Theatre Is Evil Theatre Is Evil

Álbumes

Amanda Palmer & The Grand Theft Orchestra Amanda Palmer & The Grand Theft OrchestraTheatre Is Evil

7.8 / 10

El mayor triunfo del crowdfunding hasta la fecha ha quedado materializado en este “Theatre Is Evil”. Después de amasar la altruista y nada desdeñable donación de 1,2 millones de dólares ( polémica mediante, tras intentar que sus fans tocaran gratis en los conciertos, aunque ahora parece que al final sí va a premiar con limosnas a sus músicos invitados), Amanda Palmer se ha alzado como la sobaca mora más querida de la era de internet. Lo entendemos perfectamente. Desde que revalorizará el cabaret punk liderando The Dresden Dolls, la neoyorquina ha engrandecido su personaje y nos ha obsequiado con performances demoledoras que han ido más allá de la coartada arty. Hecha a sí misma a base de palos y provocación, Palmer ha llegado a un punto en el que lo único que pretende es diversificar su legión de fans. Con este disco su sueño puede hacerse realidad. Desde el primer momento en el que suena esa aplastante “Smile (Picture Or It Didn’t Happen)”, que juega a ser una versión melodramática de My Bloody Valentine, la artista nos deja claro que los encasillamientos no van con ella. Es de las pocas que puede manejar la paleta a su antojo sin necesidad de renunciar a lo que siempre ha sido: una mujer todoterreno cuya personalidad está por encima de modas o etiquetas.

Si bien sus tortuosas composiciones a solas con el piano se mantienen (por ejemplo en “The Bed Song” o la sobresalientemente recargada “Trout Heart Replica”), dando voz a una réplica desquiciada y ‘loca del coño’ de Regina Spektor o Tori Amos, el álbum tiene la capacidad de ser un entretenimiento total, sentido y sobrado de corazón, en el que la artista juega a ser PJ Harvey ( “The Killing Type”), Gary Numan ( “Lost”) o una Marina Diamandis con el rimmel corrido y presa de un vistoso corsé ( “Want It Back”). Los desdobles de personalidad irónicos (ahí está “Do It With A Rockstar”), por tanto, son uno de sus puentes fuertes. Como un huracán sonoro, la estadounidense, junto a su engrasada Grand Theft Orchestra, nos arrastra hasta el mejor espectáculo que podría verse en el off-Broadway, una versión más visceral y mejorada de aquel “Who Killed Amanda Palmer” con el nuestra heroína de los bajos fondos debutó hace cuatro años. Polémicas peseteras y fenicias aparte, que no quepa duda de que lo que aquí prevalecen son las buenas canciones.

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