The Way Things Fall The Way Things Fall

Álbumes

Adult AdultThe Way Things Fall

6.5 / 10

Una de las cosas que trajo el cambio de siglo, hace ya 13 años, fue el electroclash, ese género absolutamente macarra, hedonista y sin vocación de seriedad que encumbró a Miss Kittin (con The Hacker), Fischerspooner, Peaches y sí, también Adult,, que tenían una de las propuestas más sólidas entre mucha de la paja del momento -principalmente, por su relación con el electro de Detroit de Dopplereffekt y Drexciya, artistas que se inspiraban, no tanto en los 80 más frívolos, sino en la cara siniestra de la idea de futuro-. Eran otros tiempos, sin crisis en el horizonte, donde bailar con gafas de sol incluso de noche era el súmmum de la modernidad (que se lo pregunten a Tiga) y para vestirse de dominatrix o enfermera no había que esperar a carnaval. También, para qué engañarnos, éramos más jóvenes. Muchos de los grupos que entonces triunfaban han caído en el olvido (que levante la mano quien recuerde a Alma-X) o se han tenido que reinventar, y cuando nadie esperaba nada del género, parece que empieza a vivir un segundo renacer. El regreso de Miss Kittin (por mucho segundo disco ambient que le meta a su nuevo álbum), la anunciada vuelta (sin fecha cerrada) de Fischerspooner, Peaches colaborando con Major Lazer y ahora, por sorpresa, disco nuevo de Adult., que hacía años que no daban señales de vida.

“The Way Things Fall” no defraudará a quienes se aficionaron a ese synth-pop sincopado que se miraba en los 80 y que se dio en llamar electroclash: las canciones de este álbum bien podrían haberse publicado en 2003, fecha en que salió aquel flamante “Anxiety Always” que los puso en un lugar de honor dentro de la escena electroclash con hits como "Hand To Phone". Incluso siguen fieles a esa iconografía tan distópica del uniforme y los rostros velados que en los tiempos que corren cobra un nuevo significado. “A Day Like Forever”, “Heartbreak” o “Nothing Lasts” tienen la inequívoca huella de esos sintes influenciados por New Order (muy patentes sobre todo en esta última) y Kraftwerk ( “We Will Rest”), de los ritmos repetitivos, de la voz aparentemente desapasionada, y por supuesto no podía faltar ese toque del techno de Detroit que sin duda mamaron en su ciudad natal, y con el que el dúo se reconcilia con los sonidos analógicos más retro tras intentar un giro rock en su álbum anterior (y que, sinceramente, no les salió del todo bien). Puede que hayan pasado seis años y no están en su momento de mayor esplendor porque el signo de los tiempos no acompaña, pero tampoco hay motivos para relegarlos al olvido: Adam Lee Miller y Nicola Kuperus aún tienen cosas que decir a estas alturas del siglo.

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