The Space Between People And Things The Space Between People And Things

Álbumes

Anthony Child Anthony ChildThe Space Between People And Things

7.6 / 10

Durante años, que es como decir casi durante dos décadas, a Anthony Child le hemos conocido como Surgeon: un DJ de techno visceral capaz de estomagar al más resistente, que utiliza sus patrones rítmicos para demoler los cerebros; un hombre que ha unido como nadie las éticas de la música industrial y la de baile con resultados tan criminales como valiosos desde un punto de vista experimental. Pero en su más profundo interior, lo que más le gusta al granadero de Birmingham no es un club atiborrado de cuerpos zombificados ni darle a la matraca, sino el placer malsano de una habitación pequeña, oscura y cerrada, y música envolvente sonando a un volumen insoportable, creando un mantra sagrado y terrorífico. Su grupo favorito de siempre ha sido Coil, ha dedicado horas y horas a sumergirse en su éxtasis primitivo y escatológico. Muchas trazas de esa música industrial esotérica se han ido filtrando en sus discos como Surgeon –sobre todo a medida que iba generando más textura flotante y espacio en sus álbumes más arriesgados, sobre todo en “Force + Form” (1999), pariente lejano del abrumador “Breaking The Frame” de 2011, y mejor disco de aquel año para una señorita tan poco sospechosa de consumir basura como Laurel Halo–, pero aunque los intentos estaban ahí camuflados, muy pocas veces se había decidido Anthony Child a publicar material propio que no estuviera condicionado por el uso de un beat. Hay que remontarse muy atrás en el tiempo, al split limitado en el sello Fat Cat con Jansky Noise, y casi siempre trabajando con otra persona a su lado – “Guitar Treatments”, de 2002, con Andrew Read–, para localizar a un Surgeon lanzado de cabeza al ambient aislacionista y al placer perverso de la música electroacústica.

A veces incluso tan lejos como 1998, el año en el que firmó aquel remix para el “Fear Satan” de Mogwai, primero planchado en vinilo y más tarde recogido en el disco “Kicking a Dead Pig”, y que proscribía el 4x4 para trabajar la música como si fuera un estudio para guitarras afinadas en una tonalidad extraña, como las de Glenn Branca. O sea, que el gusanillo le pica desde muy lejos, y en algún momento tenía que ocurrir que Surgeon dejara de ser Surgeon, se quedara simplemente en Anthony Child y apareciera un disco completo de materia líquida o gaseosa, sin ninguna conexión con el club y sin miedo a jugar en la liga de los grandes talentos experimentales. NNA Tapes, el escurridizo sello de Virginia, Estados Unidos, que tan bien se maneja entre aguas cósmicas, new age, de música concreta y manipulación de fuentes eléctricas escuetas, parecía ser el lugar más idóneo, y aquí va este “The Space Between People And Things” que se divide en dos piezas –una por cara del vinilo; NNA no fabrica CDs– en las que la música fluye sin ataduras y regalándose en ese discurso que proviene de la vanguardia electroacústica europea de los años 60 –Stockhausen y Parmegiani, básicamente– y se infiltra entre los pliegues y laterales del techno a mediados de los años 90 en sellos como Mego. Quizá Mego hubiera sido una buena opción para Surgeon –“The Space Between People And Things” tiene por igual cosas de Oneohtrix Point Never y de KTL, alterna instantes de reposo y amplitud con otros de violencia y tensión–, aunque tampoco es un trabajo exactamente electroacústico, ya que la fuente de partida del sonido son grabaciones de campo –se oyen ladridos de perros, sonidos de la calle, grillos, cosas que caen, trenes que pasan, sobre todo en la segunda parte del álbum– a los que se le van añadiendo drones zumbantes, líneas de sinte discretas o capas de ruido grabado como al azar, y encajado en este tipo de materia fantasmal que fluye con interrupciones inesperadas. La segunda parte describe muy bien el paso del álbum: se extiende como una prolongación de los primeros 20 minutos, donde parece haber una densidad constante, y empieza a trabajar con líneas, distancias y volúmenes, como un estudio de perspectiva en pintura: por momentos la música se vuelve silenciosa para, de repente, crecer en un drone explosivo (prologado por unas olas del mar), volver a caer en el silencio, y acabar con unas notas, que no sabemos si son sintes manipulados o voces tratadas electrónicamente, propias de una obra religiosa de Ligeti. Y así, Surgeon se quita la espina, demuestra que está a la altura de los grandes talentos del off-techno especializados en experimentación extrema, y nos deja con la duda de si seguirá editando pronto material así o tendremos que esperar otros diez años, o más, para verle como se ve él mismo cuando está solo, a oscuras.

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