Third Strike Third Strike

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Tinchy Stryder Tinchy StryderThird Strike

6.1 / 10

Tinchy Stryder  Third Strike ISLAND-UNIVERSAL

La transformación de la generación grime y post-grime en estrellas del pop superventas resulta todavía una realidad difícil de creer –es más, hace sólo cuatro años, la mera insinuación de que los charts al final de la década acabaran inundados por rappers británicos hubiera parecido una idea delirante–. Pero aquí estamos, y comprobar cómo aquellos artistas que entrenaban sus habilidades en la radio pirata londinense recogen ahora su recompensa resulta alentador por mucho que la música sea, por decirlo de un modo suave, más que irregular.

Sería increíblemente injusto, por otra parte, afirmar que esta nueva catarata de pop negro británico tiene su razón de ser únicamente en el uso y abuso del autotune de garrafón al estilo de las noches en el club Aftershock. Evidentemente, hay algo de eso, completamente en la línea de lo que practica Taio Cruz, y esa tendencia se refleja en este álbum. Pero por cada uno de los riffs trance en plan Calvin Harris (en malo) y por cada uno de los estribillos intercambiables con los que nos ha estado bombardeando la radio-fórmula matinal, hemos tenido al menos un tema con genuina personalidad: “Pass Out”, de Tinie Tempah, merece tocar la gloria, y el “In My System” de Tinchy no anda demasiado lejos de ese nivel de brillantez.

“In My System” es, de hecho, un single con hechuras de clásico: suena como un tema pop-house de 1988 amplificado a través de una pantalla gigante en alta definición, con riffs a la manera de Todd Terry que pegan fortísimo en medio de un borboteo de sintes e implacables acelerones de platillos que acentúan la espectacular concatenación de ganchos y unas letras que esconden un pícaro significado de misterio. Es una cuestión de pura algarabía, y hubiera sido un comienzo jubiloso para un álbum, pero por desgracia aquí es sólo un triste segundo plato tras la Gran Apertura Rap de “Take The World”, con sus sonidos intimidantes y sus letras vulgares propias de un libro de autoayuda, como un Jay-Z de segunda división.

A partir de ahí, en cualquier caso, el álbum empieza a encontrar su lugar. “Famous” se desliza por encima de un comedido riff de rock, engalanado con pitidos de la era rave, y consigue que hasta resulte simpática esa desgastada cantinela de “me odias porque soy famoso”. “Tomorrow” enseña la patita del trance y un estribillo con autotune que no es que sea para morirse precisamente, pero que tiene un bajo zumbón y una conclusión que suena a dubstep ondulante, repleta de giros originales. Y “Gangsta”, el “single callejero” que se escucha justo antes, añade más rock duro y un trasfondo tan crujiente que consigue que te sientas como encerrado a cal y canto en la voz arrogante de Tinchy.

En medio de todo esto es cuando aparece la absolutamente lamentable “Second Chance”, en la que participa –cómo no– Taio Cruz y suena como si alguien hubiera echado una gigantesca cucharada de azúcar sobre el bistec de tu almuerzo, un punto flaco evidente que echa a perder el resto del LP. A partir de ahí el álbum inicia un declive tirando de refritos de pop para estadios con influencias 80s, esa fórmula cargante que ha hecho de “Umbrella” o “Burning Love” megahits internacionales de tantísimo calibre. Y eso por no hablar de “Stereo Sun”, “Let It Rain”, “Together”, “Til The End” o “My Last Try”, que no dejan de ser canciones malas aunque, por el contrario, cualquiera de ellas pudiera ser un gran single para la radio –la metáfora del “sol en estéreo” al que tanto se refiere y que es símbolo de su éxito– a la vez que enseñan lo intrigante y evocador que se ha vuelto como letrista. Pero, grosso modo, el mensaje arribista y el sonido seco del conjunto acaba por aburrir al cabo de un rato.

Puede que al disco le falte variedad –aún así, está condimentado también con sus momentos de genio sin discusión posible, como ese corte de post-crunk pandillero sostenido por un bajo zumbón titulado “Game Over”, en el que se alternan al micrófono los talentos de Giggs y su voz de barítono gangsta tan siniestra como descojonante, Professor Green y sus juegos de palabras incisivos y Chipmunk en una intervención, cuanto menos, demente: en verdad, aquí hay un nuevo modelo de uso para el hip hop británico. Y la voz de Trinchy, así como sus letras, siguen desarrollándose de un modo en que, aunque él pueda parecer algo gris como personaje, sin la afección emocional de Dizzee o Wiley, le sigue haciendo parecer apasionante incluso cuando se empeña en recital la habitual y sobadísima letanía propia de los rappers que acaban de llegar a la cima.

Parece como si, en un esfuerzo por cubrir todos los ángulos posibles una y otra vez, lo que pudiera haber sido un álbum brillante y personal acabe pasado de vueltas y desinflándose con mayor velocidad de la esperada, algo que también le pasa al reciente “Disc-Overy” de Tinie Tempah. Aquí hay mucho amor, y quizá tanto exceso sea únicamente un síntoma de la era de los downloads: un disco pensado para que los fans puedan escoger lo que quieran entre toda su variedad. ¿Sería mucho pedir que alguien de la nueva generación completara un álbum capaz de llegar al mainstream a la vez que a los fans más íntegros sin tener que sonar tan desperdigado? ¿Que alguien pudiera entregar por fin un digno sucesor de “Boy In Da Corner”? Tinchy tiene el talento para lograrlo, y una y otra vez lo está demostrando, pero por desgracia éste no es el álbum.

Joe Muggs

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