The Something Rain The Something Rain

Álbumes

Tindersticks TindersticksThe Something Rain

7 / 10

La historia de Tindersticks es la de un agridulce desengaño, el de un grupo que pudo reinar en la cumbre de la escena independiente con espíritu arty y que al final estuvo a punto de desvanecerse. Tras tres excelentes primeras obras –dos homónimas, de 1993 y 1995, y “Curtains” (1997)–, el grupo cayó en un precipicio creativo. Su intento por agarrarse al soul – “Simple Pleasure” (1999) y “Can Our Love” (2001)– no cuajó y la formación terminó disolviéndose sin hacer mucho ruido en 2003. “ Fue un periodo muy doloroso”, explica la banda británica. “ Pero aquellas decisiones tan duras fueran las correctas. Nuestra música ha mutado ahora en algo diferente”. En efecto, el regreso del grupo con “The Hungry Saw” (2008), y especialmente con “Falling Down A Mountain” (2010), mostraba nuevos bríos, un espíritu revitalizador.

Con “The Something Rain”, los hombres capitaneados por Stuart A. Staples (voz y guitarra, en este caso también productor) demuestran que la cosa va en serio. Por el camino se han dejado a la mitad del grupo –sobreviven de la quema David Boulter (teclados y percusión) y Neil Fraser (guitarra eléctrica), y se suman a la aventura Terry Edwards (trompeta) y Andy Nice (chelo)–, pero este último trabajo les permite crecer, con un ojo puesto en las cualidades que les hicieron grandes: ese pop orquestal intenso y ensoñador de letras y atmósferas negrísimas, arropado por la gigantesca voz de su líder. Además, la inclusión de nuevos miembros abre posibilidades antes inexploradas, como los juegos de voces hombre-mujer (Gina Foster) en “ This Fire Of Autumn”.

La gran sorpresa del disco está en el primer corte, “ Chocolate”: un ejercicio de spoken word de casi 10 minutos pensado como secuela de “ My Sister” (1995), en el que la voz de Boulter (en una faceta que quizá debería prodigar más) pelea con ritmos repetitivos de guitarra y teclado, y deshoja una historia de (des)encuentros amorosos con final sorprendente, que refleja el peculiar sentido del humor del grupo, sombrío, absurdo e irónico. La intensidad con explosiones instrumentales de “ Show Me Everything” y el jazz alucinógeno arrullado por los lamentos desesperados de Staples en “ Medicine” y “ Frozen” dibujan los puntos álgidos del álbum, que concluye con una pieza instrumental muy sugerente (“ Goodbye Joe”).

Tindersticks recuerda en algunas partes de este disco, el noveno, a su mejor época. Esta música barroca con estampas poéticas, un pelín chungas, no es apta para cualquier paladar (ni situación), pero puede convertirse en una compañía necesaria, casi medicinal, para muchos. También es cierto que la publicación el 26 de abril de 2011 de “Claire Denis Filmes Scores 1996-2009”, un concienzudo compendio de las grabaciones que los de Nottingham han hecho para las películas de la realizadora parisina, evidencia una de las cosas que siempre se han achacado al grupo: su música es inevitablemente cinemática; su propuesta sólo adquiere completo significado cuando se acompaña de imágenes. En ese sentido, aquí tenemos nueve canciones ideales para escuchar mientras vemos “Twin Peaks”, la filmografía de Jim Jarmusch o la de Wong Kar-wai.

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