Tigerbass Records Presents Tigerbass Volume One Tigerbass Records Presents Tigerbass Volume One

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Varios VariosTigerbass Records Presents Tigerbass Volume One

7.5 / 10

Varios  Tigerbass Records Presents Tigerbass Volume One TIGERBASS RECORDS

Quien haya seguido a Kid606 a lo largo de los años sabe bien que el californiano es un niñato prodigio que, aunque tenga su corazoncito emo a la hora de practicar electrónica ambiental, también le tiran los chistes de caca-culo-pedo-pis más que a un tonto un lápiz. Es de esas personas a la que es muy fácil imaginárselas en la taza del excusado, con el pantalón a media asta, rescindiéndole el contrato a Kaká y leyendo entre risas perrunas y sonorísimos pedos un ejemplar de El Jueves trincado al azar del revistero. Una persona, en definitiva, que disfruta de los grandes momentos de la vida. Un tipo con un sentido del humor troglodita que hace una década que nos va deslizando perlas jocundísimas bajo la puerta. Sería demasiado prolijo ahora mismo recapitular la ristra de animaladas perpetradas por Miguel Depedro en estos tiempos, así que concentrémonos en la última, que es Tigerbass Records, un subsello reciente de Tigerbeat6 –comenzó su andadura en 2007 con un EP de mash-ups delirantes en el que había gentuza que mezclaba drill’n’bass con el “The Final Countdown” de Europe– que finalmente ha adquirido una personalidad propia dentro de la casa de San Francisco. Si Violent Turd es la marca para los mixes ilegales, Tigerbass es la división para la fiesta bruta y la electrónica que gusta a quienes, a falta del pollo de perico, hacen avanzar la noche a base de litrona y pellizcos en el culo de las chicas.

Este recopilatorio, vaya por delante, no tiene mucha historia. Es el habitual compendio de material-previamente-editado-en-vinilo-ahora-por-fin-disponible-en-CD, presentado en una edición barata –tan barata como un cartoncito al módico precio de unos 6 dólares o así– y con trancos firmados por dieciséis hotentotes dispuestos a competir por quién la dice más gorda. Con lo que aquí nos obsequian nobles caballeros del eructo digital como Luke’s Anger, Dolby Anol, Sickboy, The Six Million Dollar Kid, Com.a y el propio Kid606 –hay más– es con un paisaje de pseudo-rave verbenero y trotón –ahí están C.L.A.W.S. y su “Canteloupe”, que es como la versión mugrienta de los italianos Crookers–, IDM gruesa barnizada de filtros disco al estilo Daft Punk pero con resultados así como humorísticos, como si estuviera hecho todo en una tarde y entre risas bobas – “Heather I’m Dry” de Dolby Anol–, mucho breakcore elástico y zarrapastroso mezclado con funk carioca y la reglamentaria inclinación al casi-gabber – “Kiss My Ass, Goodbye”, del japo Com.a–, recuerdos del old school hardcore con su toque ragga/jungle – “Bad People Get Laid”, de Genuine Guy–, asaltos medio ácidos que suenan a transistor descacharrado – “4 On The Floor 2012”, de Eat Tapes– y este tipo de cosas de gente rústica, sin estudios, nacidos a la vera del arroyo y amamantados por una loba.

La conclusión no es otra más que esta: el recopilatorio es un escaparate y, a menos que uno deteste la música electrónica bruta, chistosa y gástrica, es valioso porque es una continua sorpresa tras otra; lo dicho antes, una competición de a ver quién la tiene más larga o la lía más. Lo paradójico de esto es cómo Tigerbass Records ha suplantado a la casa madre, Tigerbeat6. En su día, Tigerbeat6 fue el sello que dinamizó la IDM con toneladas de actitud, mala leche y títulos cachondos o insultantes en un tiempo en que la gente grababa tutoriales de tecnología digital con títulos alfanuméricos. Con los años, Tigerbeat6 fue perdiendo fuelle, perdiéndose entre mediocridades post-rock y experimentos rarísimos, pero el espíritu de tocar la pera, y sobre todo de adaptar la electrónica de dormitorio a los desarrollos de la música de baile popular, ha vuelto a germinar en un subsello que amenaza con comerse a la nave nodriza. Porque todo lo que hay aquí, aunque sea un despropósito a costa de un chiste que ya nos sabemos porque lo hemos oído mil veces, sigue sonando refrescante, diversión desechable que, lo más importante, vuelve a restarle hierro a la seriedad con la que habitualmente nos venden la música electrónica experimental. Aquí se pota encima de eso, o sea.

Javier Blánquez

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