The Sound of The Smiths The Sound of The Smiths

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The Smiths The SmithsThe Sound of The Smiths

7.8 / 10

The Smiths The Sound of The Smiths RHINO / WARNEREs probable que el aficionado veterano haga un mohín al saber de este nuevo recopilatorio. La obra del cuarteto inglés –un caladero que se antojaba inagotable– ha sido explotada con saña, sin respetar las paradas biológicas y permitiendo a los piratas hacer de su capa un sayo. Desde la disolución del grupo hace veintiún años, han ido apareciendo compilados oficiales con cierta regularidad. Estos contemplaban la variación, combinación y permutación –casi siempre con repeticiones– de un legado artístico de valor incalculable, aunque limitado por el espacio y el tiempo. "The Sound of The Smiths" no escapa a dicha restricción, pero es tan recomendable como "Singles" (1995) o "The World Won't Listen" (1987), cuya suma de contenidos es prácticamente la misma que encontramos aquí. La edición sencilla del álbum –23 temas en un solo CD– coincide en un noventa por ciento con el primero, mientras que la versión "deluxe" incorpora una segunda galleta con repertorio muy similar al del segundo. El neto creativo, 45 canciones sin desperdicio, es sobresaliente, y se perfila como idónea guía de iniciación para neófitos. Entresacar la oferta de esta colección es un ejercicio de subjetividad que satisfará a unos pocos y sublevará a la mayoría, pero nunca está de más destacar el arrebatado romanticismo de "Cemetry Gates" o "There's a Light That Never Goes out", la encubierta oscuridad de "This Charming Man" o " You Just Have Earned It Yet, Baby", la exactitud melódica de "Ask" o "Girlfriend in a Coma", la incendiaria flema británica de "Panic" o "Bigmouth Strikes Again", la desoladora belleza de "Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me"… Hagan juego; elijan su decena de favoritas y comprueben que, sea cual sea el resultado, no hay merma en los sentidos ni pérdida de impacto emocional.Esto es, y sigue siendo, material de primera. Otra cosa es que muchos se lo sepan al dedillo y hubieran preferido un lanzamiento con el que dar lustre a su estantería de coleccionista, pero aquellos que empezaron la casa por el tejado – Gene, Echobelly, Suede, Geneva– y no se molestaron en profundizar, tienen una buena oportunidad para enmendarse. Los que hayan conocido al Morrissey cano y fondón de los festivales de verano y todavía no sepan de su pasado, ya tardan en hacerse con él. César Luquero

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