The Sleeper The Sleeper

Álbumes

The Leisure Society The Leisure SocietyThe Sleeper

7.4 / 10

The Leisure Society  The Sleeper FULL TIME HOBBY / PIAS SPAIN

Pese a que la portada del disco muestra un personaje a punto de saltar desde un trampolín recortado contra un magnánimo cielo estrellado, la primera escucha de “The Sleeper” trae a la cabeza la imagen de un árbol. Ancestral, con un tronco poderoso, ramas algo retorcidas, con una copa frondosa… y, vale, también recortado contra un magnánimo cielo estrellado. Aquí os pido un esfuerzo de memoria: recordad cuando el profe de natus dibujaba en la pizarra un árbol (si parecía un árbol o una señal de “peligro, que por aquí pasan ciervos” eso ya dependía de la pericia representativa del maestro en cuestión). Un puntero iba marcando las diferentes partes mientras una voz las recitaba monótonamente: raíz, tronco, ramas y hojas. “The Sleeper” no sólo hace pensar en un árbol, sino que ha de escucharse con este esquema siempre en mente.

La raíz, como debe ser, es la propia historia de la banda. Y lo cierto es que las raíces de The Leisure Society son algo intrincadas, como las de un árbol que cayó enfermo al poco de nacer pero que, finalmente, consiguió sobrevivir. La primera formación de la banda data de los primeros 90, cuando en esta Sociedad del Tiempo Libre militaban Nick Hemming (líder indiscutible), Richard Eaton y, ¡sorpresa!, el actor Paddy Considine ( The Bourne Ultimatum, 24 Hours Party People) y el director Shane Meadows (que hace un par de temporadas tuvo su ración de celebridad con This Is England). Y aquí llegó la primera enfermedad en forma de plaga de egos (aunque parece que fue de buen rollo): Considine y Meadows no podían o querían dedicarse al proyecto musical porque estaban apostando todas sus fichas en otras casillas no musicales. No tardaron en abandonar la banda... Flash forward: años después, Hemming acaba compartiendo piso con Christian Hardy. Empiezan a escribir canciones juntos, conocen a otros músicos... y ya está: el médico firma un certificado de “enfermedad superada” y The Leisure Society se lanzan a devorar Petit-suisses para crecer rápido y fuertes.

El atracón de Danoninos o como se llamen ahora surtió efecto en forma de un tronco poderoso con unas palabras grabadas en la corteza con rúbrica pastoral: Willkommen Collective. En toda historia rural tiene que haber un colectivo, una cooperativa o cualquier otro tipo de asociacionismo que suene a hippy, así que The Leisure Society no iban a ser menos: emparejaron su crecimiento al de esta comuna con un gusto marcado por las derivas folkies, las barbas, las camisas de cuadros y las formaciones de más de cinco personas (actualmente, La Sociedad del Tiempo Libre consta de siete miembros). Aprovechándose del “hoy por ti, mañana por mí” de la agrupación, Hemming y compañía no tardaron en ver cómo las ramas empezaban a crecer buscando el cielo estrellado.

Y aquí, al llegar a las ramas, es cuando volvemos a sacar el puntero. Porque “rama” suena a “género” y, en el caso de The Leisure Society, cada rama apunta hacia lugares diferentes pero siempre cercanos. La primera comparación les cae como una colleja en la frente: la prensa británica tardó bien poco en esgrimir la semejanza con las atmósferas bucólico-pastorales de Fleet Foxes. Por suerte, un parecido como este –que es capaz de enterrar al recién nacido más robusto–, se ve matizado por la existencia de otras ramas tanto o más interesantes: hay aquí mucho del folk britannia menos radical, de los Fairport Convention más melódicos o de un Nick Drake vestido con un ampuloso ropaje instrumental. También hay folk-pop muy en sintonía a la Village Green Preservation Society de The Kinks. Pero, tal y como afirma la misma banda, sus referentes también apuntan en direcciones recalcitrantemente poperas muy en deuda con The Beatles y Teenage Fanclub. Si hay que volver a la actualidad, es inevitable advertir esa ramilla jovenzuela que mira hacia unos Arcade Fire que todavía no se han pegado un atracón de esas pastillitas en las que pone “épica a mansalva” o hacia los ademanes de dandy británico de The Divine Comedy. Con semejantes ramas, es inevitable salivar al pensar en cuando verdeen las hojas.

Y las hojas, como ya habréis intuido, son las canciones. En conjunto, forman una copa musical con una forma sublime que a veces te hace olvidar que hay un fondo complejo en el que conviven múltiples instrumentos: ukelele, mandolina, banjo, guitarra, teclados, cuerda, flauta, glockenspiel, piano... No me preguntéis qué tipo de árbol es “The Sleeper”, porque no sabré responder si es un frutal o en primavera le crecen flores, si es de hoja perenne o caduca. Sólo puedo decir que es una especie de árbol místico en el que cada hoja es de una forma y color diferente, que a veces da flores y a veces da fruta... pero siempre es agradable a todos los sentidos. Destacan flores como el lirio de ese vals folk que es “ The Last Of The Melting Snow” o la rosa tímida que se abre poco a poco en “ The Sleeper”. También hay frutas carnosas como “ We Were Wasted”, un melocotón húmedo con duro corazón en forma de guitarra à la Leonard Cohen; o dulces madroños que se te suben a la cabeza con las embriagadoras líneas de violín de “ A Short Weekend Begins With Longing”. Hay hojas que miran hacia el suelo con la caída de un sauce llorón, como ocurre en “ Come To Your Senses” (la más Beatles del lote); y millones de agujas de pino que se mecen a merced de un viento mágico en “ A Matter Of Time”, a veces en un baile apacible y otras en una danza alocada que huele a lluvia de verano.

Al llegar a “ Love's Enormous Wings”, la balada optimista que cierra “The Sleeper”, casi puedes escuchar una sirena colegial que indica la salida al patio. Pero ya nos conocemos: mientras el resto salían atropelladamente a comerse el bocata de mortadela, nosotros nos quedábamos pensando y repensando en la maravilla de ese árbol representado en la pizarra. Algo natural, sin alardes, sin fuegos de artificio ni nada espectacular que deba llamar la atención. Sin embargo, ahí seguíamos, fascinados. Y queríamos que llegara la siguiente clase de natus para volver a disfrutar con el esquema y las raíces y el tronco y las ramas y las hojas. Por cierto, que hace rato que he dejado de hablar de recuerdos colegiales inventados e intento explicar la magia cotidiana que se desprende al escuchar “The Sleeper”.

Raül De Tena

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar