The Tarnished Gold The Tarnished Gold

Álbumes

Beachwood Sparks Beachwood SparksThe Tarnished Gold

7.1 / 10

Dicen que lo suyo es alt-country caleidoscópico, y lo cierto es que, como parientes más cercanos de The Jayhawks, en una versión más 70s, los de Los Ángeles suenan aún al cruce perfecto entre la parte más amable de The Byrds y la menos psicodélica de Buffalo Springfield. “The Tarnished Gold” es su tercer disco, el primero en diez años (en realidad, el primero en 11, pues se despidieron en 2002 con un EP que no estaba a la altura del magnífico “Once We Were Trees”), la vuelta a la casilla de salida de los tipos que lo dejaron todo en 1997 para montar una banda de retro americana y que, tras dos estupendos primeros discos, volvieron a dejarlo todo para montar cada uno su propia banda (la algo más indie The Tyde entre ellas). Con Thom Monahan (responsable de la producción de “Once We Were Trees”) tras la mesa de mezclas y la intención de entregar su álbum más maduro hasta la fecha (por momentos, melancólicamente perfecto, o la suerte de oscuro vodevil que constituye “Mollusk”, corte que podría pasar por el tema central de un western posmoderno), los de Brent Rademaker y Christopher Gunst se entristecen por momentos ( “Alone Together”) y se meten en la piel del buscador de oro que ha dejado de querer hacerse rico recogiendo estúpidas pepitas (la muy Calexico, pero Calexico en su versión hispana, “No Queremos Oro”), aunque también hay lugar para el rockabilly de manual ( “The Orange Grass Special” suena a clásico, o, cuanto menos, a la canción más redonda del disco y de su trayectoria) y la felicidad permanente (y los coros en plan country-surf de “Sparks Fly Again”).

Incluso cuando muestran su lado más amable y parecen pecar de ingenuos (la Flying Burrito Brothers meets Bishop Allen “Forget The Song”) lo hacen con el objetivo de tantear el pop de raíces (americanas, claro) y poblar el árbol bajo cuya sombra se cobijan, con sombreros de ala ancha, sombreros de granjero, de corazones, melancolía sureña para todos los públicos, que por momentos, hasta recuerda a los reyes del (pop-rock) folk ingenuamente melancólico de los 60s: Simon & Garfunkel ( “Tarnished Gold”). Hablan de historias de amor con final feliz ( “Earl Jean”) y de tipos solitarios que, en realidad, son ellos mismos (y construyen solos de armónica de efecto balsámico en “Talk About Lonesome”). La oda a la Costa Oeste Americana y, en concreto, a su amada California, que siempre será lo que fue para ellos, el sonido que amaron y que reconstruyen, está por todas partes (en especial, en cortes como “Leave That Light On”). En definitiva, la espera ha merecido la pena.

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