The Weight?s On The Wheels The Weight?s On The Wheels

Álbumes

The Russian Futurists The Russian FuturistsThe Weight?s On The Wheels

7.5 / 10

The Russian Futurists The Weight’s On The Wheels UPPER CLASS RECORDINGS

Escuchar el nuevo disco de The Russian Futurists es como reencontrarte con un viejo amigo al que hace tiempo que no ves. Primero os saludáis medio eufóricos, medio cautos, sin saber cómo controlar la potencia del abrazo. Poco a poco se empieza a notar lo que el otro ha cambiado. Una diferencia geométrica en el corte de pelo o una modulación levemente distinta al dialogar lo delatan. Extrañadas aún las caras, comenzáis a poneros al corriente de vuestras vidas. ¿Qué habrá sido de la de Matthew Adam Hart?, se preguntarán algunos. Pues, de entrada, algo más provechoso de lo que nos temíamos quienes vimos en su recopilación de 2006 “Me, Myself and Rye” un definitivo adiós. Para nada. Aquello sólo fue un pequeño hasta luego y hoy, casi cinco años después, Hart vuelve dispuesto a dejar claro que sigue siendo el mismo de siempre. Un esteta solitario a quien se ha comparado –quizá demasiado– con Stephin Merritt, con quien no hay que negar que comparte no sólo la base de su estilo sino una cara eterna de tristón, de tener pocos amigos y malas pulgas. Seguro que los dos deben sentirse terriblemente solos por ello. Pero de ahí nace su arte, señores. Para saber si podemos contentar a Hart de nuevo, este disco, editado cuando nadie ya lo esperaba, es su gran apuesta. Quiero decir: si conseguimos hacerle saber que seguimos aquí para escucharle, se sabrá menos desamparado.

El caso es que, justo ahora que no tienes tiempo para casi nada, te cuesta decidir si es el momento de que sus The Russian Futurists vuelvan a presentarse así, sin avisar. Caso paradigmático que, otrora rara avis del pop con cacharritos que despuntaba allá por 2004, ahora vamos a poder ubicar sin esfuerzo en el primer hueco que encontremos, con toda la pompa por delante que hoy luce eso de “bedroom producer”. Según las nuevas normas del juego, le tendrían que salir amistades por todas partes. Él está por la labor y va a encontrar amigos no sólo en el oyente sino, lo decisivo a la hora de ubicar este álbum, en otros artistas. Por ejemplo, es inevitable no pensar en lo bien que se va llevaría con los suecos The Tough Alliance al escuchar “Golden Years”, o directamente con toda la escudería Sincerely Yours. Acostumbrado por igual a inclementes climas, en el cuarto disco del canadiense hay varias canciones que dan calor. Hart, como coraza para esconder las vergüenzas del reencuentro, tira por lo más apañao: seguir haciendo más o menos lo de siempre, ese pop híper-sintético y rígido en sus formas sin mucha vuelta de hoja. Hay recursos nuevos, como el barniz hi-fi que ahora utiliza en la producción; y, ojo, que lo de alta fidelidad puede tener todo el doble sentido que quieran.

Fraternidades aparte, era de recibo que nuestro hombre en Ontario volviera con repertorio flamante. En un año tan synth, cabía esperar un electropop igual de efervescente, bien vitaminado y eufórico al que nos regala. Vendría a cumplir las veces de lo que en los ochenta fueron Silicon Teens, vaya. “The Weight’s On The Wheels” empalaga tanto como sus dulces anteriores. Mas, ay, ¿quién dijo que eso fuera malo? “Si había algo que reparar…”, lo dice en la apertura de “Hoeing Weeds Sowing Seeds”, se arregla desde el principio. Es éste el disco de Hart menos opaco, quizá el más ecléctico y seguro que el más impermeable. Aquél en que se abre a soluciones distintas, aunque estas sean las mínimamente necesarias para tomar un poco de aire. En “100 Shopping Days ‘Til Christmas”, uno de los mejores botones de muestra, aflora su obsesión eterna con el hip hop –dice que tiene miles de canciones compuestas en su adolescencia que nunca publicará, ¡auch!–, y en la muy Magnetic Fields “One Night, One Kiss” se marca un fabuloso dueto junto a Ruth Minnikin de Heavy Blinkers. Lo demás ya se lo deben suponer: resbaladizos mini-hits no indicados para luxados de hombro ( “Tripping Horses”) y algún que otro cobarde atajo que hubiera podido mejorar ( “Plates”). En definitiva, que el chavalote sigue igual. ¿No dicen que los viejos amigos no suelen cambiar? Pues mira. Ni siquiera en el futuro.

Cristian RodríguezThe Russian Futurists - Horseshoe Fortune

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