Tides Of Mind Tides Of Mind

Álbumes

Oxia OxiaTides Of Mind

6.4 / 10

El barco se hunde. Bueno, en realidad para muchos hace tiempo que la nave del tech-house traquetero y digitaloide yace en las profundidades abisales con no pocas capas de moho recubriendo su casco. Quien más quien menos ya se debería haber dado cuenta de eso. Incluso en los tops de Beatport –esa orgullosa central de los pedetes digitales– podría rastrearse la caída en desgracia del género en pos de un sonido –tan artificial y aburrido como el anterior, dicho de paso– que busca inspiración en el house de toda la vida. Con este panorama enfrente, hasta un niño de seis años con su correspondiente copia pirata del Ableton Live podría darse cuenta que lo que toca ahora es, o bien lanzarse a comprar maquinaria analógica –buenos tiempos para todo aquel que sepa como reparar las voces de un Juno 106– o bien tirarse a la piscina en busca de lo que se suelen llamar “sonidos orgánicos”.

Que a nadie le quepa duda, es hablar de sonido orgánico y a más de un prescriptor musical se le eriza el vello de la coronilla. El sonido orgánico (ya sean voces, instrumentos acústicos o grabaciones de campo más bien aleatorias) siempre va ligado, según el tópico, a la madurez de un discurso y a la búsqueda de cotas artísticas superiores. Por eso, cuando uno lee por ahí que todo un caballero del techno francés como Oxia ha echado mano del pianista Richard Gow para darle un toque más “orgánico” a su nuevo álbum, un gélido escalofrío empieza a recorrer mi columna vertebral. Si a esto le sumamos las referencias tanto en título – “Tides Of Mind”– como en portada –esas olas de estética romántica que chocan de manera inclemente contra un puñado de rocas– a la idea de desligarse del corsé del 4x4 para explorar nuevas direcciones sonoras, uno acaba por temerse lo peor incluso antes de escuchar por primera vez el disco.

Por suerte, una vez repasados los temas de este “Tides Of Mind” el posible desastre queda únicamente en un par de tragos amargos que vienen en forma de tech-house saltimbanqui en la circense y desfasada “Latitude”, o bien en colaboraciones vocales muy poco agraciadas como la de Miss Kittin (sí, no es broma, Miss Kittin) en un “Housewife” que, sin su presencia, estaría mucho mejor. Dentro de la sección zapatillera del asunto, pero con algo más de interés, quedan algunas composiciones de texturas livianas y percusión contundente que, en ocasiones (“ Rue Brusherie”), intentan mirarse en el espejo ligeramente jazzy de St. Germain, mientras que en otras ( “Harmonie”, “Nightfall”), se conforman con reproducir los patrones del género añadiendo el famoso toque orgánico del que hablábamos antes y un extra de melodías brumosas que no les sientan del todo mal. En esta misma línea, pero abandonando territorios bailables, tenemos la curiosa “Travelling Fast”, que por el tratamiento de las voces y la intensidad de ciertos pasajes, resulta un acercamiento amable y casi creíble del francés a las texturas brumosas y desdibujadas que reinan hoy en las filas del pop hipnagógico.

El resto del disco se reparte entre un par de oxigenaciones ambientales ( “Premiss” y “Exalia”) bastante conseguidas que se debaten entre Café del Mar y Global Communication, y un experimento melódico cargado de breaks (“ Sway”) que, con su regusto ciberdélico y ese tufillo a pop electrónico francés (el de AIR), nos muestra que el cambio de rumbo en Oxia podría llegar a ser menos forzado de lo que uno podría suponer en un principio.

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