Tinieblas, Por Fin Tinieblas, Por Fin

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The New Raemon The New RaemonTinieblas, Por Fin

7 / 10

Justo el día que “Tinieblas, Por Fin” llegó a las tiendas, Esperanza Aguirre se despedía de sus palmeros entre lágrimas. Lógico. Ramón Rodríguez se ha quedado a gusto soltando (ante todo, con mucha elegancia) toda esa bilis que le reconcome por dentro. Esto no es algo nuevo si atendemos a que, desde siempre, ha maquillado sus canciones con una tortuosidad marcada por miedos y desamores personales. Pero en su nuevo disco, el relevo sonoro de aquel “Libre Asociación” con el que el pasado año se desligó de su metamorfosis de cantautor folk-pop para volver a abrazarse a la sombra eléctrica de Madee, el catalán ha hincado como nunca el dedo en la llaga de esta crisis de valores político-económicos que nos ahoga. El tema titular ya lo deja claro irónicamente, del mismo modo en que esas “Risas Enlatadas” que resuenan en el Congreso cuando alguien plantea variaciones en el Pacto Fiscal. La sumisión está dando muestras de agotamiento.

Sí, en estas nueve canciones hay mala leche cortada por la coyuntura social, pero también belleza a borbotones como ese amor a medida con el que Pigmalión esculpió a “Galatea”. Dejando a un lado lo placentero que siempre resulta oír cantar a Rodríguez, y atendiendo a que éste es un disco continuista sin grandes sobresaltos, lo más llamativo es que su banda ahora suena más compacta que nunca. “Marathon Man” tiene toda la pinta de ser un auténtico torbellino en directo, sobre todo gracias a esa visceralidad con la que Víctor García aporrea el bombo. Pero también debe verse como un gran acierto la incorporación de su amiga Maria Rodés como corista de excepción en “Devoción” y esas cuerdas con las que Sara Fontán baña “Grupo De Danza Epiléptica” de ternura noventera.

Puede que muchos reciban este disco con algo de frialdad y anhelando ese tiempo no tan lejano en el que Ramón se colgaba de su pecho una guitarra acústica. La gente se queja por vicio. Atendiendo a su incesante productividad (a disco por año prácticamente), aún no nos hemos topado con un disco menor de The New Raemon. Y eso, guste o no, tanto a sus antiguos feligreses como a sus detractores, es lo que prevalece. La honestidad siempre es digna de admirar.

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