Titi Titi

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Aardvarck AardvarckTiti

7.5 / 10

Aardvarck  Titi EAT CONCRETE Muchos leímos por primera vez el nombre de Aardvarck en el tracklist de aquel mix, “Wax Sessions II” (SonarMusic, 2003), firmado por Ángel Molina hace seis años (¡Jesús, cómo pasa el tiempo!). Por entonces, conseguí arrancarle poca información al de Badalona al respecto, salvo el detalle de que había conseguido el disco en cuestión en su visita a las oficinas de la distribuidora holandesa Rush Hour. Aquel tema, “Cult Copy”, acabó convirtiéndose en el track más popular de este holandés con pinta de haberse fumado todos los porros del mundo y alguno más. Algunos pensaban que la pieza era obra de Carl Craig, escondido bajo otro alias para despistar, mientras que otros lo emparentaron con la escena de neo-techno minimal que nos azotó a mediados de esta primera década de siglo. Pero detrás del trabajo de Mike Kivits hay mucho más que un software, unos plug-ins, la colección de Treibstoff bien alineada a su espalda y un mouse (pese a que el de Den Bosch reconoció algún tiempo después que sus trabajos encarados al techno se bastan con el programa Fruity Loops).

Aardvarck es en realidad un loco de la música negra –y también de la otra– que, en sus sesiones, te puede cascar cualquier cosa que vaya de Primus a Slayer pasando por Portishead y acabando con algunos broken beats primorosos. Me gustan los DJs sin escrúpulos, y este tulipán parece no tener demasiados cuando se pone tras los platos –en su caso, CDs–. Por si quedaran dudas, un tipo con tanta experiencia que ha llegado a grabar para el sello Djax-Up-Beats en 1993 –poco antes de que se pasara al drum’n’bass– tiene que ser alguien que sabe de esto un rato. De todas maneras a él lo que le pone no es tanto el techno sino la música tradicional cubana en particular y toda la latina contemporánea en general. También le va el hip hop de la costa oeste, del que intentó ofrecer algunas lecturas tangenciales en su anterior “Pigstyle” (Kindred Spirits, 2008). Antes se había calzado la llave inglesa para montar un juego de bricolaje muy particular en clave de 2step en el tema “Nosestep” (localizable en el maxi “Well, Well, Well”, publicado en Rush Hour).

Resumiendo, un tipo veleta que siempre busca el suficiente aire fresco para airear una cabecita que a veces parece que se mueve gracias a pequeños chisporroteos nerviosos. En su visita al Sónar de hace tres años comentó algo así como: “yo sólo soy el mono detrás de las máquinas que emite la música mientras otros le miran”. Tal vez por ello le ha puesto “Titi” a su nuevo álbum, que esta vez no sale en su sello fetiche Rush Hour, sino en Eat Concrete, enclave para el techno y la IDM abrupta para el que acaba de entregar un primer trabajo cargado de buenas intenciones: vendrán más, hay química. Además, este “Titi” se nos presenta también en descarga mp3 y no se pondrá a la venta ni en CD ni en vinilo, otra novedad para lo que ha venido siendo el método de trabajo habitual de Aardvarck, siempre reticente a todo lo que sea digital en el consumo, como buen fundamentalista de los formatos físicos para los discos –otra extravagancia del holandés serían los títulos de los tracks del álbum, a los que parece se les han caído unas letras y de los que hablaremos otro día que tengamos más tiempo–. El LP en general suena a remedo de muchas cosas, básicamente hip hop cinemático arrastrado y algo narcótico, armado con estructuras y trucos jazzy del que se descorren cortinas espaciales que recuerdan algo a su querido Detroit. Aquí también se parece en algo a Carl Craig, pero más al que tiene apego por la IDM planeadora británica que por el leñador de tracks pisteros. Diríamos que es su álbum más maduro hasta la fecha, pero tratándose de Aardvarck, vamos a decir que es el disco más maduro que podía haber parido un Peter Pan como él. Lo dicho, un perro verde.

David Puente

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