Til The Casket Drops Til The Casket Drops

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Clipse ClipseTil The Casket Drops

6.6 / 10

Clipse  Til The Casket Drops COLUMBIA

Hace unos cuantos meses ya que Clipse avisaron, conocedores del cambio de dirección que estaba por experimentar su trayectoria, que lo de “Hell Hath No Fury” no se volvería a repetir. Fue aquél un disco infernal, creado y pensado desde la rabia, el rencor y la desesperación, fruto de una mezcla poco recomendable de sucesos personales y disputas extenuantes con la multinacional que en teoría les cobijaba, y toda esa ansiedad quedaba reflejada en un sonido de minimalismo electrizante, beats opresivos y pulso callejero que redefinió la posición del dueto en el mapa musical de esta década. A ese arrebatador contexto musical se le unía la intensidad y ferocidad lírica de los protagonistas, contaminados e impulsados por todas las contrariedades a las que habían tenido que hacer frente, que no daban tregua en un viaje denso, crudo y visceral a las entrañas de su street life. Y como si no quisieran saber nada más de esa grabación convulsa pero memorable, los de Virginia han orquestado desde entonces una reorientación estética, expresiva y también conceptual que tiene en “Til The Casket Drops” su particular desembocadura. Lo que antes era el “Coke Rap” ahora ellos mismos lo denominan “Lifestyle Music”, y entendemos el concepto con claridad: portada ilustrada por el gran KAWS, el gran niño mimado del street art de esta década y gran icono de hypebeasts de todo el globo, imagen estrechamente ligada a A Bathing Ape y BBC, presencia en festivales musicales de fuerte filiación rock y remodelación a todos los niveles de un discurso que ya no resulta intimidante ni infeccioso. El filón está en el público blanco de clase media-alta, de raíces indies y vida díscola. Y a ellos se dirigen sin ningún escrúpulo.Si en “Hell Hath No Fury” todo eran lamentos, maldiciones, desafíos y mal cuerpo, ahora la situación es notablemente distinta: Clipse rapean sobre el éxito, sobre la vida de nuevas estrellas reconocidas y, especialmente, sobre los haters y críticos que les han puesto a caer de un burro. No es una temática contraproducente o desafortunada de por sí, no en vano algunas de las mejores canciones de la historia del género hablan de todo eso, pero el gran problema es que el tándem insiste y redunda tanto en este discurso autocomplaciente que a la postre todo acaba haciéndose pesado y muy repetitivo, sin punch ni emoción. Basta cazar un par de estribillos del principio del recorrido para darse cuenta de esta preocupante falta de ideas y, sobre todo, fuego lírico. En “Popular Demand (Popeyes)” arrancan con “Yeah! Mami you miss me don't you? / Haters wish you could hit me don't you? / Heh, you should call me uncle / I understand I'm back by popular demand”; y en la siguiente canción, “Kinda Like a Big Deal”, vuelven a la carga casi con lo mismo: “They whisperin' about us / I know you haters doubt us / How you count our money we ain't even finish countin' / Pardon me I must say, I'm kinda like a big deal...” . Y así todo el rato.“Til The Casket Drops” cambia la necesidad y el exorcismo personal de “Hell Hath No Fury” por la reafirmación constante, por una autoreivindicación innecesaria y por una sed de regocijo y recreación del éxito que no cuadra con el espíritu y la idiosincrasia de la banda. Clipse impactaron en su momento porque sus relatos a pie de calle tenían poder de convicción, fuerza interna y mucho ardor, y también porque contenían emoción y búsqueda de cierto rigor en la descripción de la rutina de un traficante de cocaína experimentado. No se trata de que permanezcan atados ad aeternum a esa temática, de hecho se comprende que en este cambio de estatus popular que les ha tocado vivir –aunque también es cierto que las cifras de ventas de sus últimas dos grabaciones han sido discretas–, su discurso pueda hacerse eco de esa evolución. Le sucedió a Jay-Z, a Nas o a Biggie, pero con el matiz importante de que ninguno de ellos perdió por el camino su fulgor y personalidad. Y en ese sentido, este nuevo álbum tiene poco de Clipse y sí mucho de decenas de wannabes con aspiraciones comerciales que han surgido estos últimos años.Malice y Pusha T, pues, no dan la talla y pierden el tiempo con un engorile sin sentido que no nos lleva a ninguna parte. Pero es justo advertir que la culpa de este ligero fiasco es compartida. Si el dúo de MCs no está a la altura de las expectativas, tres cuartos de lo mismo podemos decir de The Neptunes, productores de ocho de los trece cortes del álbum. La sensación es parecida a la que experimentamos con “The Blueprint 3”: Pharrell y Chad Hugo o están en un alarmante estado de forma creativo o llevan dos años viviendo de los descartes y beats desechados de su propia golden era. O casi mejor las dos cosas a la vez. ¿Dónde queda la sorpresa, la novedad, el cambio de tercio o la evolución? A excepción de “Popular Demand (Popeyes)” y “Showing Out”, sus dos aportaciones más inspiradas y dos enormes momentos del lote, el resto de la cosecha nos presenta una selección de beats muy sosa, monótona, como aburrida de sí misma. Es un bagaje menor, trufado de lugares comunes del sonido Neptunes de hace cuatro o cinco años, sin chispa ni brillantez, puro trámite para salir del paso. Y por supuesto en una línea sonora radicalmente distinta de la de “Hell Hath No Fury”, pues aquí priman los sintetizadores, los coros femeninos y una desafortunada tendencia a la sofisticación. El colmo de esta perrería creativa lo encontramos en “All Eyes On Me”, con Keri Hilson, horrendo intento de hacer un hit de club que no tendría cabida ni en el no menos horrendo nuevo álbum en solitario de Timbaland.La falta de pegada e ideas de The Neptunes se equilibra con el oficio de DJ Khalil y Sean C & LV, que cumplen bien su papel de beatmakers de refuerzo. De hecho, ellos aportan algo de luz y consistencia al proyecto y libran a “Til The Casket Drops” del suspenso total. “Freedom”, “Popular Demand (Popeyes)”, “Kinda Like A Big Deal” y “Showing Out”, los cuatro temas de arranque, sólidos, magníficos, muy acertados en la idea original de dotar de mayor versatilidad comercial al discurso de la banda, evitan el naufragio y le salvan el culo al álbum. Porque a partir de “Door Man” toda la segunda parte del disco, como también le sucedía a “The Blueprint 3”, enseña la peor cara de Clipse y no deja en muy buen lugar a esta reorientación personal y artística que quieren vendernos desde el inicio. Decepción. Next.

David Broc

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