The Ways We Separate The Ways We Separate

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Beacon BeaconThe Ways We Separate

8 / 10

La labor en los últimos años de un sello asociado a la electrónica como Ghostly International de atraer grupos filo-indies es encomiable. Ha habido de todo, desde el retrofuturismo de Com Truise a los sonidos industriales de Kill Memory Crash pasando por el pop en el sentido más amplio de Choir Of Young Believers: el roster de la discográfica es amplio y envidiable. Por supuesto, en estos tiempos en los que la electrónica de seda y el R&B están de moda tarde o temprano tenía que llegar desde la casa de Sam Valenti IV y Matthew Dear un grupo de esta índole. Se trata de Beacon, dúo brooklynita formado por Thomas Mullarney III y Jacob Gossett, que se conocieron en el Pratt Institute de Brooklyn donde estudiaban escultura y pintura, respectivamente. Como las buenas parejas, estos neoyorquinos se complementan a la perfección buscando un equilibrio entre las melodías R&B y la oscuridad que reside en la superficie de los primeros lanzamientos de Warp. En 2012 se estrenaron en la plataforma de Ann Arbor con un EP de cuatro canciones, “No Body”, que basculaba entre sensaciones tan aparentemente contradictorias como lo seductor y lo siniestro. Tanto este trabajo, como su continuación, “For Now”, apostaban por una instrumentación minimalista, cercana en espíritu a The xx, en los que siempre suena lo justo.

Ahora llega el álbum de debut, “The Ways We Separate”, cuyo título dice mucho de por dónde van los tiros. Aquí vuelven a navegar por el lado oscuro del amor, pero se centran en la idea de la separación, tanto en el contexto de las relaciones como en un sentido más íntimo y psicológico. Según explica Gossett, la producción de este disco es más expansiva que cualquier otra cosa que hayan hecho antes. Y exploran y experimentan con nuevos equipos, aunque los ejes centrales son los sintetizadores analógicos, las guitarras procesadas y, por supuesto, las capas de voz de Thomas Mullarney III. Las canciones de este LP son tan húmedas como una cama en la que se acaba de practicar sudoroso sexo. Y existe la suficiente distancia entre ellas como para que no se haga repetitivo. Por ejemplo, entre “Late November” y “Split In Two” hay un mundo. La primera es de instrumentación esquelética, sostenida casi por completo por un teclado profundo y melancólico y unos susurros que se oyen en la distancia, con mucha atmósfera, como si hubiese estado sacada de un lanzamiento de Tri Angle. La segunda, en cambio, responde a ese cambio que hacían mención. En ella se muestra el crecimiento que ha experimentado Beacon como banda. De hecho, no en vano es la pieza más larga de este trabajo. Se trata de una canción de irresistible sensualidad, que no queda empañada ni por ese bajo zumbón, que crece y crece hasta llegar a un clímax de los que marcan época. Tiene un rollo post-dubstep que le acerca a terrenos James Blake, pero la voz de Mullarney es mucho más delicada, femenina si se quiere, más en consonancia con los postulados sonoros del R&B.

Hay también aquí números 4x4 como “Bring You Back”, que aunque ligeramente bailables, invitan más a los movimientos horizontales de cama. Es aquí donde más recuerdan a los The xx más animaditos, algo así como la respuesta a “Chained” desde el otro lado del charco. Pero también se permiten arrebatos clubbers como en el minuto final de “Feeling’s Gone”. Por su parte, “Headlights” se encuentra en algún punto extraño entre el witch-house y el R&B, con ese punto de oscuridad justo para hacer el track de lo más irresistible. Pasados tres minutos se transforma en “Anthem”, una pieza de estricta electrónica en la que los espacios tienen mucho que decir y en la que se hace más traicioneramente seductora que nunca la aterciopelada voz de Mullarney. “Between The Waves” y “Drive” tienen ese aroma añejo del que dicen haberse influenciado, pero a la vez suenan rematadamente actuales. Como si Underworld empezasen a hacer ahora música. Hasta en los ritmos rotos de “Overseer” el dúo consigue cautivarnos, no en vano estamos ante uno de esos nuevos grupos a los que merece la pena seguir la pista muy atentamente. Su crecimiento respecto a los EPs es alucinante teniendo en cuenta el poco tiempo que ha transcurrido entre lanzamientos y la variedad de sus piezas, pese a que éstas tienen todas un nexo entre sí (la sutileza de las mejores producciones R&B), hace que se les pueda ver como mucho más que unos buenos imitadores de The xx.

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