The State Vs. Radric Davis The State Vs. Radric Davis

Álbumes

Gucci Mane Gucci ManeThe State Vs. Radric Davis

7.9 / 10

Gucci Mane  The State Vs. Radric Davis ASYLUM RECORDS / WARNER BROS.

Ahora que Lil Wayne ha echado por tierra el crédito ganado con “Tha Carter III” con ese inminente “Rebirth” (2010) que mezcla de forma horrenda, fea y torticera el rap con el rock, el southern rap se agarra a Gucci Mane como un clavo ardiendo. Mientras Weezy pierde el tiempo tocando la guitarra cada cinco minutos, la escena sureña clama por nuevos iconos populares a los que confiar el reinado de un subgénero que no quiere perder coba ni fortaleza en su expansión popular y mediática más allá de sus propias fronteras. Este rapper de Atlanta llevaba meses pidiendo a gritos esta oportunidad, después de una tumultuosa estancia en prisión y después de calentar el mercado con incontables mixtapes –se calculan más de 150 canciones en menos de un año– y con un listado de featurings que nos hizo recordar al Wayne de los viejos tiempos. Mane apareció en un plazo de tiempo de pocos meses en singles de Black Eyed Peas, Mariah Carey, Wale o Mario, todos ellos hits con resonancia comercial que sirvieron de inmejorable carta de presentación para el gran público, que es el target al que se dirige sin ningún pudor ni disimulo este “The State Vs. Radric Davis”, su primera grabación para una multinacional. Con todo lo que ello implica.Si en sus discos independientes y en sus mixtapes este MC se nos había mostrado agresivo, fiero y muy apegado al sonido más lento, pesado y nebuloso de la zona, aquí da un salto estético muy pronunciado que rompe el guión. La presión multinacional manda. Existe un tramo en el ecuador del álbum, formado por “Spotlight”, con Usher, “I Think I’m In Love”, “Bad Bad Bad”, con Keyshia Cole, y “Sex In Crazy Places”, con Bobby Valentino, todas ellas horrendas en su papel de fogonazos mainstream para ganarse el favor de radios y emisoras, que desbaratan cualquier aspiración de excelencia de la grabación. Está claro que son peajes comerciales en formato de singles potenciales limítrofes con una idea de R&B cajún, todos ellos calientabraguetas y efusivamente edulcorados, pero hay maneras y maneras de hacer un single comercial: una cosa es enamorar a una audiencia masiva y otra bien distinta caer en el pastelazo evidente y previsible. Es un pegote que, además, corta una línea lógica y coherente marcada en el inicio del disco y retomada en el tramo final del mismo. Lástima.Y digo que es una lástima porque hasta entonces, y también algunas canciones después de ese intermedio facilón, “The State Vs. Radric Davis” se muestra como uno de los discos que mejor ha entendido en este 2009 el papel del rap mainstream en la actualidad y que más esfuerzos ha hecho por transmitirle algo de credibilidad, entidad y solidez al formato. Todo ello, para más mérito, sin olvidarse de su denominación de origen y de su deber moral de devolverle algo de esplendor creativo a un movimiento, el del southern rap, que parecía haber perdido buena parte de esa excitación creativa que deslumbró al mundo a inicios de esta década. Gucci Mane sale airoso de ambos envites. En primer lugar, en su compleja asignación de nueva estrella popular del género. ¿Es Mane un MC con talento, brillo y habilidades? No diría tanto. Sabemos, lo tenemos claro, que una estrofa de Masta Ace vale por todas las letras que pueda escribir Mane en su vida, no hace falta insistir en ese debate estéril, básicamente porque nuestro protagonista juega en otra liga, la liga del pop, del entretenimiento, de los hypebeasts, de la masa pura y dura. Si estamos buscando al nuevo Jay-Z o al nuevo Ghostface Killah por aquí vamos mal.Pero si analizamos el estado paupérrimo en que se encuentra la esfera mainstream del sur, entonces la valoración cambia. Si me preguntan, diré que Gucci Mane me parece mejor escritor que Plies, Nelly, Soulja Boy, Rick Ross o Young Dro. Tiene más personalidad y carisma, su historia no sólo es real y auténtica sino que además te transmite en todo momento esa verdad, te la crees, y sabe cómo contagiarte con sus historias. Además, y he aquí la sorpresa, tiene golpes escondidos muy interesantes, sobre todo cuando se olvida de escribir para la radio y se centra en una visión más personal y elaborada de sus propias circunstancias. “Heavy”, el gran momento de todo el disco, presenta las mejores rimas de todo el lote: “on a 90 day tour so my niggas really miss me / I couldn’t kick it with them so I took my whole hood with me / And I just got out of jail, ya they tried to Michael Vick me / I gave my lawyer half a mill and told him come and get me / I’m not wit G-Unit but this drum here cost me 50 / This chain another 50 plus a hundred of you snitches”. No se queda corta “Lemonade”, un relato delirante, alucinado y abrumador de una noche cualquiera en el club después de haber consumido sirope de codeína, la droga favorita y más extendida más abajo de los estados de Missouri y Kentucky: “Woke up in the mornin, fuckin bought a yellow Aston Martin / Yellow bricks, yellow dust, yellow light, yellow tusk / yellow piss, spinnin whips, yellow weed / weed up wit us / coward ass niga, yellow stripe, you a yellowback / A-k hit your dog, and u cant bring Old Yeller back / Yep, Gucci bang up eighty-thousand dats a yellow safe / yellow homes, mellow homes, you know u a scary-cat / no sleep for two days, so my peoples lift me up five flights, six shows, quarter-million on my schedule / Bangledesh and Gucci Mane, niggas know they in trouble / green ice, red light, caution Gucci rock yellow”. Es inconstante e irregular, pero cuando saca la inspiración de paseo nuestro hombre se reivindica como buen letrista, como un MC con ideas y cierta pericia para trasladarnos a su propio universo personal y temático.El primer gran mérito de Gucci Mane, pues, es el de introducir una figura con cierto peso específico en el ámbito más comercial del hip hop del siglo XXI. Aporta bastantes momentos de calidad y credibilidad callejera en un contexto de clara sublimación pop, y eso ya merece comentario y atención. Y aquí es cuando enlazamos con su segundo cometido: izar la bandera del dirty south en tiempos de crisis. A pesar de su inconsistencia, de su excesiva duración y de unos veinte minutos de genuflexión mainstream absoluta, el discurso musical de “The State Vs. Radric Davis” nos retrotrae a los tiempos dorados de David Banner, DJ Screw, Bone Crusher, Juvenile o el propio Lil Wayne. Las producciones de Bangladesh, Shawty Redd y Drumma Boy figuran entre lo mejor que ha ofrecido el dirty south en el último lustro, la recuperación consciente de la vertiente más lenta, densa y neumática del subgénero, y contrastan, sobre todo, con los beats más evidentes, accesibles y bailables que imperaban en la actualidad. A “The State Vs. Radric Davis” le falta contenido, profundidad y regularidad para ser una obra maestra y un disco fundamental en la historia, pero le sobra atrevimiento, personalidad, consistencia y verdad para destacar y brillar con luz propia en el competido circuito del rap mainstream. David Broc

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