The Traveller The Traveller

Álbumes

Shed ShedThe Traveller

8.1 / 10

Shed  The Traveller OSTGUT TON

René Pawlowitz ocupa un espacio único y singular en el techno moderno. Con sus producciones bajo el alias de Shed ha mostrado un profundísimo respeto por el pasado sin por ello tener que aferrarse a lo excesivamente nostálgico o derivativo. En “The Traveller” prosigue con lo que ya comenzó en su disco de 2008, “Shedding The Past”, aislando y deconstruyendo elementos de techno antiguo para volver a ensamblarlos en arreglos de una inmensa profundidad, tersos y con apariencia de futuro. Esta vez, el centro de atención de Shed se localiza en los ritmos rotos oscilantes y la euforia proto-rave del techno británico de principios de los 90, pero a pesar de esta mirada retrospectiva, los catorce temas del álbum acaban sonando, sin ningún género de dudas, a algo muy actual.

Como su predecesor, “The Traveller” se presenta como una declaración de principios, concebido más para la meditación que para el baile. Y, como el título sugiere, es un viaje solitario y solemne. La mayoría de las canciones se toman una media aproximada de 30 segundos para comenzar a desarrollar ambientes exentos de ritmo antes de que se termine por imponer una estructura fija. “The Bot” suena leve nada más empezar gracias a esos tonos de sintetizador de muy variadas formas, suspendidos en el aire, fantasmagóricos: es una reacción narcótica que parece imitar un patrón de respiración lenta hasta que todo el tema acaba siendo dominado por una secuencia de bajos rompehuesos que golpean a medio gas.

Como le corresponde a cualquier empleado de la venerable tienda de discos Hardwax de Berlín, Pawlowitz sabe de electrónica. Ya sea produciendo como Shed, EQD, Wax o The Panamax Project, siempre deja caer referencias sutiles a prácticamente todos los avances por los que ha pasado el techno, del minimalismo alemán de mediados de los 90 a la actual fusión con el dubstep inglés. Incluso siendo tan prolífico como es, su producción vive de la limitación y la reducción. La pieza “Final Experiment” ilustra esta eficiencia suya: las frecuencias agudas, graves y medias rinden al máximo con sólo cuatro fuentes de sonido. Y a menudo son los ecos, el ruido blanco y demás detritus de material sonoro los que se transforma en elementos rítmicos, como en las difusas capas de ruido y silencio de “My R-Class”.Las abundantes prolongaciones de las fases atmosféricas del álbum no ocultan tampoco el hecho de que Shed es, por encima de cualquier otra consideración, un constructor de ritmos. La programación de los bombos en “Atmo-Action”, que parece curvar la sensación de tiempo, golpea con la potencia físico de un ataque pensado para la pista de baile a la vez que ocupa una simple fracción del espacio. Las interrupciones irregulares de “Keep Time” consiguen que, cuando aparece finalmente el ritmo, éste florezca de una manera más viva (y tan sólo con el entrechocar de ocho notas). En los escasos tracks en los que emplea un bombo 4x4, como en la mareante “Hdrtm”, los platillos –crujientes y finos– resultan ser tan fieros como cuando desaparece la percusión.

“The Traveller” es breve a la vez que vasto, con idénticos tramos de calma serena e intensidad concentrada. Pocos de los temas van a servir para clubes ruidosos. El único que sí podría, “Hello Bleep”, lo es gracias a su mezcla narcótica de coros angelicales, percusiones trituradas y bajos palpitantes: merecería durar más. El álbum entero, de hecho, merece ser más largo. Pero no: Shed nos está indicando que exagerar las cosas más de lo necesario es algo que no va con él.

Patrick Burns

Shed - No Way! Shed - Leave Things

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