There Is Love In You There Is Love In You

Álbumes

Four Tet Four TetThere Is Love In You

9 / 10

Four Tet  There Is Love In You

DOMINO / PIAS SPAIN

Si repasamos los copyrights, resulta que el último disco largo de Four Tet se remonta a 2005. “Everything Static”, versión algo rebajada y menos majestuosa de “Rounds” (Domino, 2003), es de ese año, pero parece que sea de ayer porque en estas cinco temporadas Kieran Hebden ha seguido trabajando a destajo en otra dirección, con otro objetivo, diversificando su trabajo por ahí y haciendo inventario –el volumen doble “Remixes” (2006)– y, sobre todo, colaborando con otra gente, como si no quisiera o no le saliera otro nuevo largo de Four Tet y despreciara la creación en soledad. Entre 2006 y 2009 se puso a grabar cuatro álbumes con sobredosis de LSD e improvisación muy setentas con la leyenda del jazz progresivo Steve Reid, movimiento que resultó muy aplaudido en círculos indies en los que se seguía con entusiasmo la escena del acid-folk, pero que estaba lejos del detallismo noventas y la búsqueda incisiva de la melodía que había puesto en marcha nuestro hombre con el milagroso “Pause” (Domino, 2001), y que está en el origen del respeto que se ha ganado entre la comunidad electrónica. No es que tirar hacia la psicodelia y el folk fuera raro para él, porque esos dos elementos estaban fuertemente arraigados en el lenguaje de Four Tet desde el primer momento, incluso cuando grababa en el sello Output, pero junto con Steve Reid, al no tener el control absoluto del resultado final, el experimento resultó demasiado disperso, revivalista y alucinógeno. Un disco de Four Tet produce siempre una dislocación suave de la realidad –o, mejor dicho, un síndrome de Stendhal–, pero los que grabó con Reid estaban más cerca de la indigestión de hongos que de la miel para los oídos. También en estos años –bueno, hace año y medio– colaboró con Burial en aquel maxi negro para su sello Text, inserando marimbas entre desarrollos rítmicos post-garage, y le dedicó semanas de trabajo a la producción del grupo Sunburned Hand Of The Man. O sea, mucho Kieran Hebden, el músico polivalente, el hombre del audio escurridizo y con textura de esparto, pero nada de Four Tet, el productor que transforma la geometría IDM y la pastoralia cuasi folk en una carta de amor.Por eso “There Is Love In You” se presenta como un disco tan importante. No sólo porque sea un derroche de vida y plenitud artística (maldita sea: traduzcan el título y ya queda dicho todo), sino porque viene a reafirmar que siempre que Kieran Hebden tenga algo esencial que decir, lo hará bajo el nombre de Four Tet. Este álbum llega, no porque haya que cumplir cuotas y plazos, sino porque ha dado con la manera, por fin, de manifestar un sentimiento profundo. Se habrá casado, estará embarazado, se habrá comprado la casa de sus sueños, es del Barça: ni lo sabemos ni nos importa, en realidad. Pero sí transmite una emoción irreprimible que nunca pudiera haberse filtrado en ninguna otra grabación mercenaria o por caridad. Visto el anterior trabajo de Kieran Hebden una vez entregado “Everything Static”, este nuevo álbum sólo podía ser de dos formas: o de introspección jubilosa o de extroversión eufórica (nótese que en 2008 Four Tet publicó “Ringer”, un doble maxi que sonaba a una mezcla entre el krautrock de Can y el neo-trance de James Holden), y al final ha sido la primera forma la que ha prevalecido, con un poco de lo segundo para complementar un enfoque que, para lo que este disco quiere decir, resulta crucial.Tomemos el mismo arranque: “Angel Echoes” tiene esas resplandecientes y susurrantes voces de chica, sin duda tomadas prestadas de Burial, pero usadas de la manera precisa para acentuar un sonido que es suave y orgánico, sin estridencias ni prisas, como a Four Tet le gusta. Lo que dice en estos cuatro minutos de pórtico acertadísimo es que vuelve el mismo de siempre, pero con un matiz de purificación en el sonido, que en discos anteriores había sido la suma de la angulación IDM y el reposo pseudo-acústico con una sensación psicodélica propia de los setenta. La purificación está en que la IDM sigue ahí, pero mucho más orgánica; lo acústico prevalece a base de marimbas, loops de guitarra y platillos; y la psicodelia es mucho más a flor de piel, como si, a la manera del galileo con el agua y el vino, Hebden hubiera transformado el LSD en éxtasis. “Sing”, “Plastic People” o “She Just Likes To Fight” marcan la temperatura en ese sentido.El otro punto fuerte del disco está en el puente sonoro que Four Tet tiende entre la ciberdelia de los noventa –resumida en esa idea de éxtasis, de amor incondicional, de pureza inmaculada que transmite el tono del minutaje completo de la obra– y la inclinación escapista, cósmica y analógica de los años setenta, que sigue estando en una base psicodélica, pero mucho más meditativa, cerebral y controlada que en otras ocasiones. El que fuera single de anticipo de “There Is Love In You”, la floreciente “Love Cry”, lo tiene todo: un break trip hop acelerado, que recuerda a la era en que el sello Mo’Wax era la cúspide de lo cool, y texturas añadidas de computadora antigua y sintetizador modular chisporroteando –a los más veteranos quizá les recuerde a aquel remix que los prmeros UNKLE (todavía con Tim Goldsworthy en el equipo) ofrendaron a Tortoise en “Djed” en 1996–. Y es que si en aquel remix UNKLE arrancaban con un sample del minimalista norteamericano Steve Reich, también hay ese ingrediente en el álbum, organizado a partir de la repetición insistente pero no invasiva de loops que ayudan a construir una sensación flotante, algo ingrávida, que alcanza su culmen con maravillas como “Circling” –acentuado con teclados new age en la línea de Oneohtrix Point Never–, los dos minutos deudores de Brian Eno en “Reversing” o la brutal “This Unfolds”, en la que Four Tet juega a ser un synthesizer hero a lo Edgar Froese, tocando teclas como quien pone a girar una perinola, y rematando la canción con un bombo para el club que quizá no levante entusiasmos entre la masa, pero sí la líbido entre los corazones sensibles.“Ringer” fue un maxi trampa por sugerir que Four Tet podría tirarse de cabeza a la música de baile –sólo dos o tres temas del disco son abiertamente pinchables–, pero no al indicar que lo cósmico, lo setentas y lo extasiantemente noventas iban a funcionar de una manera tan exacta en su engranaje sonoro. Lo que anticipó “Love Cry”, por tanto, se ha cumplido: intensidad rítmica, hipnosis efectiva, textura acústica y una felicidad incontenible, sin matiz agrio –ni tampoco ácido–, que se contagia. Cuando se acaba el disco no sólo te sientes suspendido, sino que además te sientes bien. Evadido, satisfecho y pleno. El antídoto perfecto para cuando, por culpa del trabajo, el hado o un hijo de puta, se tuerce el día. Javier Blánquez

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