The Threshingfloor The Threshingfloor

Álbumes

Wovenhand WovenhandThe Threshingfloor

8.1 / 10

Wovenhand  The Threshingfloor SOUNDS FAMILYRE

A lomos de su caballo negro (negro como la noche y como el alma de todas sus canciones), regresa David Eugene Edwards, el predicador piel roja, con otro epatante álbum ( “The Threshingfloor”) bajo el brazo. Maldiciones y cánticos ante la hoguera ( “Raise Her Hands”, o cómo puede hacerse el indio, en el sentido profundo y literal del término, y erizar hasta el último vello del cuerpo de aquellos que estamos del otro lado), ardientes danzas macabras de hipnóticos cellos (el sexto corte del álbum, “Singing Grass”, es simplemente espectacular) y un lento deambular por el desierto (malherido y sujeto a rudos riffs de guitarras indómitas: “Behind Your Breath” es un tema pura sangre), el séptimo álbum de Woven Hand –ahora Wovenhand, una simple cuestión de grafía– es un paso más (cuellos rotos y espíritus mediante: “Terre Haute”) en la diabólica andadura del cantautor vaquero que cambió la Biblia por la guitarra (y la americana de piel roja). Lo hizo, eso sí, sin arrancarse el rosario del cuello, de ahí que el nombre de la banda haga referencia directa al acto de rezar (literalmente woven hand significa manos unidas en señal de plegaria).

El caso es que, desde que debutara al frente de Woven Hand (banda de un solo tipo, pues Eugene es quien lo toca casi todo en estudio, los directos son otra historia y no hay más remedio que echar mano de viejos conocidos), tras bajarse de 16 Horsepower, David Eugene Edwards, ha abierto, a machetazos decididamente religiosos, una nueva vereda en el gótico sureño (piensen en Drive By Truckers y piensen en cabelleras y casi lo tendrán) y hasta el momento había firmado seis modestas obras maestras (a base de espuelas, serpientes de cascabel y un puñado de polvorientas historias teñidas de un misticismo de carreta arrastrada por caballos viejos) cuyo máximo exponente había sido “Mosaic”, su penúltimo álbum, que llegó a colocarse entre lo mejor del año (y el año era el 2006), un disco que es pura iglesia (gótica, se entiende, o, si se prefiere, maldita). Del último, el muy spaghetti western “Ten Stones”, poco se habló en su momento (2008), quizá creyendo que era imposible superar algo tan redondo y sombrío como “Mosaic”, pero, ¿y si Dave lo hubiera hecho? ¿Y si “The Threshingfloor” fuese todo lo que fue “Mosaic” y mucho más? A juzgar por el galope desbocado de su último corte, la estupenda “Denver City” (el cierre perfecto, el disco, y Eugene, alejándose a lomos de su fiel pura sangre), todo apunta a que lo de Wooven Hand no es sólo el proyecto personal del ex líder de 16 Horsepower sino algo mucho más grande. Es Ennio Morricone jugando a ser Trent Reznor y cambiando el traje de cuero por el banjo, las gafas oscuras por el sombrero vaquero y todo el asfalto del mundo por el cañón del Colorado. Así que démosle las gracias al reverendo Edwards por cada uno de sus disparos. Y en especial, por este último.

Laura Fernández

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The Threshingfloor

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