There's No Leaving Now There's No Leaving Now

Álbumes

The Tallest Man On Earth The Tallest Man On EarthThere's No Leaving Now

7.8 / 10

El tercer álbum del sueco Kristian Matsson, alias The Tallest Man On Earth, es el más crepitante, el más nostálgico, el menos urgente, y, sin duda, el más inspirado de todos cuantos ha firmado hasta la fecha. Superado el deseo, más que legítimo, de querer convertirse en algo parecido a la versión escandinava de Woody Guthrie, sustituyendo la raíz americana original por una suerte de rabia folk de songwriter indignado que está harto de dar vueltas por un mundo que definitivamente nunca va a ser maravilloso, Matsson da en este alicaído e intenso “There's No Leaving Now” una lección de honestidad y austera –aunque efectiva– metamorfosis pop que le acerca más a un Eric Bachmann dispuesto a encandilar (y aquí entra en juego el estribillo como gancho) con sus tristes historias que a un beligerante ex combatiente de la trinchera folk (que protesta).

Matsson ha vuelto a tomarse dos años (su carrera en largo arrancó en 2008, con el trepidante y muy americano “Shallow Grave” y continuó en 2010 con el más maduro aunque igualmente rebelde “The Wild Hunt”; entre ambos ha habido dos brillantes EPs) para reunir las piezas que dan forma a cada uno de sus discos, atravesados todos por una pasión (casi enfermiza) por la Americana. En este caso, lo sorprendente es el cambio de tono. Cuando todos creíamos que lo de Matsson era el folk con prisas, la Americana combatiente de flequillo revuelto, el chico se descuelga con un álbum reflexivo que comparte tono y matices con el espléndido e injustamente incomprendido “Love Is Hell” de Ryan Adams. La sensación es la de un tipo encerrado en una habitación demasiado pequeña tratando de articular una confesión que no hunda, sino que propulse, al que escucha a un lugar mejor. Aunque a ratos suplique (“1904” y, sobre todo, “There's No Leaving Now”) lo hace de una forma prodigiosa, y cuando se pone en plan risueño (la despierta “Wind And Walls” es casi el único corte happy ending del álbum), Mattson es capaz de superar cualquier atisbo de bucólica luminosidad que haya tenido jamás Sam Beam. Por momentos se deja llevar por una ensoñación de aspiración pop ( “To Just Grow Away” es la perfecta introducción al disco) para luego construir auténticas joyas (en rústica) de Americana minimalista (o el golpeo de cuerdas como se golpean las teclas de un piano en “Criminals”) y atreverse a sentarse en la misma butaca que Micah P. Hinson (la intensidad de “Bright Lanterns” es puro noir).

Así que Kristian Matsson, el tipo más alto del mundo, ha decidido abandonar la queja y empezar a escuchar, a escucharse, y a dejarse consolar, a la vez que consuela, con sus palabras, al que escucha. Emocionante, profundo, honesto, “There's No Leaving Now” no sólo da una nueva dimensión al ya de por sí maduro sonido del intrépido sueco sino que es a todas luces uno de los discos del año, en su (polvoriento) terreno.

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