There Is No Enemy There Is No Enemy

Álbumes

Built To Spill Built To SpillThere Is No Enemy

8.8 / 10

Built To Spill  There Is No Enemy WARNER BROS.

Built To Spill es una de esas bandas que llevan ahí tanto tiempo haciendo las cosas bien que a algunos se les olvida, o a otros les da pereza descubrirlos porque no saben por dónde empezar. Por suerte, los chicos de Dough Martsch son profesores entregados a la causa y nunca han arrojado la toalla con los alumnos olvidadizos, los tontos y, sobre todo, los principiantes. Cada cierto tiempo, los de Idaho van y sacan un discazo para dar con el palo y la zanahoria al rebaño y reconducirlo hasta el abecé del indie-rock entre tanto hype que corre por ahí. A mí que me perdonen por todo este venazo reverencial hacia Built To Spill, pero es que se trata de una banda como dios manda. Ni un solo paso atrás en una carrera longeva de casi veinte años, siempre manteniéndose al mismo nivel (o más) que sus coetáneos de esa supuesta escena llamada “Northwest” (con pesos pesados como Modest Mouse y Death Cab For Cutie), y ofreciendo unos directos de santiguarse al acabar de lo milagrosos que llegan a ser. Tal vez ya no innoven como en la década de los 90 pero, qué más da, sus discos en este milenio son rotundos y, como mínimo, suenan como debe sonar una banda que se gusta a sí misma.

La nueva lección que estos catedráticos nos vienen a presentar se llama ”There Is No Enemy”, un disco muy en la línea a su anterior “You In Reverse”, pero mucho más afinado en el resultado final. El álbum tiene todo lo que se espera de Built To Spill: guitarras trabajadas hasta la perfección (dicen que es imposible saber quien ha grabado cada guitarra porque Martsch ha ido mezclando, superponiendo, cortando y pegando a su antojo en su estudio casero), la inconfundible voz de Martsch con su gusto por lo muy melódico, y ese sonido compacto donde todo encaja y ninguna de las partes implicadas necesita destacar sobre la otra. Built To Spill siguen igual también en el capítulo de las letras, que no aportan demasiada filosofía pero al menos les quedan resultonas.

El álbum abre con “ Aisle 13”, uno de esos temas a tiempo moderado pero con riffs de guitarra pegadizos que tanto gastan estos tipos. Una canción que en seguida nos deja entrever que los de Marscht se han currado un disco que apuesta por el buen rollo pero siempre con la contundencia habitual. “ Hindisght”, el segundo corte, nos confirma eso de que Built To Spill han abandonado el tono un poco deprimente de “You In Reverse”, pero se ha quedado con las estructuras clásicas del rock que ya esgrimieron ahí. Después del parón a medio tempo que supone ” Nowhere Lullaby” (bonito, eso sí), el disco vuelve por sus fueros con “ Good Ol' Boredom” y las distorsiones con litros de deelay. “ Life's A Dream” pone emotivos a los de Idaho con sus guitarras nítidas y con Marscht escrutando su interior hasta darse cuenta de que él y el resto del mundo son iguales. Con “ Oh Yeah” la música es lenta y pesada, como si de un gigante se tratase, pero acaba explotando con un final en el que las ganancias de los amplificadores deben estar al 10 (o al 11 si eres Nigel Tufnel, de Spinal Tap). “ Pat” muestra un grupo a velocidad garajera, “ Done” es un tema marca de la casa, y “ Planting Seeds” tiene un regusto increíble a los Pixies más poperos. “ Things Falls Apart” y “ Tomorrow” cierran un disco casi redondo.

Built To Spill siguen en la brecha y quiera quien decida eso que sigan en ella por mucho tiempo más. Con profesores así, creo que hay bastantes alumnos dispuestos a subirse a los pupitres y decir aquello de Oh, capitán, mi capitán, como en aquella película de Robin Williams. “There Is No Enemy” no representa ninguna sorpresa por su calidad, sólo una prueba más de lo que es una carrera sólida y una fama ganada por el trabajo bien hecho. Larga vida a Built To Spill.

Gabriel Trindade

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