera ha remitido en favor de una composición de cuadro mucho más abstracta, rayana en el IDM y el bass feérico. El universo Rone es ahora un mar de electrones pop que chocan entre sí, generando melodías melancólicas que parecen cocinadas en galaxias muy lejanas. Los sintetizadores crean murallas de ambient lacrimógeno. Los bajos rebotan con suavidad. Los beats se enzarzan en acrobacias imposibles, desdibujando el límite entre house sintético e IDM. Los efectos son psicodélicos, pero sin pasarse. La sutileza es sin duda la clave. Todos los elementos que maneja Rone, todas las etiquetas, se amoldan a un concepto de electrónica en el que pista de baile y sofá se retroalimentan hasta fusionarse en una extraña amalgama de nervio percutor y letargia emo.

El sello Infiné puede enorgullecerse, pues, de uno de sus mejores soldados y sacar pecho como en sus mejores tiempos. Castex dibuja a la perfección una geografía cambiante poblada por robots existencialistas y almas cibernéticas en pena. El future funk hipnagógico de “Bye Bye Macadam” activa tu imaginación. El dubstep romántico de “La Grande Ourse” empapa tus entrañas con sus melodías de juguete. El trance psicodélico de “Parade” te hace levitar cual monje budista. “Fugu Kiss” podría formar parte de la banda sonora de “Ghost In The Shell”. El bass submarinista de “King Of Batoofam” es como meter la cabeza en el líquido respirable de “Abyss”. El ambient vaporoso y espacial de “Icare” podría haberlo firmado un híbrido de Kitaro, Maurice Jarre y Vangelis. Incluso el emo bass de “Let’s Go” –al más puro estilo XXYYXX– parece casar con los raps de High Priest (Antipop Consortium). Un trabajo finísimo que revaloriza el papel de Castex en la escena electrónica francesa. “Tohu Bohu” es romance y ciencia ficción. Alma e inteligencia artificial. Un disco muy serio.

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