The Transitory State The Transitory State

Álbumes

Stefan Goldmann Stefan GoldmannThe Transitory State

7.5 / 10

Stefan Goldmann The Transitory StateMACRO

Tal como está el patio dentro del submundo ‘minimal’ –esa escena que comenzó como la renovación formal y generacional del techno y el house europeo de raíz digital y está acabando como una casa de putas, o como mínimo como un aburrimiento supino–, un disco como el de Stefan Goldmann representa una idea que últimamente ya no se lleva mucho, por mor del acomodamiento del personal: ambición. El alemán, al que antes de este tour de force le habíamos escuchado por lo modesto en sellos como Innervisions, con algún que otro maxi desperdigado, ha estado un tiempo más que considerable arremangándose los puños de la camisa, escupiéndose en las palmas de las manos y picando piedra. “The transitory state”, si de algo no carece, es de ganas de marcar distancias con su entorno: es un doble CD, uno –el que le da título global al pack– orientado hacia el house, y otro – “Voices of the dead”– inspirado en la música electroacústica y las grabaciones de efectos de sonido para radio de los años cincuenta. Una cosa no encaja apenas con la otra, pero la confluencia le da ese sentido ambicioso que mencionábamos a la opera prima de Goldmann. Hasta aquí bien.

La cosa pierde interés en las distancias cortas. Visto desde lejos, “The transitory state” se presenta como un disco que abrirá camino o marcará época, según el entusiasmo del vecino. De cerca, es el trabajo de alguien esforzado, con buenos oídos y buenos dedos, pero sin el toque diferencial –esa cuota de talento que o se tiene o no se tiene, y la tienen muy pocos– que permite grabar obras con empaque. “Voices of the dead” es un disco documentado, se nota que Goldmann ha estado empapándose de Delia Derbyshire, de John Baker, de todos estos auteurs de la electroacústica aplicada a los medios de comunicación de masas que han vuelto a resucitar para muchos arqueólogos de la música electrónica. Pero es un disco concebido desde el respeto y la mímesis, lo cual sólo es susceptible de despertar simpatía y un primer interés que se desvanece en cuanto se ha escuchado el disco: ya sabemos lo que hay, ya sabemos cómo suena, ahora a otra cosa, que hay mucha substancia importante flotando por ahí y no hay que entretenerse más de la cuenta.

“The transitory state”, el disco house, es harina de otro costal. Aquí tenemos al Goldmann de sus primeros maxis en Macro y, sobre todo, el Goldmann del “Sleepy hollow” en Innervisions: un house maximalista, barroco, ligeramente tétrico, adornado con voces de iglesia demoníaca, de melodías propias de película de serie B –si por un lado tenemos la electroacústica ignota, aquí resuena en cierto modo la library music, al menos en espíritu–, pero sobre todo con esa idea barroca del house que practica nuestro hombre. Eso significa que, en contra de la repetición, hay dinamismo, cambios de estructura y un enfoque psicodélico en el que siempre ocurren cosas, pero muy por lo bajo, casi a un nivel subliminal. “The transitory state” es un disco para perderse dentro, pero es de esos discos en los que el paseo interior no se sabe si es apacible, provocador o simplemente inane. Uno sale de su minutaje sabiendo que no ha andado por un trabajo convencional, que aquí no se reproducen los clichés de siempre, pero con la duda de si esta densidad medio hueca es realmente la solución de los problemas del tech-house europeo. Quizá incluya pistas, pero en realidad la salida del túnel debe estar por otra parte.

Javier Blánquez

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