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Pictureplane PictureplaneThee Physical

7 / 10

Pictureplane  Thee Physical LOVEPUMP UNITED

Últimamente he notado un resurgir del Ice-Rink-Core. Dicho en otras palabras, se trata del género que incluye todo aquello que se podía escuchar a todo trapo en los altavoces de una pista de patinaje (o unos autos de choque) a mediados de los 90, una mezcla que iba de Yazoo a The Prodigy pasando por CeCe Peniston. Lo que hace Pictureplane es adoptar el formato de los himnos de los autos de choque y mezclarlos todos de manera adecuada y enérgica, de modo que suena como si al lado de tu edificio se estuviera desarrollando una rave. Los bombos y los zumbidos hacen que tiemblen las paredes, fracturan los ritmos y distorsionan el sonido. Es una combinación fantástica.

“Thee Physical”, el segundo álbum de este artista de performance con base en Denver y llamado Travis Egedy, se abre con la maravillosamente propulsiva “Body Mod”. Egedy deja muy claras sin intenciones desde el principio: repetir constantemente la frase “el mal comportamiento vuelve a estar de moda” por encima de sintes punzantes y bombos que golpean sin descanso.

“Black Nails” y “Sex Mechanism” perpetúan el frenesí bailable y la euforia a la vez que subrayan el resto del disco con una incomodidad propia del witch-house. “Trancegender” es otro momento clave del disco, bañado en ascensiones melódicas eternas y cambios de ritmo inesperados. Suena como si fuera una radio más sintonizada –con el dial en medio de dos frecuencias que captaran sendas canciones de The Cure y Kelly Charles– con las ocasionales interrupciones de los anuncios publicitarios.

Egedy recontextualiza, así, la música de baile comercial, y lo hace dándole una inesperada estética de baja fidelidad. Le saca todo el provecho posible a una colección de clásicos de club adquirida en saldos de segunda mano para crear un calidoscopio cambiante a partir de esas piezas sonoras, un surtido colorista de sintetizadores y samples que se confunden entre el fulgor de la nostalgia y la reevaluación retrospectiva.

La ética hazlo-tú-mismo de Pictureplane es inmensamente atractiva, y aún así debemos detectar algunos problemas en “Thee Physical”. Por ejemplo, no me acaba de convencer el uso de las líneas vocales adicionales que continuamente está añadiendo Egedy, en especial si lo compramos con los samples soulful que, con muchísima habilidad, va intercalando a lo largo de todo el álbum. Su tono de voz se hace irritante e insípido, está cargado de todos esos susurros intensos que incluso rechazaría una boy-band cualquiera. Me lo imagino vestido de blanco en el taburete de un bar, cantando con mucho sentimiento a una cámara de televisión con una coreografía por detrás, antes de levantarse, caminar hacia adelante con la mano en el corazón y empezar el estribillo. No estoy segura de hasta qué punto esto va en serio o es parodia (en cualquier caso, está a un paso de ir demasiado lejos en el camino del post-pop, al menos para mí). Además, el disco se hace pesado por momentos, a pesar de que apenas pasa de los 45 minutos de duración.

Pictureplane ha dicho que siempre intenta promover “relaciones psíquicas interconectadas” para obtener como objetivo “un progreso de nuestras mentes, cuerpos y espíritus hacia una nueva y mejor conciencia vibratoria”. Dicho esto, a mí “Thee Physical” me transporta a uno de los pocos lugares en los que puedo digerir ese sentimiento: las horas finales de un festival de música al aire libre. Empieza a amanecer, hace tiempo ya que han cerrado los escenarios y estás en el campo viendo como los últimos ravers improvisan bailes alrededor de la furgoneta de las hamburguesas. Mientras te puede la nostalgia por las últimas 72 horas pasadas, abandonas la ironía por un momento y te unes a ellos.

Jessica Jordan-Wrench

“Real Is A Feeling”

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