Tipped Bowls Tipped Bowls

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Taragana Pyjarama Taragana PyjaramaTipped Bowls

7 / 10

Por lo general, la música ‘avanzada’ o ‘de vanguardia’ apuesta por el bofetón más que por la caricia. Esto, que es inapelable dentro del sonido académico (con ese amor por la disonancia que marcó el siglo XX como un defecto fatal), llega al paroxismo en el ámbito de lo más o menos popular: será por herencia de Throbbing Gristle, del punk o de AMM, o por el complejo de hermano tonto que aqueja a quienes nunca tendrán el respaldo de los suplementos culturales, pero el caso es que cualquier artista pop deseoso de romper moldes, salvo que su nombre sea Brian Wilson, deberá acreditar un nivel de agresividad equiparable al del death metal noruego si quiere ser tomado en serio. Y eso, por lo menos.

Lo cual es una soberbia majadería, cuyos efectos pueden hacer, por ejemplo, que este primer LP de Taragana Pyjarama sea considerado como una simpática anécdota pop cuando es mucho más que eso. La iniciativa de Nick Ericken (alias Eim Ick, alias “el danés ése que se puso un nombre tan raro”) resulta tan atrevida como juguetona y brillante. No es que invente la pólvora, claro: sus invocaciones al santo poder del sampler vienen a demostrar, si es que demuestran algo, que Animal Collective son al pop de esta década lo que New Order fueron al de los 90 y los dosmiles. Aunque servidor, que es un clásico, preferiría pensar en Disco Inferno.

Tal vez la simpatía que provoca Tipped Bowls” en quien suscribe se debe a sus tres primeros cortes. Si, oficialmente, esto es un proyecto de música más o menos bailable, ¿por qué Ericken escoge comenzar su primer trabajo largo con dos pistas sin un puñetero beat? ¿A qué se debe que, cuando por fin llega el bombo a negras, All Those Weird Things” nos haga esperar un minuto largo de ambientaciones brumosas antes de ofrecérnoslo? Conforme prosigue la escucha del disco, asoma una posible respuesta. El hombre tras Taragana Pyjarama pertenece a una generación de productores que, liberados de la servidumbre constante de la pista, han redescubierto la verdad que se les apareció a los KLF resacosos de Chill Out”: que las formas del gremio electrónico son sólo eso, formas, y que como tales pueden ser alteradas y modificadas a gusto de quien las maneja.

De ahí que, en lugar de aguijonazos para hacernos mover el culo, “Tipped Bowls” ofrezca exhalaciones, suspiros y ambientes. Los cuales, caso del tema titular, pueden recordar a los otros mundos verdes de Brian Eno por preferir la sugerencia a la afirmación. De ahí, también, que se agradezca mucho un descanso de tanta evocación industrial y cibernética (la cual, 30 años después del Computer World”, ya ha perdido un tanto la gracia) en favor de paisajes soleados, playeros o lacustres. Y de ahí que, como el Subiza de Delorean (a quienes Nick Ericken ha remezclado), este disco pueda provocar reparos dado su empeño en resultar constantemente dulce, hasta el punto de que una canción titulada Terror Paradise” no inspira terror en absoluto. Pero quien escribe prefiere ignorar esas sospechas, por ahora, y dejarse mecer en paz.

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