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bRUNA bRUNAThence

8.7 / 10

Sigue siendo un artista de distancias cortas –28 minutos duraba aquel debut prodigioso y melancólico, “And It Matters To Me To See You Smiling” (2009), mientras que su segundo round se alarga un poco más, hasta los 38–, pero esa no es la noticia relacionada con el regreso de Carles Guajardo a la producción. Quien haya seguido sus pasos dentro de la escena electrónica barcelonesa ya sabe que bRUNA es –o debe haber sido– un devoto lector de Baltasar Gracián y que ha hecho suya la máxima de que lo bueno si breve, dos veces bueno, porque lo suyo son las viñetas IDM miniaturizadas y condensadas con algo de pop, sonrisas y lágrimas, y que en ese arte de la orfebrería es un autor infalible, aunque de procesos lentos. Lo que no transmitía tanto su primer disco es su pasión por la música de baile de trazo estilizado e influencias old school –terreno que pisó, muy tímidamente, en su maxi para el sello de Marc Marzenit, “Heartache EP” (2008), y esas compuertas que contenían su tendencia al hedonismo por fin se han roto en un “Thence” que ha tardado en llegar, pero que ha llegado en un momento de nuestras vidas en el que cualquier alegría, invitación escapista o rayo de luz puede tener efectos balsámicos –es una mierda ahí fuera, ya saben–. Si el primer disco te dejaba hundido por su enorme carga sentimental –sincera, doliente, sin penas falsas–, este segundo representa el esfuerzo consciente por levantar el ánimo y enfrentarse a la vida con optimismo: tiene beats de esos que zumban con un golpe seco y exacto –tan del italodisco–, ramalazos ácidos, melodías ciberdélicas, muestras vocales agudas y un solo de guitarra daftpunktiano, que le dan otra dimensión, ligeramente eufórica, a su habitual ánimo alicaído.

Lo que es “Thence” queda resumido en el título, un juego de palabras que hay que leer como una mezcla entre ‘then’ (dando a entender que su inspiración está en el pasado, en ‘aquel entonces’, o illo tempore en latín, una lengua que, por cierto, Carles sabe leer y escribir perfectamente gracias a sus estudios de derecho) y la doble homofonía que se produce con ‘dance’ (por la música de baile, como eje conductor de los doce cortes) y ‘dens’, que en la lengua de los Pujol significa ‘denso’ e indica el alto nivel de concentración de sonidos y de compactación de los elementos sonoros. El trabajo de depuración de bRUNA es admirable: alérgico al loop como Dani Alves al agua, repite las estructuras rítmicas sólo lo necesario, dejando que los bucles rítmicos que sostienen la arquitectura del track para que funcionen en el club se repitan durante unos pocos compases, y en el caso de mantener el beat durante más tiempo del preciso –ejemplo: los cuatro minutos y medio de “You’ve Been Light To Me”, la canción más larga de todas–, haciendo que por encima pasen cosas continuamente, como un arpegio, una línea de bajo que (¡ah, truhán!) está robadísima con mucho arte del “Lush 3.1” de Orbital, unos sintes como olas de mar bravo y, justo en la mitad, un sample de “It's A Fine Day” (Opus III) que hace que salten todas las alarmas de la memoria (y algún líquido corporal) para llevar, a quien conozca estos referentes, a una etapa muy importante para la generación de clubbers que ya ha superado los 30 años: la de la educación sentimental en materia de música electrónica. De ahí la importancia del ‘then’ en “Thence”, porque en realidad es la crónica sentimental en neón de una vida, la suya, guiada por el amor a los sonidos sintéticos.

“Thence” no es un trabajo de sampling meticuloso, aunque está claro que bRUNA esconde homenajes por todas partes a viejos clásicos del house de Chicago, el synth-pop europeo, el eurobeat, la música clásica y el pop etéreo que forman la base de su formación estética: la música que escuchaba de niño y en su primera adolescencia, la que sonaba en la radio y estaba en la colección de discos familiar, ahora reprocesada con los filtros del recuerdo necesarios para componer un collage absolutamente personal y que podría pasar perfectamente como el disco que hace 12 años que estamos esperando por parte de The Avalanches (y que ya nos da lo mismo si llega o no, para qué teniendo esto). “Thence” es una especie de “Since I Left You” que se materializa a través de la influencia de los viejos “Max Mix” de Toni Peret y Josep Maria Castells –o los “Bolero Mix” de Quique Tejada–, las postales mentales de un verano feliz, las primeras visitas al Sónar y las compras de títulos de Warp en CD Drome: una historia que podría haber sido la tuya, y precisamente por eso conecta tan bien en lo sentimental. También es una búsqueda arqueológica en sus propias raíces (el disco se cierra con “1996”, un tema primigenio de Carles de ese mismo año, cuando aún era casi un niño) que, en una pirueta estética, anda sobrada de violines (deslizantes en “Second Attempt”, disonantes y maltratados con software defectuoso en “Tired Of Tricks”), sintes ‘baleáricos’ y neumáticos (el primer single, “Smell Memory”, pero también “Closer”), lo que parecen tributos al primer house europeo de recorta-y-pega de Bomb The Bass y M/A/R/R/S ( “Tiny Life”, “Basic Drum”), líneas de 303 que en vez de sulfuro derraman serotonina ( “Won't Say”), disco descocado con guitarra pirotécnica ( “Magic Tweens”) y, ante todo, una luz clara, cálida, que ilumina un mundo donde no existe el dolor. Para bRUNA, “Thence” es un regreso proustiano a sus momentos de inocencia y despertar, cuando todo estaba bien y la vida era fácil, una particular busca del tiempo perdido a la que uno se suma con entusiasmo. No son 3500 páginas, pero son 38 minutos perfectos.

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